Demodia

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Carlos McCoy.

Con la aparición del Coronavirus y los desesperados esfuerzos que están haciendo las autoridades, a nivel mundial, tratando de controlar la pandemia, se ha puesto en evidencia una vez más, que la democracia no es el mejor sistema de gobierno.

Los países menos democráticos son los que han tenido un mayor éxito en la contención de esta epidemia. El hecho de que, en la democracia, la inmensa mayoría se dedique a reclamar con vehemencia sus derechos, pero pocos estén dispuestos a cumplir con sus deberes, pone de manifiesto que no todo es bueno en ese tipo de gobierno y que se hace necesario implementar ciertos ajustes.

De ahí que nosotros hemos incubado un nuevo sistema. Un híbrido, el cual lo bautizamos con el nombre: “DEMODIA”

DEMODIA, es un acrónimo, utilizando las palabras, democracia, monarquía, dictadura y aristocracia. Hemos hecho un simple estudio, para determinar los más evidentes pros y contras de estos cuatro tipos de gobernanza.

Vamos a comenzar con lo positivo de cada uno de ellos. ¿qué es lo bueno de la democracia? Sin lugar a duda la participación. Es el sistema que les da a la mayoría la oportunidad de seleccionar a quienes nos van a dirigir.

¿Y la Monarquía, tiene algo bueno? Creemos que sí. La continuidad. Hay proyectos que necesitan mucho más de un periodo gubernamental para completarlos. La Muralla China es un excelente ejemplo.

Todos estamos de acuerdo en que la dictadura tiene en “el orden” su base y su fortaleza. En consecuencias, vamos a considerarlo como algo positivo. En la Aristocracia, su fuerte está en la excelencia. En este sistema se utiliza solo lo mejor de una sociedad y nada más.

Ahora veremos cuáles son las aristas negativas de cada uno de estos regímenes. Continuando en el mismo orden, ¿qué es lo malo en la democracia? El populismo. Este nos puede llevar a la oclocracia que es el régimen de la plebe.

Al tener muy pocos filtros, en la democracia, cualquier ciudadano se siente en capacidad de ser dirigente y si tiene habilidades de manipulación, no importa que carezca de preparación académica o valores morales y éticos, puede convencer a incautos y llegar a posiciones dirigenciales de alto nivel. Nuestro país es una cantera de ese tipo de individuos.

¿Y la Monarquía? Lo peor de este régimen es la exclusión. Solo un pequeño grupito, regularmente miembros de la familia real, puede acceder a la dirección del estado. En cuanto a la dictadura, su lado más oscuro es la autocracia. Un sujeto se erige en batuta y constitución y llega hasta al asesinato para mantener el control omnímodo del poder.

De la aristocracia lo peor es la discriminación. Los aristócratas se creen por encima del bien y del mal y hacen hasta lo imposible porque ese círculo se mantenga lo más cerrado posible. Entonces, ¿hay soluciones? ¡claro que sí! Tomar lo mejor de cada uno de esos sistemas y descartar lo negativo.

De ahí viene el régimen DEMODIA, Incentivar la participación del pueblo, por medio de la democracia, a medidas que trabajamos en su preparación, para que cada ciudadano pueda tener oportunidades de progreso en todos los sentidos y no ser víctimas de demagogias y manipulaciones.

Llegar a acuerdos de largos plazos, entre las diferentes entidades políticas, cívicas, militares y religiosas, como en las monarquías, para que las buenas iniciativas de un régimen no se queden en las gavetas del que lo sustituyó.

Comenzar a apretar un poco el libertinaje y establecer controles, similares a como se hace en las dictaduras, pero por medio de las leyes, a todos sin excepción. En una palabra, poner ¡orden!

Y, por último, convencer a nuestros intelectuales y profesionales de la aristocracia, para que se integren a construir un nuevo país. Donde la meta no sea hacerse millonarios en muy corto tiempo, sino, crear riquezas y repartirla de la forma más equitativa posible.

En fin, establecer la DEMODIA, por una generación, 25 años mínimo. Formar una especie de ágora griega con un representante de la mayoría de los sectores de la población como son, obreros, industriales, comerciantes, médicos, profesores, religiosos, militares, en fin un consejo de gobierno permanente. Que no sea cambiado cada cuatrienio. Que solo se sustituyan los fallecidos, y los que por alguna otra razón no puedan seguir ejerciendo su labor.

Garantizarle a esos servidores públicos y sus familiares directos, su estabilidad económica, seguro de salud y de vida y una pensión digna cuando les llegue la hora de su retiro. Financiarles a sus hijos, la educación a niveles de post grados y maestría. En fin, que estos ciudadanos solo se dediquen a desarrollar nuestra nación con políticas incluyentes. Desde luego, cambiar un poco la legislatura anticorrupción y establecer sanciones, que podrían llegar hasta la pena de muerte para el que cometa, como dicen ahora, “indelicadezas”.

Tener como mantra el proverbio atribuido al filósofo hindú Gautama Buddha: “Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita”.

¿utopías?, Todos los grandes eventos han comenzado con un sueño y aunque Pedro Calderón de la Barca, en el monologo de Segismundo, dice “Y los sueños, sueños son”, hay otro refrán que es mucho más práctico.

¡Soñar, no cuesta nada!

CarlosMcCoyGuzman@gmail.com

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