Nacionalizando el problema haitiano

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1840
Por Carlos McCoy

Por centurias, los gobernantes haitianos han venido culpando al exterior de sus miserias. Ven pequeñas pajitas en los ojos internacionales, pero son ciegos a la viga que tienen en sus propias pupilas.

Es verdad que desde que proclamaron su independencia a principio del siglo XIX, han sido hostigados por potencias internacionales, pero esto ha sucedido con todos los países   americanos que han luchado por su emancipación.

Los mismos Estados Unidos no se libraron de este hostigamiento, pues los ingleses se negaban a aceptar que parte de sus súbditos se convirtieran en una nación independiente. La República Dominicana tampoco fue la excepción.  A nosotros nos acosaron ¡hasta los mismos haitianos!

Pero, todas las actuales repúblicas del contienen americano, unas con más o menos traumas que otras, lograron sobreponerse a esas vicisitudes y consiguieron su libertad.

En el caso haitiano, comenzaron muy mal su camino hacia la verdadera independencia y han continuado incurriendo en los mismos errores que cometieron hace más de dos siglos.

En los finales del siglo XVIII, los sublevados esclavos en la parte occidental de La Española, quemaron todas las riquezas de lo que había sido hasta entonces, la colonia más rica y próspera de América.

La lógica de esta acción era, que, sin esas riquezas, los esclavistas franceses no tenían otra opción que abandonar esa parte de la isla.

El problema de este proceder fue, que la nueva República comenzó en la bancarrota total.

A todo esto, se debe sumar los líos internos por el poder entre Jean Jacques Dessalines, auto proclamado Emperador Jacques I del imperio haitiano, Henry Chistophe, Rey Henry I del reino de Haití y el presidente vitalicio Alexandre Sabés (Petión).

A los delirios de imperios y reinados se unió el de conquistador de Jean-Pierre Boyer quien invadió y anexó la parte oriental de la isla La Española, reteniéndola por 22 años.  Hasta un analfabeto llamado Faustin Soulouque, en 1849 se proclamó Emperador Faustin I de Haití.

Demás está decir que estas autocracias, solo servían para llenar las arcas y los egos de los gobernantes de turno, pero nunca se preocuparon verdaderamente por el pueblo haitiano. Exactamente como está sucediendo en la actualidad.

Siguieron una serie de gobiernos que la mayoría no duraban ni siquiera un año en el poder. Del 1911 al 1915 tras una serie de asesinatos políticos, los haitianos vieron cambiar seis presidentes, hasta llegar a la ocupación americana y su secuela de dictaduras.

Esto ha sido un somero vistazo de cómo ha sido de traumática la historia de esta nación.  Es cierto que hubo bloqueos, asedios y todo tipo de obstáculos por parte de las potencias internacionales, para que esta revolución no se viera como ejemplo a seguir.

Pero de que los mismos haitianos han puesto una gran cuota de ingredientes para repetir la misma receta de penurias, no se puede ocultar.

Ya es hora de las autoridades haitianas nacionalicen sus problemas y deje de estar de rodillas ante el mundo.

Un pueblo pobre, como el dominicano, no puede seguir gastando el 10% de su presupuesto de salud, unos 6,000 millones de pesos en los haitianos ilegales. Es imposible seguir erogando 2,000 millones de pesos en la educación pre universitaria de los vecinos.

Con el agravante de que las proyecciones del gobierno es que, a raíz de la implementación de la tanda extendida en nuestras escuelas públicas, donde se sirven desayunos, almuerzos y merienda, va a provocar que la población estudiantil de origen haitiano se duplique en el 2017.

La solución práctica a este problema y la más económica para nuestro país es, construirles sendos hospitales generales y escuelas en Belladere, Quanaminthe, Mallepasse y Anse A Pitre, manejado por personal haitiano, evitando con esto que sigan abarrotando nuestras escuelas y hospitales.

Complementar esta acción con la prohibición absoluta de atender, educar o emplear haitianos ilegales en territorio nacional.

En una palabra; aplicar las leyes de la República Dominicana.  Ninguna fuerza extranjera puede condenarnos por tratar de evitar nuestro colapso como nación.  Algo que está a punto de suceder si no se toman los correctivos necesarios.

Es hora ya de que los haitianos les den papeles de nacionalidad, no solamente a su población, sino también a sus propios problemas.

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Carlos McCoy
carlosmccoyguzman@gmail.com

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