Ojalá, no nos pasemos de contentos

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Carlos McCoy.

Henry John Temple (Lord Palmerston) primer ministro del Reino Unido en el siglo XIX acuñó una frase que se ha hecho muy famosa y casi todas las potencias todavía hoy, la utilizan; “Inglaterra no tiene amigos eternos ni enemigos perpetuos.  Nuestros intereses son eternos y perpetuos y nuestra obligación es cuidarlos”

Desde aquella memorable época de la diplomacia de Ping Pong, a principios de la década de los 70 en el siglo pasado, que dio lugar a la visita de Richard Nixon a China continental, primer mandatario de los Estados Unidos de América que visitaba la China Popular desde su creación en el 1949, comenzaron los americanos a tener intereses en China.

Vieron mil millones de seres humanos con todas las necesidades del mundo, ¿traducción? Mano de obra barata y abundante.

En enero del 1979, no lo pensaron dos veces y dándole la razón a Lord Palmerston, o sea, cuidando sus intereses, los Estados Unidos de América rompieron con su aliado Taiwán y establecieron relaciones diplomáticas y comerciales con la República Popular China.

A partir de ese momento, comenzó un éxodo de compañías norteamericanas hacia China continental. Pero, la avaricia le cerró los ojos al capital y no se dieron cuenta que los chinos tienen una proverbial paciencia.

Sin prisa, pero sin pausas, fueron adquiriendo todos los conocimientos necesarios en tecnologías, mercadotecnia, etc. Se fueron educando poco a poco hasta llegar al monstruo que son hoy.

Los Estados Unidos de América fueron tomados por sorpresa.

El déficit comercial de los Estados Unidos con la República Popular China es, en estos momentos, de casi 400,000 millones de dólares y es el país que posee la mayor cantidad de los bonos soberanos emitidos por los Estados Unidos de América.

De ahí esa guerra, no solo comercial sino también diplomática entre los gringos y los chinos.

Esa visita del secretario de estado de los Estados Unidos a la inauguración presidencial del Licenciado Luis Abinader, cae en ese contexto.

Pero siguen cometiendo los mismos errores.  En abril del año pasado, el expresidente Jimmy Carter, quien fue el mandatario que estableció relaciones con China, dio unas declaraciones en la Iglesia Bautista Maranatha en su ciudad natal de Plains, Georgia, sobre una llamada del presidente Donald Trump, publicadas en la revista Newsweek que señala, entre otras cosas. Lo siguiente:

“Desde 1979, ¿sabe cuántas veces China ha estado en guerra con alguien?” Preguntó Carter. “Ninguna. Y nosotros nos hemos mantenido en guerra”. Estados Unidos, señaló, solo ha disfrutado de 16 años de paz en sus 242 años de historia, lo que convierte al país en “la nación más belicosa en la historia del mundo”, dijo Carter. Esto se debe, dijo, a la tendencia de Estados Unidos a obligar a otras naciones a “adoptar nuestros principios estadounidenses”.

En China, mientras tanto, los beneficios económicos de la paz eran evidentes. “¿Cuántas millas de ferrocarril de alta velocidad tenemos en este país?” preguntó. Mientras que China tiene unas 18.000 millas de trenes de alta velocidad, Estados Unidos ha “desperdiciado, creo, $3 trillones” en gastos militares. “Es más de lo que puedes imaginar. China no ha desperdiciado ni un centavo en la guerra, y por eso están por delante de nosotros. En casi todos los sentidos”.

Hasta aquí, parte de las declaraciones del expresidente Carter.

El Estado dominicano ya ha firmado algunos acuerdos comerciales con Beijing que han dado como resultado el incremento de nuestras exportaciones a China en más de un 40% y se han instalado en el país 25 empresas chinas. El turismo sigue aumentando paulatinamente pues ya ronda los 20,000 visitantes.

Debemos ponderar y agradecer la visita del señor Michael Pompeo, canciller de los Estados Unidos de América, nuestro principal socio comercial, pero, manejarnos con mucha prudencia y no cerrarles las puertas totalmente a un nuevo amigo.

Carlos McCoy

CarlosMcCoyGuzman@gmail.com

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