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Pantallas encendidas, atención apagada

El costo neurológico del uso prolongado del teléfono inteligente y las redes sociales en la niñez, y lo que otros países ya están haciendo al respecto

Hace una generación, la pregunta de un padre preocupado era cuánta televisión veía su hijo. Hoy la pregunta es distinta y más urgente: cuánto tiempo pasa ese niño con un dispositivo que cabe en la palma de la mano, conectado a plataformas diseñadas por ingenieros de la persuasión para capturar y retener la atención humana el mayor tiempo posible. La evidencia científica que se ha acumulado en los últimos dos años ya no permite hablar de esto como una simple preocupación anecdótica de madres y maestros. Hay datos duros, publicados en revistas revisadas por pares, que vinculan el uso prolongado de pantallas en la niñez con síntomas propios del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), e incluso con cambios medibles en la estructura del cerebro en desarrollo.

Lo que dice la evidencia reciente

El hallazgo más contundente proviene de un estudio japonés publicado en octubre de 2025 en la revista Translational Psychiatry, del grupo de investigación de la Universidad de Fukui, liderado por Qiulu Shou. Los investigadores dieron seguimiento a niños de 9 y 10 años durante dos años y encontraron que un mayor tiempo de pantalla al inicio del estudio predecía síntomas más severos de TDAH dos años después, incluso después de controlar por la severidad inicial de los síntomas. Más revelador aún: el estudio identificó cambios físicos en el cerebro asociados a ese uso prolongado, entre ellos un adelgazamiento de la corteza cerebral —la capa externa responsable del pensamiento superior y la atención— y un menor volumen del putamen derecho, una estructura vinculada al aprendizaje del lenguaje, la adicción y el procesamiento de recompensas. Es decir, no se trata solo de que el niño “se distraiga más”; hay una asociación con la arquitectura misma del cerebro que se está formando.

Esta no es una pieza aislada. Una revisión sistemática publicada en mayo de 2025 en el repositorio médico medRxiv, que analizó una década de literatura científica, concluyó que la exposición prolongada a pantallas incrementa el riesgo de desarrollar TDAH e intensifica su severidad, además de alterar los patrones de sueño y los hábitos alimentarios saludables, dos factores que a su vez agravan los problemas de atención. Un estudio turco publicado en 2025 en la revista Clinical Child Psychology and Psychiatry, con 215 niños diagnosticados con TDAH, encontró que el tiempo de pantalla se correlacionaba con la severidad sintomática medida mediante la escala validada de Conners. Y en Arabia Saudita, una investigación publicada en mayo de 2025 en el International Journal of Environmental Research and Public Health documentó que los niños que usaban pantallas más de cinco horas diarias mostraban puntuaciones significativamente más altas en la escala SNAP-IV, el instrumento estándar para medir síntomas de inatención e hiperactividad.

Es justo mencionar que la comunidad científica mantiene un debate legítimo sobre la dirección de esta relación: ¿el uso excesivo de pantallas causa el TDAH, o son los niños con predisposición genética al TDAH quienes buscan más las pantallas como refugio? Investigadores japoneses como Nagahide Takahashi y Kenji Tsuchiya han usado estudios de aleatorización mendeliana para explorar si el riesgo genético explica parte de la asociación. La respuesta honesta es que probablemente ambos mecanismos operan a la vez. Pero estudios prospectivos recientes —entre ellos los de Nagata (2024), Almeida (2023) y Sihoe (2023), citados en una revisión reciente sobre los efectos cognitivos de la tecnología digital— aportan evidencia de que el uso intensivo del teléfono inteligente y de las redes sociales precede, y no solo acompaña, el desarrollo de problemas de inatención. En otras palabras: aunque el niño no tuviera predisposición previa, el hábito mismo parece capaz de sembrar el problema.

El mecanismo: atención fragmentada por diseño

No hace falta ser neurocientífico para entender el mecanismo básico. Las plataformas de redes sociales no fueron diseñadas por educadores ni por pediatras; fueron diseñadas por equipos de ingeniería conductual cuyo objetivo comercial explícito es maximizar el tiempo de uso mediante recompensas variables e intermitentes: el “scroll” infinito, la notificación inesperada, el conteo de “likes”. Ese mismo mecanismo de recompensa impredecible es el que utilizan los diseños de máquinas de casino. Un cerebro infantil, cuya corteza prefrontal —encargada precisamente del autocontrol y la atención sostenida— no termina de madurar hasta bien entrada la segunda década de vida, es un terreno particularmente vulnerable a ese diseño. El resultado, según lo documentan los estudios citados, es una atención entrenada para saltar cada pocos segundos de un estímulo a otro, incompatible con las demandas de la lectura profunda, la resolución de problemas o la instrucción escolar sostenida.

Lo que otros países ya están haciendo

Mientras en Puerto Rico seguimos discutiendo si el celular en el salón de clases es un derecho o un problema, otros países ya actuaron con políticas concretas, medibles y, en varios casos, con resultados preliminares alentadores.

Australia: edad mínima nacional para redes sociales. El 10 de diciembre de 2025 entró en vigor la Ley de Edad Mínima para Redes Sociales, que obliga a plataformas como Facebook, Instagram, TikTok, Snapchat y YouTube a tomar medidas razonables para impedir que menores de 16 años mantengan o abran cuentas, bajo pena de multas de hasta 49.5 millones de dólares australianos. Para enero de 2026 el gobierno ya reportaba más de 4.7 millones de cuentas de menores desactivadas o restringidas. El propio primer ministro Anthony Albanese anunció en junio de 2026 que fortalecerá la ley ante evidencia de que muchos menores están evadiendo la restricción, lo cual confirma una lección valiosa: ninguna medida legal por sí sola basta sin acompañamiento educativo y familiar. Aun así, el efecto cultural ha sido significativo, y países como el Reino Unido, Canadá, Brasil, Indonesia, Francia, España y Dinamarca están estudiando o desarrollando medidas similares.

Países Bajos: teléfonos fuera del salón. Desde 2024 rige una prohibición nacional de teléfonos, tabletas y relojes inteligentes en las escuelas primarias y secundarias. Los primeros datos recogidos tras un año completo de implementación son elocuentes: 75% de los estudiantes de secundaria reportó que le resultaba más fácil concentrarse, 59% percibió un mejor ambiente social y 28% señaló mejoría en sus calificaciones.

Francia: de la pausa digital al “teléfono tonto”. Francia prohibió los celulares en escuelas primarias y secundarias desde 2018 y en 2024 amplió la medida con un programa piloto de “pausa digital” en 200 escuelas para 50,000 estudiantes. Una comisión de expertos presentada al presidente Emmanuel Macron recomendó cero celulares antes de los 11 años, un teléfono sin acceso a internet (“dumbphone”) entre los 11 y los 13, y acceso restringido a internet hasta los 15. En 2026 el gobierno propuso además una ley para prohibir las redes sociales a menores de 15 años.

Finlandia, Dinamarca y otros países nórdicos y europeos. Finlandia aprobó en agosto de 2025 una ley nacional que prohíbe el uso de celulares y otros dispositivos digitales durante las lecciones en los grados 1 al 9, y en 2026 su Instituto de Salud y Bienestar emitió directrices que desaconsejan el uso de teléfonos inteligentes en menores de 13 años. Dinamarca aprobó en febrero de 2025 un mandato legal similar. Italia mantiene una de las prohibiciones más estrictas de Europa, vigente desde preescolar hasta la secundaria. Según cálculos de la UNESCO, aproximadamente uno de cada cuatro países del mundo ya ha adoptado alguna forma de restricción al celular en las escuelas.

Corea del Sur. Aprobó en 2025 una ley que prohíbe el uso de celulares y dispositivos inteligentes durante el horario de clases, vigente desde 2026, citando explícitamente la preocupación de legisladores, maestros y padres por la adicción y el deterioro de la atención y el rendimiento académico.

Lo que Puerto Rico podría aprender

El patrón internacional es claro y no requiere inventar nada nuevo: (1) sacar el celular del salón de clases, con o sin excepciones médicas o educativas puntuales; (2) establecer una edad mínima real, verificable y con consecuencias para las plataformas —no para las familias— en el acceso a redes sociales; (3) emitir guías de salud pública claras, como las de Finlandia y Suecia, que orienten a los padres sobre límites de tiempo de pantalla por edad; y (4) acompañar cualquier restricción con educación en alfabetización digital y alternativas de recreación real, ya que la evidencia europea es consistente en advertir que una prohibición escolar aislada, sin ese acompañamiento, tiene un efecto limitado porque la mayor parte del uso problemático ocurre fuera de la escuela.

El Departamento de Educación de Puerto Rico, tan atareado en sostener una burocracia que no atiende ni el analfabetismo funcional ni el rezago en las pruebas estandarizadas, tiene aquí una intervención de bajo costo y alto impacto potencial, respaldada por evidencia neurocientífica y por la experiencia ya acumulada de más de sesenta países. No hace falta una nueva agencia ni un nuevo puesto de “facilitador”: hace falta la voluntad política de admitir que le estamos entregando la atención de nuestros niños, en la etapa más crítica de formación de su cerebro, a algoritmos diseñados en Silicon Valley para explotarla, no para protegerla.

Referencias citadas

Shou, Q., Yamashita, M., & Mizuno, Y. (2025). Association of screen time with attention-deficit/hyperactivity disorder symptoms and their development: the mediating role of brain structure. Translational Psychiatry, 15(447). https://doi.org/10.1038/s41398-025-03672-1

Screen Time as a factor for Attention Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD) in children: A Systematic Review. (2025). medRxiv. https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2025.04.29.25325745v1.full

Suzer Gamli, I., & Arici Gurbuz, A. (2025). Examining the Impact of Screen Time on Clinical Presentation and Symptom Severity in Children Diagnosed with ADHD: A Cross-sectional Study. Clinical Child Psychology and Psychiatry.

Screen Time Matters: Exploring the Behavioral Effects of Devices on Saudi Children. (2025). International Journal of Environmental Research and Public Health, 22(5), 741. https://doi.org/10.3390/ijerph22050741

Takahashi, N., & Tsuchiya, K. J. (2024). Commentary: Relationships between screen time and childhood ADHD: a Mendelian randomization study. Frontiers in Psychiatry. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2024.1512149

eSafety Commissioner (Australia). Social media age restrictions. https://www.esafety.gov.au/about-us/industry-regulation/social-media-age-restrictions

European School Education Platform (2026). Exploring mobile phone use in schools.

Euronews (2024-2026). Which countries in Europe have banned or want to restrict smartphones in schools? UNESCO (2023). To ban or not to ban? Monitoring countries’ regulations on smartphone u

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