Importando miserias

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Carlos McCoy

Por enésima vez, un organismo multilateral internacional, certifica y da fe, que la República Dominicana es el país de América que más creció en el año que acaba de terminaar.  Además,  se mantiene  en los primeros lugares a nivel mundial.

El vaticinio para este año 2017 es similar, crecimiento por arriba del 5%.  Sin embargo, por otro lado dicen esos mismos organismos internacionales, que uno de cada tres dominicanos vive en la pobreza, que el 85% de la población se quedó en el mismo lugar en el que estaba a principio de año.

Que casi un 10% bajó un peldaño en la escala socio económica y que solo alrededor del 5% se benefició de este crecimiento.

A todo esto tenemos que agregarle, la creación de 400,000 empleos en el último cuatrienio, aun así, el desempleo no baja.

Estos números parecen calcados  año tras año.  Casi siempre son los mismos porcentajes.  Ya sean estos de bonanzas o de pobrezas.

¿A qué se debe que ese gran torrente de riquezas no se derrame hasta llegar al pueblo, al trabajador, a los verdaderos constructores de esa constante abundancia?

Nosotros vamos a emitir nuestra humilde opinión.  No como expertos en economía, que no lo somos, sino como  estudiosos de situaciones cotidianas que se dan en nuestro país.

Los sectores agropecuarios, hoteleros, turismo, industria, minería, energía, construcción, servicios y hasta el propio gobierno, el Metro y la ciudad Juan Bosch, son dos buenos ejemplos, con el fin de mantener bajos sus costos operacionales, siguen empleando mano de obra ilegal.

Mano de obra que, contrario a la percepción general, sí cotiza y paga impuestos, pero estos, nunca llegan a las arcas del gobierno, sino que se quedan en las manos de los explotadores.

Se está dando en la actualidad una situación irónica e interesante a la vez.  El gobierno dominicano se gastó miles de millones de pesos para regularizar los extranjeros ilegales en nuestro país, sin embargo, son pocos los que se han acogido a ese llamado.  Gratis por demás.

La explicación para este fenómeno es muy sencilla.  Resulta que si un haitiano, que son la mayoría de los ilegales en la República Dominicana, se regulariza y va con todos sus papeles en orden a buscar trabajo, no se lo dan.

La razón es muy simple, este trabajador está en condiciones de reclamar todos sus derechos laborales, por lo tanto no conviene.  Es preferible seguir contratando ilegales y no tener compromisos de programas de salud, días de fiestas, vacaciones, pagos por maternidad, liquidación, pensiones, accidentes laborales, etc.

Se ha dado el caso de que un haitiano regularizado no enseña sus papeles cuando va a buscar trabajo. Ya se corrió  la voz entre ellos, de que no lo van a emplear si tiene sus papeles en regla.

Esa es una de las causales  que evita que ese crecimiento llegue al pueblo trabajador, ya sea económicamente o por medio de una mejoría en  los servicios sociales. Las riquezas se quedan en las manos de los poderosos, pues estos tienen una cantera inagotable de mano de obra barata y saben cómo usarla.

El remedio a  esta situación es muy fácil, el Tribunal Superior Administrativo acaba de dar un paso trascendental con el fallo que crea las bases para regularizar el transporte en la República Dominicana.

Esto no debe quedarse ahí.  Hay que seguir obligando a todos los sectores, gobierno incluido, a respetar las leyes.

Por ejemplo, el artículo  135 del Código Laboral dice que, “El ochenta por ciento, por lo menos, del número total de trabajadores de una empresa debe estar integrado por dominicanos” y el restante 20% pueden ser extranjeros en condiciones de legalidad en nuestro país.

No hay otra salida, EL único camino a la equidad es, aplicar las leyes en toda su extensión. Y el primero que debe dar el ejemplo, respetando su propia legalidad, es el gobierno.

carlosmccoyguzman@gmail.com

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