La Banda terrorista y su amplia historia de infortunio

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“¡Doña Ercilia, dígale a Carlitos que no se aleje de la casa, porque parece que habrá líos en el liceo Juan Pablo Duarte, donde los estudiantes se están enfrentando en este instante a la banda criminal de “Tony el Pelú!”

Por Sebastian Del Pilar

Era la voz estruendosa del comerciante Arsenio de Jesús, quien,saliendo del interior del taxi de su hermano Quintino, se estacionaba frente a su vivienda en la calle José Martí casi esquina 13 del sector de Villa María, dando un alerta para que la señora Ercilia Guzmán, su vecina, llamara a sus hijos Arelis y Carlitos Bello Guzmán, a recogerse en su casa ante el inminente peligro de desorden en las calles aledañas.

El comerciante había visto el movimiento suscitado en la avenida Duarte, en el tramo comprendido entre las calles Padre Castellanos y 13,pudiendo enterarse que allí estaba la banda del citado pandillero, siéndole fácil intuir que pronto habría una explosión de violencia que afectaría el vecindario y no deseaba que ningún chico del barrio se viese involucrado en el jaleo inevitable del plantel, que se había tornado sangriento en los últimos tiempos.

La advertencia de Arsenio de Jesús, expuesta con tono enérgico pero amistoso, fue escuchada por los hijos de la señora Ercilia Guzmán, quienes como si fuesen lanzados por resortes volvieron de prisa a su casa, mostrándose dispuestos a ayudar a su madre en la realización de algunas de las tareas del hogar, para que ella asumiera a plenitud y temprano la instalación del negocio de frituras que operaba a diario en el frente de su casa;el cual se había vuelto indispensable en aquella morada, al complementar el insuficiente salario que recibía de momento como conserje en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Autónoma de  Santo Domingo, permitiéndole vivir de modo decente y  pudiendo cubrir a satisfacción los gastos correspondientes a la educación de sus hijos.

La advertencia de peligro fue también oída por el grupo de jóvenes que jugaba brisca en la acera de enfrente; entre ellos, René, Julio, Ñañito, Rafaelito, Luis el Gordito y Nelson, quienes pararon de pronto la diversión, luego de dos horas de entretenimiento con la baraja española de reyes, copas, bastos y espadas.

Les había conmovido las palabras del comerciante Arsenio de Jesús, pues algunos de ellos habían tenido la experiencia reciente de observar impotentes el abuso cometido por  varios forajidos integrantes de una banda criminal del sector de Villa Consuelo, que armados de cadenas, cuchillos y armas de fuego, empujaron y golpearon a mujeres y niños; reconociendo entre ellos a un joven policía llamado Moreno Colombo, que la emprendió a patadas contra un niño de once años edad, de nombre José Manuel, hijo del propietario de la compraventa que funcionaba en la intersección de las calles 13 y José Martí.

Los muchachos del barrio se enteraron poco después que esos bandoleros eran en su mayoría del barrio de Villa Consuelo y que pertenecían a una organización nacional de reciente formación que se estaba reuniendo en la escuela primaria República Dominicana, orientada por un teniente de la Policía llamado Oscar Núñez Peña y liderada por un joven llamado Constantino Feliz.

La información les fue suministrado por Ramón Ozuna, mejor conocido por el sobrenombre de “Ramón Cajita”, un chico del barrio a quien se le quiso obligar a atacar a varios de sus amigos, por el delito de simpatizar con los grupos de izquierda. Él desertó de la pandilla y se convirtió en la primera persona en hacer la denuncia pública de su existencia y fines; señalando entre sus miembros a varios jóvenes “cabezas calientes” de Villa María, como Tony el Pelú”, cuyo nombre de pila era Gervacio Antonio Alba Marte, quien durante mucho tiempo  había sido el responsable de la agitación y el desorden imperante en el liceo Juan Pablo Duarte; “Milán el Temible”, poco conocido como Miguel Ángel Féliz, su nombre verdadero; y otro conocido por su apodo de “Boca de Whisky”.

Por eso los muchachos del barrio, siguiendo el consejo de “Ramón Cajita”, mantuvieron los ojos abiertos, aunque se habían enterado que desde el 29 de diciembre de 1970 el mentado “Tony el Pelú”  se encontraba encerrado en la penitenciaría nacional de La Victoria, por la supuesta muerte de un policía y por haber herido de bala al raso Juan Rodríguez, a quien le habría causado lesiones permanentes en su cuerpo.

Pero su grupo estaba intacto y activo, liderado por “Milán el Temible”, que aquel lunes 11 de enero de 1971 había herido de bala en uno de sus tobillos,tras desencadenarse un mayúsculo reperpero al pretender introducir a la fuerza dentro del plantel escolar a sus adeptos, por encima de la resolución del director, profesor Tirso Amaury Hernández, quien dispuso no permitir la entrada de nadie sin el uniforme de kaki establecido.

Se debe saber que “Milán el Temible”, o Miguel Ángel Félix, era estudiante de tercer año de bachillerato en el referido centro escolar, y que debía, por tanto, respeto y obediencia a la decisión del director, buscando evitar la penetración de elementos extraños a la actividad docente; pero, sin embargo, hizo todo lo contrario, violentándose y subiéndose en el techo del liceo, desde donde  dio inicio a la trifulca que dejó un balance de cuatro estudiantes heridos.

La pandilla de anarquistas de “Tony el Pelú” originó muchos desórdenes y agresiones a tiros en los planteles escolares de la Capital, atacando a  estudiantes calificados de comunistas y a policías; verificándose entre sus manifestaciones anárquicas varios hechos de violencia escenificados en la escuela primaria República de Chile y en el liceo secundario Rodríguez Objío, donde el grupo fue señalado por la Juventud Comunista como responsable del incidente sangriento en Radio Cristal la noche del jueves 28 de enero de 1971, que dejó como balance cuatro estudiantes heridos, aunque tanto el Frente Estudiantil Flavio Suero (FEFLAS), como la Unión de Estudiantes Revolucionarios (UER),  responsabilizaron al PACOREDO del triste episodio, indicando que había sido el fruto de la discordia sembrada por la Juventud Comunista, cuyos miembros impidieron la celebración del aniversario del nacimiento del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte, provocando la denuncia pública en el  Departamento de Prensa de Radio Cristal que causó el acto de violencia.

Para la fecha señalada ya estaba formada la conocida banda colorada, a la que se había incorporado la pandilla de “Tony el Pelú”, aunque él estaba en la cárcel desde el pasado 29 de diciembre. La idea macabra de formar esa organización parapolicial correspondió a los asesores del jefe de la Policía, general Enrique Pérez,  quienes designaron como cabecilla a un miembro de esa institución, el teniente Oscar Núñez Peña, colocando en su primera etapa como jefe del grupo al reconocido bandolero de Villa Consuelo, Constantino Féliz, quien como hemos dicho realizaba sus reuniones en la escuela primaria República Dominicana y tenía su centro de operaciones en la calle Eusebio Manzueta próximo al mercado.

La Banda ha sido la organización parapolicial más conocida que ha existido en la República Dominicana y fue la responsable de muchos de los crímenes que se cometieron en el país en el inicio de los años 70. Esta comenzó su actividad delictiva tras la juramentación del general Enrique Pérez como jefe la Policía Nacional, el 1ro. de enero de 1971, y su radio de acción comprendió todo el territorio nacional, exhibiendo mucha autoridad y una fuerza increíble, pues todas las noches sus miembros patrullaban las calles como si fuesen policías, montados en automóviles con placas oficiales y armados de revólveres y pistolas, así como con grandes cadenas de hierro que utilizaban para propinar palizas y azotar a los jóvenes señalados en los barrios como enemigos del gobierno, los cuales eran perseguidos y golpeados de manera brutal, siendo luego encarcelados.

Los miembros de La Banda portaban armas que eran suministradas por los policías que la integraban y con esas armas penetraban en  las escuelas, en las casas de familias, buscando a los jóvenes sospechosos de ser comunistas. Tanto era su poder, que en algunos centros educativos golpearon y apresaron a estudiantes y profesores, causaron destrozos de pupitres y dispararon sus armas, amedrentando y maltratando a los presentes.

Su líder, el joven Constantino Félix, refería a principios del mes de mayo que ese grupo contaba con 900 afiliados en distintos barrios de la Capital y que era su meta inscribir decenas de jóvenes, pues estaban por obtener su reconocimiento en legal en la Secretaría de Estado de Interior y Policía y en la Junta Central Electoral, aunque no era su interés convertirse en partido político,  ya que preferían permanecer como una agrupación cívica, que había surgido con la finalidad de ayudar a la Policía a perseguir a los malhechores y perturbadores del orden público, para poner fina los hechos violentos protagonizados por grupos de izquierda.

Félix se disculpó entonces por los excesos cometidos por miembros de La Banda, especialmente en los desordenes originados en la escuela intermedia República de Argentina el viernes 7 de mayo, donde fue golpeado y apresado el joven comunista Justo Girón; aunque en la madrugada del domingo 9 de mayo, volvían por sus fueros causando serios destrozos en la escuela República Dominicana, desmantelando pupitres y pizarrones para convertirla  en lo que ellos mismos llamaban “Hotel El Pato”, utilizado para pernoctar cuando les llegaba el momento de detener transitoriamente su acción vandálica.

Al día siguiente, se dedicaron a hacer allanamientos y apresamientos, siendo una de sus víctimas el joven Leonardo Mercedes, estudiante de ingeniería civil en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y líder del grupo estudiantil Bloque Revolucionario Universitario Camilista (BRUC), quien fue detenido por varios miembros del grupo fuertemente armados, en la calle Peña Batlle esquina Seibo, cuando caminaba por el sector. Estos intentaron subirlo al vehículo en el que viajaban, pero él se resistió con éxito, debido a su coraje y a la solidaridad de varias personas que pasaban por el lugar y se aglomeraron en su alrededor, optando sus atacantes por marcharse.

En la mañana de miércoles 12 de mayo fue asesinado a tiros por La Banda el joven José Francisco Hernández, de 26 años, durante un intenso tiroteo encabezado por  Francisco Corporán, alias Frank el loco, para ocupar el colegio Cristóbal Colón, situado en la calle Doctor Tejada Florentino No. 50, de Villa Consuelo. Este era un centro de educación privada muy bien valorado por la calidad de sus profesores y de sus estudiantes, quienes se esforzaban en dar su mayor rendimiento académico, como una forma de dar respuesta positiva al gran sacrificio de sus padres, en mantenerlo estudiando allí aislándolos de los disturbios e inconvenientes que se presentaban en las escuelas públicas.

En este incidente en el colegio Cristóbal Colón  hubo otras cuatro personas heridas de balas que fueron llevados a la clínica Dr. Rodríguez Santos de ese mismo sector.  Su director y propietario, el profesor Luis Encarnación Nolasco, lamentó que La Banda hubiese escogido a ese centro educativo como campo de batalla para golpear estudiantes y pegar afiches promocionando la reelección del presidente Balaguer.

En esos jaleos intervino también el mentado Ignacio Loyola Arias, mejor conocido como Carabina, quien armado de una pistola calibre 32, hizo varios allanamientos en la calle Doctor Tejada Florentino, apresando y golpeando severamente a dos miembros del Comando Revolucionario Camilo Torres (CORECATO), Aquiles Sánchez y Reynado Reinoso.

En la mañana del jueves 13 de mayo La Banda asaltó a punta de pistolas y ametralladoras la escuela primaria Chile, situada en la calle Montecristi esquina Juan Bautista Vicini de la Capital, deteniendo unos 30 niños y generando terror entre los estudiantes que huyeron a la calle asaltados por el pánico. Eran 18 los bandoleros que entraron al plantel en busca de muchachos  simpatizantes de grupos de izquierda que acostumbraban a reunirse en el patio, entre ellos José Vargas González y Jorgito Puello, el hijo del legendario dirigente del Movimiento Popular Dominicano (MPD), Jorge Puello Soriano, aunque entonces ya no se encontraba en país.

Este último muchacho había sido objeto de la ira del presidente Balaguer en 1967, como bien nos recuerda en un trabajo publicado en el periódico digital Acento el periodista Alejandro Paulino, al rememorar el hecho de que el jefe de Estado en un discurso televisado a todo el país, la noche del 4 de febrero de ese año acusó a este joven, que en la ocasión tenía apenas 15 años de edad, de ser parte de una trama internacional contra su gobierno, ocupando el niño la primera página de los periódicos y siendo bautizado por el diario “El Nacional”, como “El Angelito Negro”. Jorgito había sido detenido en el Aeropuerto, junto al dirigente emepedeísta Henry Segarra Santos, cuando intentaba viajar a Europa.

En el asalto de La Banda a la escuela Chile fue herida la profesora Sabina del Rosario, en el momento en que intentaba socorrer a varias alumnas suyas menores de edad.

Esa misma noche ocurrirían dos crímenes que estremecerían a los moradores de los sectores de Villa María y María Auxiliadora; de un lado, siete miembros de La Banda dieron muerte a tiros y cuchilladas a un joven mecánico  de 31 años, llamado Antonio de la Cruz Jiménez (Antolín),  residente en la casa No. 32 de la calle Respaldo Vicente Noble del barrio María Auxiliadora de la Capital; y del otro, fue ultimado el joven Pedro Antonio de la Cruz González (Pepe), señalado como un miembro de La Banda; en un hecho atribuido a uno de los comandos clandestinos del Movimiento Popular Dominicano (MPD), el mentado “Luis Manuel Naut”, nombre que se le puso en honor a un dirigente de esa organización también asesinado.

Se dijo que en el momento en que fue atacado a tiros, Pepe conversaba con el joven Rafael Fortunato, frente a una casa en construcción marcada con el número 13 de la calle Respaldo Yolanda Guzmán.

Por el asesinato del llamado Antolín fue señalado como autor material el joven  Eddy de la Cruz Candelario, quien fue detenido por la Policía, pero puesto en libertad en menos de 48 horas, descargado por el juez Rafael Arias Mota, tras considerar que el expediente formulado por la Fiscalía del Distrito Nacional no contenía suficiente material probatorio de su responsabilidad en el hecho.

De la Cruz se desligó de ese asesinato y de las heridas de gravedad ocasionada al joven Juan Bautista Polanco, aunque reafirmó que la misión de su grupo era enfrentar las movilizaciones y los micromítines, la subversión  y el terrorismo.

El lunes 17 de mayo, actuando combinadamente con la Policía, la banda abrió a tiros la puerta de hierro de malla anticiclónica que protege al liceo secundario Juan Pablo Duarte y penetró en tropel al mismo, golpeando a su paso a numerosos estudiantes, atropellando a los profesores y causando pánico entre los alumnos.

En este asalto le dieron un tiro en la cabeza a un joven que fue sacado de emergencia del plantel y llevado a ser curado en un centro de salud. El reportero gráfico del periódico El Nacional, que era el buen amigo Valentín Pérez Terrero, junto al periodista que lo acompañaban, fueron obligados a irse del lugar. En el acto estuvo el joven bandido Julio César Hernández, quien amenazaba a los hombres de la prensa con disparar su pistola.

La Banda fue repelida a pedradas por el estudiantado disperso en el amplio patio del plantel, que encaró a los asaltantes, pese a que éstos estaban armados de revólveres y pistolas.

El sábado 22 de mayo unos cien miembros de La Banda patrullaron el barrio capitaleño de Cristo Rey, asaltando viviendas y apresando personas; entre ellas  a diez dirigentes de base del PRD, y provocando que muchas familias tuvieran que abandonar su hogar, evadiendo los atropellos de esta organización. En esta acción fue visto el joven Eddy Antonio Martínez (El Ombligú).

El lunes 31 de mayo se anunció el fin del mandato de Constantino Félix, al escogerse al joven Eddy de la Cruz Candelario como secretario general y nuevo líder de La Banda. La directiva reestructurada quedó compuesta además por Moisés Arias García, como secretario de organización; Fernando Adolfo de Castro, secretario de actas y correspondencias; Miguel Mata Peña, secretario de finanzas; Rafael de Castro, secretario de prensa y propaganda; y Timoteo Calderón, secretario de quejas y conflictos.

Como vocales fueron escogidos, Constantino Félix, Ignacio Loyola Arias (Julio T…Malapalaba), Julio César Hernández, Francisco A. Mota Jiménez y Luis Enrique de la Cruz. Y en el comité disciplinario, Eddy de la Cruz, presidente; Moisés  Arias García, juez; Juan Ignacio Vargas Bautista, juez; Julio César Mejía, fiscal, y José Lucía Rodríguez, supervisor general.

También se formó una comisión de quejas y conflictos para escuchar las necesidades de la gente, conformada por Wilfredo Vargas Nova, Rafael Enrique Ariza, Fernando de Castro, Pedro Antonio Ramírez y Héctor Bienvenido Martínez.

Otros dirigentes de La Banda eran Francisco Antonio Diloné, mejor conocido por “Cabeza”; Francisco Corporán (Frank el loco), Miguel Mejía Salazar (Muñeco), Salomón Soriano Martínez (Come Hierro) y Miguel Reyes Báez (Fantasma).

Los datos fueron suministrados a la prensa por De la Cruz Candelario, Arias García y el miembro de base, Rafael Henríquez Ariza, quienes prometieron que en su gestión no se producirían actos vandálicos ni desmanes, en alusión al comportamiento de la organización durante el mandato de Constantino Félix.

Pero esa promesa no se cumpliría, pues el 16 de junio fue baleado por La Banda el joven emepedeísta Juan Bautista Polanco, alias Juan Memelo, de 19 años, quien recibió cinco disparos en el momento en que caminaba junto a una joven llamada Celina Cruz por el barrio Capotillo de la Capital.

El martes 22 de junio el terrorismo cobró una nueva víctima. Un joven estudiante y mecánico, muerto a tiros en un atentado a plena calle, cuando regresaba de la escuela.

Su nombre era Carlos Luis Lamouth González, muerto en un acto de venganza por la muerte de Ramón Eduardo Ferreiras Colón (alias Gallito) y Julio César Hernández (Colorao), quienes habían sido asesinados a tiros el día anterior, frente a la escuela Fidel Ferrer del ensanche La Fe.

Durante el velatorio del mentado Gallito, en la casa marcada con el No. 59 de la calle Alexander Fleming, en el ensanche La Fe, los miembros de La Banda obstaculizaron la labor de los periodistas de diversos órganos de prensa y amenazaron de muerte al reportero Plinio Bienvenido Martínez, de Radio Mil Informando, quien fue advertido por uno de los bandoleros conocido por el sobrenombre de “Come hierro”, de que si no se retiraba del velatorio, le daría dos balazos; teniendo que hacerlo,  estacionado su vehículo a prudente distancia del lugar.

El 23 de julio de 1971 desplazan de la jefatura de La Banda a Eddy de la Cruz Candelario y se anuncia la llegada del mentado Macorís. Una reseña del periódico Ultima Hora de la fecha, dice lo siguiente: “El hombre clave en La Banda ahora es de apodo Macorís y fue un militante de agitación y propaganda del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, así como comandante constitucionalista durante la revolución del 24 de abril”

Continúa señalando que “La selección de Macorís tuvo lugar durante una asamblea de miembros de La Banda que se realizó en la escuela República Dominicana, en la barriada de Villa Juana, un sector donde menudean los jóvenes adictos a la organización que auxilia en la persecución de izquierdistas y demás opositores a la Policía”.

En el momento de su designación como líder del grupo, Macorís tenía su negocio propio y pertenecía a una categoría social y política superior a la de los dos líderes anteriores de La Banda, Constantino Félix y Eddy de la Cruz. Además, laboraba en el Ayuntamiento del Distrito Nacional, que dirigía el síndico Manolín Jiménez y los obreros de allí habían denunciado que los trataba con brutalidad; pues era un hombre temperamental, pese a ser inteligente y poseer educación.

Un vocero del grupo informó que Macorís echaría del seno de la organización a los bandidos “indeseables” que habían cometido numerosos crímenes y mantenían la intranquilidad en los barrios; que eran los casos del antiguo jefe, De la Cruz Candelario y de Ignacio Loyola -Carabina, quien acababa de agredir a tiros a una mujer y a un niño, y había baleado a un joven que él sacó de la clínica La Fe para llevarlo al hospital Marión.

En su primera declaración pública Macorís proclamó que los cuadros de La Banda serían reestructurados y que extendería la organización por todo el territorio nacional. También dijo que el Frente Juvenil pondría su local en la calle El Conde y trataría de enrumbar a sus actuales miembros por el camino del respeto a la ley y el orden, aunque delineó al mismo tiempo una campaña anticomunista que llevaría a cabo la entidad.

Se quejó con la prensa de que llamaran a su organización La Banda y amenazó con llevar a la justicia a quienes pretendiesen difamar o injuriar la entidad, asegurando que conocía muy bien la ley de Expresión y Difusión del Pensamiento.

“Pensamos reorganizarnos e instalar nuestros comités en los liceos públicos y en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde tenemos muchos simpatizantes”; asegurando de paso que “la gran mayoría de estudiantes y los jóvenes del país repudian la violencia y el comunismo”.

Su adversidad contra los comunistas, según decía, era porque había sido expulsado y maltratado durante su militancia en el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, en el que había ingresado a temprana edad, siendo todavía estudiante de la escuela secundaria. Sin embargo, él aún mantenía estrechos vínculos personales con catorcistas que pasaron a ser  dirigentes del MPD y de la Juventud Comunista del PACOREDO, sirviéndole esa relación al propósito de darle un sentido político a La Banda, incorporando en poco tiempo en su seno a simpatizantes de izquierda. De manera que en la calle se le comenzaba a percibir como una asociación de renegados izquierdistas haciendo causa común con el gobierno de Balaguer,  y aplicando el criterio de que “la tranquilidad venía de tranca” y que el terror era el medio para aplastar la disidencia y acallar las críticas contra el gobierno.

Con este nuevo líder de La Banda, se llegó a un extremo de presentarlo el día 28 de agosto en Rahintel, canal 7, en el programa de panel “El Pueblo Cuestiona”, donde dirigió un mensaje a la nación como si fuese un alto funcionario del gobierno, actuando con absoluta impunidad y con increíble atrevimiento, al acusar al líder del PRD y de la oposición, profesor Juan Bosch, de ser el responsable de la violencia que azotaba el país.

El primer asesinato durante la gestión de Macorís ocurrió el jueves 29 de julio en el barrio de Guachupita, siendo abatido a  balazos el joven albañil José Luciano Mieses,  tras rehusar pertenecer a La Banda. Luego, en la madrugada del miércoles 11 de agosto falleció en el hospital Darío Contreras, donde había sido llevado de emergencia, tras percibir varios disparos de pistola, un miembro de esa organización de nombre Ramón Peña Bueno, quien había sido herido por un vecino de apellido Encarnación, a quien había maltratado en el sector Villas Agrícolas de la Capital.

Con mucha dificultad la prensa logró conseguir datos sobre este suceso debido a que cuando los reporteros se apersonaron al centro de salud se encontraron con el hecho de que el cadáver había sido tapado con una sábana y que a su alrededor habían otros miembros del Frente Antiterrorista y Anticomunista advirtiendo con gesto hostil que no se podía tirar fotos.

Un nuevo suceso ocurrió la noche del miércoles 8 de septiembre de 1971 cuando miembros de La Banda asaltaron y destruyeron el salón de belleza Daysi en el ensanche Espaillat, situado en la calle 29 No. 64, y amenzaron con darles muerte a tres niños menores de edad hijos de la propietaria del establecimiento, señora Daysi Pérez, quien denunció que los rufianes saquearon sunegocio y amenzaron con regresar para  quemarlo. En ese hecho fue herida de una cuchillada en el cuello, una niña de 13 años y fueron golpeadas varias muchachas que estaban viendo  una película en la televisión del local.

Después de innumerables atropellos y muertes, fue asesinado un nuevo miembro de La Banda, un ex policía, sindicado como jefe del grupo en el ensanche Espaillat. Su nombre era Ignacio E. Vargas, apodado Johnny, y vivía en la calle Yolanda Guzmán No. 230. Fue abatido a tiros por cuatro hombres que pertenecían al comando revolucionario “Luis Manuel Naut”,y durante la exposición de su cadáver en el hospital Francisco Moscoso Puello, se vio a un impetuoso Pérez Martínez intentando impedir que la prensa hiciera su labor de recoger las incidencias sobre esa muerte; vociferando palabras hirientes contra un periodista del noticiario de Radio Mil Informando, acusándolo frente a los altos mandos del grupode ser un enemigo feroz.

El comunicadorse mantuvo en silencio, escuchando mil diatribas y amenazas de este fogoso personaje apodadoMacorís, quien se quejaba de que los periódicos no habían destacado lo suficiente ese crimen; lo que era a su juicio era fruto de la parcialidad con la oposición, ya que daban singular cobertura a las muertes de los dirigentes de izquierda. Sin la prudencia del comunicador, aquel escenario se hubiese teñido con sangre de la prensa.

Otro hecho relevante de La Banda fue la agresión sistemática contra la familia González Pocker del Ingenio Quisqueya, en San Pedro de Macorís,provocando que uno de sus miembros, el empresario agrícola Carlos Magno González, tuviese que salir del pais, refugiándose en la Isla del Encanto y rogándole a Dios que hasta allá no llegase la rabia de La Banda.

Mientras eso pasaba en el Ingenio Quisqueya, en los Estados Unidos, un antiguo voluntario de su Cuerpo de Paz, llamado Michael Arnow, quien había laborado en nuestro país, publicó una carta el 15 de septiembre de 1971 en el periódico “The Washington Post”, criticando la ayuda norteamericana al país, porque a su juicio estaba encaminada a  crear un tipo de seguridad interna y estabilidad con base a la violencia; revelando que esa asistencia económica se empleaba en la tarea de “aterrorizar, sobornar y asesinar a los miembros de la oposición izquierdista”.

Arnow se apoyaba en un artículo del 7 de septiembre de 1971, publicado en el periódico Washington Post, que decía que “la Policía Nacional utiliza una pandilla para dominar a los izquierdistas”, refiriéndose a La Banda; y agregando que el régimen de Balaguer había organizado grupos represivos como La Banda, Los Incontrolables y La Mano, cuya principal tarea había sido destruir todo el que se opusiera al continuismo.

Se debe decir que fueron muchas las actividades que se hizo en el exterior contra La Banda, teniendo un papel importante en su ejecución el doctor José Francisco Peña Gómez y el PRD, puesto que tanto en Nueva York como en Washington movilizaron la opinión pública y se granjearon el apoyo de importantes figuras del Congreso norteamericano, como los senadores James William Fulbright y Frank Church. También sobresalió la participación de dirigentes de la Seccional del PRD en la ciudad de los rascacielos en la organización de un comité de defensa de los derechos humanos con la finalidad de denunciar al mundo las atrocidades cometidas por La Banda en la República Dominicana, al enfatizar en que “el terrorismo en el país estaba consustanciado a la existencia y desenvolvimiento del gobierno de Balaguer” y que la base de sustentación de la administración reformista descansaba en el uso abusivo de la fuerza y la represión política ejercida por parte de las instituciones castrenses y la Policía contra los opositores, la cual había cobrado un matiz desvergonzante, hasta el punto que ni la vida del ser humano se respetaba entonces, pudiendo cualquier militar hacer uso de su arma de reglamento contra un civil, alegando después que lo hizo para proteger el Estado y contra el comunismo.

La campaña de Peña Gómez en el exterior fue alabada por el presidente del PRD, profesor Juan Bosch, en una carta que le enviara el día 5 de octubre de 1971 a Paris, donde realizaba un doctorado en Derecho Constitucional, felicitándolo por su trabajo político denunciando las actividades de La Banda en Estados Unidos y Europa, considerando que había sido una campaña demoledora que había “parado en seco el terror”, ya que se había constituido una comisión de personalidades estadounidenses que vendría al país a expresarle a Balaguer su condena por el clima de terror  que prevalecía en el país fruto de las actividades de La Banda.

En un editorial del 31 de agosto de 1971, The Miami Herald señalaba que “la imagen del doctor Balaguer ha cambiado con el tiempo desde la figura capaz de producir medidas de estabilidad, a la de un hombre que se apega con dureza al orden hasta el extremo de que la discrepancia es suprimida”. Y en función de esa realidad, añadía que había temores de que el continuismo degenerase en dictadura, por lo que le pedía a Balaguer aclarar  “la atmósfera introduciendo la prometida reforma constitucional que prohíba la reelección”.

Ese mismo diario había publicado un trabajo anterior bajo la firma de su editor latinoamericano Don Bohnnig, señalando que las prácticas terroristas de La Banda contaban con la aprobación del presidente Balaguer. Lo mismo hizo el influente The New York Times, que en un trabajo firmado por su periodista Alan Riding, se refirió a La Banda en el mes de abril de 1971, señalando que la creación de ese grupo de mercenarios obedeció al plan continuista de Balaguer y que “el general Pérez y Pérez, según se presume siguiendo instrucciones del doctor Balaguer, ha realizado una ofensiva contra la extrema izquierda utilizando a civiles terroristas agrupados en una organización llamada La Banda, para eliminar muchos de los líderes comunistas”.

Entre los desmanes de La Banda hay que apuntar el atropello de que fue objeto un adolescente llamado Giovanny Mateo, de 15 años, simpatizante del Movimiento Popular Dominicano (MPD), quien recibió un balazo en la espalda, debajo del pulmón derecho, que le salió por el estómago, tras perforarle el diafragma. Fue un hecho que ocurrió en el momento en que trataron de apresarlo con el fin de enrolarlo en esa organización. Este muchacho fue herido en la calle Altagracia esquina Enriquillo de Villa Francisca, por miembros de La Banda que entraron a su habitación y lo sacaron a la fuerza para salir a buscar supuestamente a un “amigo” suyo y de un pistolero apodado “Botín”. Entre sus captores estuvo el teniente Oscar Núñez Peña, quien junto al apodado “Botín”, lo llevaron a una pensión de la avenida Duarte, frente al Coliseo Brugal, donde lo esperaban cuatro mujeres que señalaron que aquella operación era un servicio especial que le hacían al jefe de la Policía.“Botín” había sido militante del grupo Plinio y se convirtió en mercenario luego de ser “convencido” en la cárcel de cooperar con La Banda, siendo libertado y enrolado en el grupo con el sueldo de cien pesos mensuales.

A nuestro juicio una de las escenas más impactantes y sobrecogedoras en la historia de La Bandacorrespondió a dosjóvenes del barriode Guachupita, que fueron apresados por unos bandoleros apodados “Chino” y “Felito”, quienes los  asesinaron y tiraron sus cadáveres en un dogout del antiguo estadio de beisbol del liceo Juan Pablo Duarte. Esos muchachos se llamaban Ascanio Pérez Delgado y Danilo Magallanes Alcántara, muertos el 2 de septiembre de 1971.

Un hecho sumamente impresionante en aquel tiempo fue el dramático ahorcamiento con un cordón de plancha en el baño de su casa, de la anciana Catalina Ortiz, quien optó por ese  trágico desenlace al enterarse que había sido apresado por La Banda su hijo, el dirigente emepedeísta Héctor Antonio Ortiz Jáquez, quien fuera uno de los ideólogos del secuestro del coronel Donald Joseph Crowley, agregado militar de la embajada estadounidense en el país. Ella vivía en casa No. 29 de la calle 8, en el ensanche Luperón, y su entierro fue una expresiva manifestación de solidaridad y afecto, pese  a la lluvia de tiros  lanzada por la Policía para dispersarlo.

También fue muy conmovedor el asesinato en la madrugada del 9 de octubre de 1971de cinco jóvenes deportistas que residían en el barrio 27 de febrero y pertenecían al club Héctor J. Díaz. Ellos eran Rubén Darío Medrano, de 16 años;  Reyes Andrés Florentino, de 18; Víctor Fernández Checo, de 18; Gerardo Bautista Gómez, también de18, y Radhamés Peláez Tejeda, de 21.

Aunque fueron implicados en este crimen los miembros de La Banda, pudo comprobarse posteriormente que fueron muertos de la Policía, y que la responsabilidad plena era de un teniente llamado Virgilio Álvarez Guzmán, hijo de un antiguo jefe de la institución, quien personalmente dirigió la tortura y la muerte de esos jóvenes cuyos cuerpos fueron mutilados y esparcidos en distintos lugares de la Capital, provocando espanto, consternación y  vigorosas protestas y movilizaciones que dieron lugar ala destitución del general Pérez y la colocación en su lugar de su más fuerte rival militar, el general Neit Rafael Nivar Seijas, quien procedió a desmantelar el aparato parapolicial que se había creado, apresando al teniente policial Oscar Núñez Peña, a Ramón Pérez Martínez (Macorís) y a los demás miembros de la plana mayor de La Banda, aunque no se percibía la intención de enjuiciar a los gestores de esa entidad, al margen de la acusación de asociación de malhechores y porte ilegal de armamentos que se les hizo a los responsables directos de las atrocidades denunciadas en todo el país, los cuales fueron detenidos y encerrados por breve tiempo en la Penitenciaría Nacional de La Victoria.

Pérez Martínez logró salir en libertad en los primeros días de marzo de 1972, tras ser descargado por un tribunal de primera instancia, y luego se refugió en  la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede, donde encontró la protección del Nuncio de su Santidad, monseñor Luciano Storero, quien convenció al periodista Salvador Pittaluga Nivar y al arzobispo coadjutor de Santo Domingo, monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, de que emprendieran una gestión mediadora que facilitase su salida del país, para evitar que fuese fusilado en la cárcel o en la calle (donde ya se encontraba); pues recientemente habían sido acribillado al exsargento policial Domingo Núñez Almánzar (Tito), mientras se encontraba en su casa del sector de Villa Duarte, escuchando un juego de béisbol; y también, a Domingo Cuello, alias Kaki, en circunstancias semejantes. Ambos ligados a La Banda.

Luego de la salida de Macorís del país, ocurrió la muerte del jefe militar de La Banda, teniente Oscar Núñez Peña, quien el viernes 30 de junio de 1972 se dio un tiro en la sala de su casa, en un barrio de Santo Domingo.

El exmilitar había caído en desgracia, pues Nivar Seijas desde que asumió la jefatura de la Policía ordenó el desmantelamiento de La Banda y vinculó el nombre de Núñez Peña con el crimen de los cinco jóvenes del club Héctor J. Díaz, de la Capital; siendo apresado y dado de baja en la Policía, aunque su situación casi cambió de inmediato al ser nombrado vicecónsul en Ponce, Puerto Rico. Sin embargo, no estuvo conforme con la vida civil y se veía casi siempre enfadado, nervioso y hasta paranoico; maltratando constantemente a su esposa, la señora Ana Celeste García, a quien le propinó una cachetada minutos antes de suicidarse con su revólver calibre 38.

 

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