Docente vs ser militar

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Por Mildred Crespo |

El ser docente en el Puerto Rico del siglo 21  es uno de los retos más grandes que un puertorriqueño puede enfrentar. El status de gobierno, las nuevas leyes, las estrategias de enseñanza expuestas por el gobierno y personas que están a kilómetros de la realidad educativa del país, hacen que lo docentes de Puerto Rico recurran a otras profesiones como medio de escape y nueva oportunidad de supervivencia laborar. Siendo las fuerzas armadas el refugio más viable a tan triste panorama.

La burocracia gubernamental, la economía en decadencia, la globalización acelerada y los adelantos tecnológicos a flor de piel son factores que impulsan a miles de docentes puertorriqueños como esta servidora a introducirse en una carrera militar. Hace 9 años, graduada  del magisterio comienza mi búsqueda laborar. Luego de 3 años, logro hacer una maternidad dentro del departamento de educación. Pero todo fue temporero, quedando una vez más en el olvido. Al cabo de años siguientes me decido por seguir mis estudios post graduados para tener más oportunidad de encontrar mi tan anhelado empleo dentro del aula escolar, mi pasión.

Todos me alentaban diciendo que ahora con mi maestría, de seguro iba a conseguir mi sueño. Sueño que fue cruelmente tronchado por una persona, que por su mala orientación mi nueva transcripción de crédito con todos mis créditos aprobados al nivel de maestría no había sido actualizados en el sistema de reclutamiento del Departamento de Educación, notificándome en esos instantes que lamentablemente quedaba otro año más fuera del área educativa.  Este suceso marco mi vida de tal manera que hoy día aun sufro las consecuencias de aquel triste día.

Con mi cabeza baja y sintiendo que el mundo se derrumbaba a mis pies salí del edificio gubernamental de Ponce. En esos mismos instantes me dirigí hacia las oficinas de reclutamiento militar más cercana, en el pueblo de Ponce. Allí descargue toda mi desilusión hacia el magisterio y tomé una de las decisiones más importantes de mi vida, decisión que dio un giro total a mi entorno. Meses después me encontraba lejos de mi hogar, sin mi esposo e hijo tomando los más rigurosos, fuertes y agotadores entrenamientos militares, sufriendo el no dominar por completo el idioma inglés. Había entrado en una nueva sobrevivencia. Gracias a Dios llego a la isla luego de 6 largos meses lejos de mi patria. Y allí es donde comienza mi osadía.

Una vez establecida de nuevo en la isla me informan que luego de haber partido a entrenamiento los resultados de mi transcripción de crédito habían sido actualizados satisfactoriamente y me habían llamado para ofrecerme una plaza de maestra, pero que no me había podido contactar, pues seguro, estaba completando mi entrenamiento militar. Un año más perdido.  Una vez firmas con el ejercito de EU ellos son dueños de tu vida por el tiempo estipulado en el contrato.

Como parte del contrato debo servir al país todos los veranos, conflicto que paso ya que los reclutamientos dentro del sistema educativo son para la misma fecha. Acudiendo nuevamente al departamento de educación e informando mi situación ellos no logran ofrecer una solución a mi problemática. Todo lo resuelven con decir: “Si no está aquí para el nombramiento estas fuera, aunque te encuentres en tus órdenes militares”. En ocasiones es como sentirte entre la espada y la pared.

Hace un año logro entrar al sistema de educación en una plaza de maestra de sexto. Mi emoción fue tanta que deje a un lado mis malas experiencias anteriores y retome el reto de la docencia de este país. Jamás pensé que iba a enfrentarme  la más grande prueba. Y les cuento, el primer día de trabajo llego a la escuela asignada, allí profesionalmente acudo a mi supervisora inmediata, o sea, la directora del plantel escolar para presentarme oficialmente como una de las maestras de su escuela. Siempre tomo la decisión de dar mi “background” profesional y entre ellas informo que soy militar. Creo que fue el error más grande de mi vida. Desde ese mismo instante comencé a pagar el gran precio de ser docente vs ser militar.

La directora se indignó de que yo fuese militar. Ese día comenzó una guerra más grande que la Segunda Guerra Mundial. En ese instante me informó que no iba a aprobar ningún día que yo tuviese que ausentarme por licencia militar. Para ese mismo tiempo en mi Unidad Militar me tocaba mi evaluación como sargento. Y la misma se vio afectada ya que tuve que declinar varios entrenamientos militares por las amenazas constantes que me hacia la directora. Me acosaba en repetidas veces. Me acusó con el director regional, reunió al consejo escolar para determinar la cancelación de mi paga por licencia militar. Era un acoso interminable. Todo mis compañeros sabían mi situación aun así sin yo haber hablado con nadie.

Ella faltó a la ética profesional y al confidencialísimo divulgando mi realidad con otros. Era el hazme reír en las reuniones de facultad. Pero el más alto precio que me tocó pagar fue al partir a un entrenamiento compulsorio por 26 días. Desde ese momento ella juró el quitar mi sueldo y que solo sobre su cadáver yo iba a obtener mi licencia militar. Bloqueó mi hoja de jornada, en ese instante fui a recursos humanos del departamento de educación buscando ayuda. Ya estaba sumergida en una depresión, el acoso ya estaba afectando mis nervios, no quería ir a la escuela, temía por mi salud emocional. Mi gran fortaleza eran los 25 rostros alegres que me esperaban día a día en mi salón de clases. Fue una guerra fría, sin escrúpulos por parte de la directora. El ser militar es una alto precio que debemos pagar nosotros los docentes puertorriqueños del siglo 21. Hoy día estoy desempleada y no he podido volver al mí soñada profesión. El ser MAESTRA.

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