Herencia político militar

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Por Carlos McCoy

No siempre, las habilidades de los progenitores son heredadas por sus hijos.

Con mucha frecuencia se da el caso de que extraordinarios deportistas, artistas o profesionales en cualquier rama, han tenido descendencia que le han querido seguir los pasos y estos han terminado siendo tremendos fracasos.

Los padres han insistido en guiarlos con sus respectivas experiencias, por los caminos que ya ellos recorrieron, pero como dice la sabiduría popular “Donde Dios no puso, no puede haber”

En el lado opuesto, están aquellos que no solamente han heredado las destrezas de sus padres, sino que los han sobrepasado.

Podríamos citar cientos de ejemplos en ambas situaciones.

Donde esta herencia, aunque no de destrezas, pero sí de poder, se puede traspasar de padres a hijos sin mayores problemas, es en la política y en el militarismo.  Para hacer esto hay una herramienta infalible.

La Real Academia de la Lengua describe el nepotismo, como una desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos.

Cuando un ciudadano cualquiera llega al poder, ya sea este político o militar, casi de manera instantánea comienza el progreso, no necesariamente la capacidad, de todos sus familiares. Principalmente los del entorno cercano.

Un oficial superior engancha a sus hijos a las Fuerzas Armadas o a la Policía Nacional y en poco tiempo este muchacho llega a los altos rangos de la milicia o de la policía, pasándoles por encima a los que tienen años en las fuerzas militares y policiales.

Muchos de estos rezagados, son militares de carrera, pues entraron a la academia como cadetes, después de terminar el bachillerato.

Hay otros generales y coroneles, algunos retirados, que son menos ambiciosos, más modestos, o ya sus vástagos han decidido sus vidas en otros menesteres y se conforman con engancharlos como rasos, cabos o sargentos  y auto asignárselo como parte de su seguridad.

Evitando con esto que tengan que hacer servicios en el cuerpo armado o policial de que se trate y seguir su rutina sin contratiempos, pero cobrando un dinerito extra que nunca cae mal.

En el tren gubernamental, es mucho más abierto el abanico de oportunidades para lograr ese ascenso económico y social de la noche a la mañana.

Ministros que se ayudan mutuamente, tú me pones este aquí y yo te pongo aquel allí y así nadie puede decir nada.  No estamos violando ninguna ley.

Otros tienen menos empacho y no les importa poner en posiciones de mando a sus familiares, sin importar lo cercano que estos sean.

Crean, a nombre de testaferros, empresas al vapor y las inscriben como suplidoras del Estado y comienzan a asignarle las compras y servicios del ministerio de que se trate.

Otra modalidad es, conseguirle becas a su prole en el extranjero y gestionarles un nombramiento como diplomáticos u oficiales consulares en la embajada o consulado del país donde estudia.

En un país político y politizado, como la República Dominicana, la gente se acostumbró a escuchar por años, los apellidos de los millonarios, que siempre eran los mismos.

Pero ya se está resistiendo a que sean las esposas y los juniors de los funcionarios y de los altos dirigentes de los partidos en el poder, los que estén heredando, no solo los puestos en el tren gubernamental, sino también en el congreso y en los ayuntamientos.

Ya es rutinario que si un Legislador muere, renuncia o sale del Congreso por cualquier motivo, la esposa o uno de sus hijos accede a la posición casi de manera automática.

Un pequeño consejo, no abran tanto el abanico familiar.  Se puede romper y dejar de echar fresco.

Carlos McCoy
carlosmccoyguzman@gmail.com

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