Cómo el sistema educativo público fabrica el analfabetismo funcional de un pueblo
Hay un dato que el gobierno no quiere que usted conozca, y hay una razón muy concreta para ocultarlo. Puerto Rico no administra las pruebas PISA —el estándar internacional que mide comprensión lectora, matemáticas y ciencias en estudiantes de 15 años— porque los resultados nos colocarían, sin ambigüedad, entre las jurisdicciones con mayor rezago educativo del hemisferio. No es descuido. Es una decisión. Y esa decisión, por sí sola, debería bastar para que el pueblo entienda la magnitud del problema que enfrenta.
Un sistema que no mide lo que teme encontrar
Todo sistema educativo serio se somete a evaluación externa. Es la única manera de saber, con honestidad, si un niño de sexto grado realmente comprende lo que lee o si simplemente ha sido promovido de grado en grado sin dominar las destrezas básicas de lectura, escritura y comunicación. En Puerto Rico, esa evaluación no ocurre —al menos no la que de verdad importa— porque los resultados serían devastadores no solo para el sistema, sino para quienes lo dirigen.
En su lugar, se recurre a pruebas locales diseñadas y administradas por las mismas entidades que tienen interés en que el sistema no parezca fallar. El resultado es previsible: estadísticas oficiales que maquillan una realidad que cualquier maestro de escuela pública puede confirmar sin necesidad de estudios. Miles de estudiantes llegan a la escuela intermedia y superior sin poder leer con comprensión ni escribir con coherencia en su propio idioma. Esto no es una opinión. Es lo que ocurre todos los días en miles de salones de clase.
La bibliografía del fracaso no es un accidente
Este colapso no nace de la casualidad ni de la falta de recursos. Puerto Rico invierte sumas considerables en educación pública año tras año. El problema no es cuánto dinero entra al sistema, sino qué estructura lo administra y a quién realmente beneficia esa estructura.
Un aparato burocrático centralizado, politizado y capturado por el patronazgo, ha convertido la Secretaría de Educación en un botín de nombramientos de confianza en lugar de un motor de excelencia académica. Puestos administrativos que deberían asignarse por mérito se reparten como favores políticos. Capas y capas de oficinas regionales y centrales consumen presupuesto que jamás llega al salón de clases. Mientras tanto, se promueve a estudiantes de grado en grado sin exigir dominio de las destrezas fundamentales, porque un país que no evalúa con rigor tampoco puede exponer sus propias fallas de gobernanza.
La consecuencia lógica de todo esto es clara: un sistema que teme medirse es un sistema que no puede corregirse. Y un sistema que no puede corregirse termina, inevitablemente, produciendo generaciones enteras de ciudadanos con destrezas de lectura y escritura insuficientes para participar plenamente en la vida cívica, económica y democrática del país.
Por ejemplo en el 2015 que fue el ultimo año que se dieron las pruebas PISA estos fueron los resultados:
Competencia Matemática: Fue el área con menor rendimiento. Cerca del 73% de los estudiantes evaluados en Puerto Rico no alcanzaron el nivel básico de competencia en matemáticas (Nivel 2 de PISA).
Comprensión LECTORA y Ciencias: Más del 50% de los estudiantes evaluados se ubicaron por debajo del nivel mínimo esperado de destrezas analíticas para su edad.
En otras pruebas nacionales que se dan en USA los estudiantes de la escuela pública de Puerto Rico salieron peor. Sospechamos que por eso no se quiere ofrecer la prueba. Por ejempo:
Los Resultados Recientes de NAEP: Puerto Rico vs. Promedio Nacional de EE. UU. (2022)
En las escalas de NAEP (que van de 0 a 500 puntos):
| Grado | Puntuación de Puerto Rico | Promedio Nacional EE. UU. | Brecha de Puntuación |
| 4.º Grado (Matemáticas) | 188 | 236 | -48 puntos |
| 8.º Grado (Matemáticas) | 208 | 274 |
Distribución por Niveles de Ejecución (NAEP 2022)
La prueba clasifica a los estudiantes en tres niveles principales (Basic, Proficient y Advanced), además del nivel por debajo del básico (Below Basic):
- 4.º Grado:
- Por debajo del básico (Below Basic): ~85% a 90% de los estudiantes.
- Básico (Basic) o superior: Menos del 15%.
- Proficiente (Proficient): Menos del 2%.
- 8.º Grado:
- Por debajo del básico (Below Basic): Más del 90% de los estudiantes.
- Básico (Basic) o superior: Menos del 10%.
- Proficiente (Proficient): Alrededor del 1%.
Finlandia demuestra que hay otro camino
No hace falta inventar una solución desde cero. Finlandia transformó su sistema educativo en cuestión de décadas, y lo hizo sobre principios que Puerto Rico ha ignorado sistemáticamente: autonomía real para las escuelas y los maestros, evaluación honesta y transparente del aprendizaje, inversión en la formación profesional de los educadores en lugar de talleres burocráticos de relleno, y una administración descentralizada que responde a resultados académicos, no a lealtades políticas.
El modelo finlandés no es una utopía inalcanzable. Es la prueba de que un sistema educativo puede reconstruirse cuando existe voluntad política genuina de anteponer al estudiante por encima del aparato administrativo que hoy lo ahoga.
Lo que el pueblo debe exigir
Si el sistema actual ha demostrado, con años de evidencia, que no puede ni quiere medirse ni corregirse, la conclusión no puede ser más reformas cosméticas ni más reorganizaciones de papel. La conclusión es que el aparato centralizado y politizado debe ser desmantelado y sustituido por una estructura que rinda cuentas de verdad:
- Adopción de PISA como estándar de medición, sin excepciones ni sustitutos locales que disfracen los resultados.
- Prohibición del ascenso de grado sin dominio comprobado de lectura, comprensión y escritura.
- Descentralización real (Eliminar totalmente la oficina central y regionales de Educación) del poder administrativo, alejando los nombramientos escolares de la influencia político-partidista.
- Eliminación de las capas burocráticas que consumen presupuesto sin tocar el salón de clases y usar la automatización de los procesos administrativos colapsando todas las formas de papel. Esto se hace usando solo una base de datos para toda la información de los programas académicos y de los estudiantes.
- Inversión en el desarrollo profesional universitario genuino de los maestros, no en talleres de cumplimiento que solo miden satisfacción y no han incrementado el nivel académico de los estudiantes.
El pueblo de Puerto Rico tiene derecho a saber por qué no se mide lo que se teme, y tiene la obligación de exigir que se mida de todas formas. Un país que oculta sus resultados académicos no está protegiendo a sus estudiantes: está protegiendo a quienes se han beneficiado, por años, de que nadie mire con demasiado detenimiento. El silencio ya ha costado generaciones. Cada año que pasa sin actuar es una generación más que se pierde.

