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Casi la mitad del dinero federal no llega al salón

Cada dólar federal que llega a Puerto Rico para educar a nuestros niños debería terminar en un salón de clases. No termina ahí. De cada cien dólares federales que recibe el Departamento de Educación, cerca de cuarenta y cinco se consumen en puestos administrativos y contratos externos que no enseñan a leer a nadie, no corrigen una composición y no ayudan a un estudiante a entender un texto en español o en inglés.

Léase de nuevo: 45%. Casi la mitad del dinero que el Congreso asigna para los estudiantes de Puerto Rico se queda en oficinas centrales, oficinas regionales, nóminas de confianza y contratos de servicios que no tocan la vida académica del estudiante.

Un sistema que se alimenta a sí mismo

Mientras la matrícula se ha reducido a la mitad en una década, el aparato administrativo no se ha encogido en proporción. Siguen creciendo las oficinas, las regiones, los facilitadores, los comités y los contratos externos. Cada estructura necesita su propio personal, su propio presupuesto y su propia justificación para existir, y esa justificación casi nunca se mide en lo que aprende un niño.

El resultado lo conocemos todos. Estudiantes que pasan de grado sin dominar la lectura. Jóvenes que se gradúan sin comprender lo que leen. Escuelas con grupos sobrecargados y maestros agotados, mientras en las oficinas sobran escritorios, informes y reuniones.

No se trata de falta de dinero. Se trata de adónde va el dinero.

Una regla que ya existe en otros programas federales

El gobierno federal ya sabe imponer disciplina de gasto cuando quiere. Los programas Head Start operan bajo límites estrictos a sus costos administrativos y bajo sistemas sencillos y estandarizados de documentación y rendición de cuentas. Si un programa que atiende a miles de niños pequeños puede funcionar con una estructura liviana, no hay razón para que un departamento con miles de millones de dólares no pueda hacerlo.

Por eso le solicitamos al gobierno federal que intervenga en Puerto Rico y que lo haga con instrucciones claras:

  1. Limitar el gasto administrativo del Departamento de Educación al 5% de los fondos federales recibidos.
  2. Automatizar las funciones burocráticas mediante inteligencia artificial y sistemas más económicos y menos repetitivos: nóminas, asistencia, matrícula, informes de cumplimiento, trámites de contratación y archivo de expedientes. Hoy esas tareas ocupan oficinas enteras. Un sistema bien diseñado las ejecuta en segundos y a una fracción del costo.
  3. Reducir los contratos externos que no tienen relación directa con la enseñanza, y someter los restantes a auditoría pública.
  4. Exigir que todo lo liberado se reinvierta en el salón de clases.

Dónde debe ir el dinero: maestros y grupos pequeños

Recortar la burocracia no es un fin en sí mismo. El ahorro tiene un destino obligatorio: el aprendizaje.

  • Más maestros por salón. Dos adultos preparados en un mismo grupo permiten atender las necesidades de cada estudiante, reforzar al que se atrasa y retar al que avanza.
  • Grupos de un máximo de 15 estudiantes. Con 15 niños, un maestro conoce a cada uno por nombre, escucha cómo lee, detecta a tiempo quién no comprende y corrige antes de que el problema se vuelva una vida de analfabetismo funcional. Con 30 o más, eso es imposible.
  • Medición real del progreso, de modo que ningún estudiante avance de grado sin demostrar dominio de la lectura y la comprensión.

El idioma como centro de todo

Si hay que escoger una prioridad, que sea esta: que cada estudiante aprenda y comprenda idiomas. Quien no domina su lengua no puede estudiar matemáticas, ciencias ni historia, y tampoco entiende un contrato, una ley o una noticia. Eso incluye primero el español, lengua materna del país, y luego el inglés, como herramienta de acceso a la educación superior, al empleo y a la economía global.

El énfasis debe estar en la comprensión, no en la repetición mecánica: leer, interpretar, argumentar, escribir y conversar. Con grupos de 15 y dos maestros por salón, los estudiantes practican cada día la lectura en voz alta, la discusión y la escritura con retroalimentación inmediata. Así se aprende un idioma de verdad.

Lo que está en juego

Cada año que pasa sin corregir esto, miles de niños pierden la oportunidad de aprender a leer a tiempo. Esa pérdida no se recupera con un informe ni con un comité. Un país que gasta casi la mitad de sus fondos educativos en administración y deja a sus niños sin comprender lo que leen está pagando por su propio fracaso.

El gobierno federal tiene la autoridad, la responsabilidad y los instrumentos para exigir otra cosa. Que ponga el límite del 5%. Que ordene automatizar lo que no necesita burocracia. Que dirija cada dólar liberado a más maestros, a grupos de 15 y a la enseñanza y comprensión de idiomas.

Los niños de Puerto Rico no pueden esperar otra generación de promesas. Necesitan, hoy, un salón donde alguien les enseñe. Le solicitaos al gobierno estatal y federal que por favor ajuste los procesos y gastos administrativos a un 5% por ciento para que sobre mas al estudiante.

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