Hay que decirlo sin adornos: el Departamento de Educación de Puerto Rico no se arregla, se cierra. Se desmantela por completo y se construye uno nuevo, esta vez empezando por la escuela y no por la oficina central. Porque ahí, precisamente ahí, está el problema de siempre: cuando el sistema se diseña desde arriba, lo que sobra —y casi nunca sobra suficiente— es lo que finalmente le llega al estudiante.
Cuando los oficiales del Departamento de Educación de Puerto Rico se presentan en los medios, ofrecen información que le falta a la verdad. Pudimos ser testigos de la intención de mentirle al país diciendo que los estudiantes han mejorado académicamente. Vamos a presentar la evidencia clara que sale de las propias pruebas del Departamento de Educación.
Mientras el gobierno central se sigue quedando con el dinero que debería estar en el salón de clases, Puerto Rico sigue siendo, de las cincuenta jurisdicciones de Estados Unidos, una de las que menos gasto real por estudiante logra que llegue al estudiante. Y no es porque falte dinero asignado. Es porque ese dinero se transfiere del propio Departamento hacia otras agencias del gobierno central que no tienen absolutamente nada que ver con enseñar: transportación, servicios varios, edificios y terrenos, y —agárrense— la contratación de cerca de ochocientos psicólogos escolares con salario y beneficios, en un momento en que lo que faltan son maestros y mejorar el nivel academico de los estudiantes.
Piénsenlo bien: mientras la gran mayoría de los estudiantes se sigue pasando de grado sin saber leer, sin saber escribir, sin comprender lo que leen, el sistema decidió que la prioridad era engrosar una nómina de servicios que no enseña absolutamente nada académico, y que ahora habrá que sostener con salarios y beneficios por décadas. No hay nada científico que demuestre que ese gasto —hecho de esa forma y en ese momento— mejora lo único que de verdad importa: si el estudiante aprende. En otras jurisdicciones esto no se hace así; simplemente se refiere el servicio fuera de la escuela. Aquí se prefirió construir otra burocracia.
Y cuando el dinero se transfiere del Departamento hacia esas otras agencias del gobierno central, pasa algo todavía más grave: el secretario de Educación pierde el control de cómo, cuándo y dónde se gasta. Esas agencias, que no responden por resultados académicos, hacen lo que les da la gana con fondos que nacieron para los niños. Ahí está el verdadero disparate administrativo: un sistema fragmentado a propósito, donde nadie tiene que rendirle cuentas a nadie por el aprendizaje de un estudiante.
El engaño de decir que “se está mejorando” no aguanta ni el primer dato: el aprovechamiento en ciencias, matemáticas, lectura y las demás materias ronda apenas un 35%. Ese no es un sistema con problemas puntuales. Es un sistema corrupto y disfuncional que lleva décadas subcontratando la gran mayoría de sus responsabilidades académicas, y que ha convertido al Departamento en un centro de servicios múltiples del gobierno central en lugar de una agencia enfocada en que los niños aprendan.
Por eso la solución no puede ser otra reorganización, otro plan estratégico, otro secretario con discurso nuevo y estructura vieja. La solución es cerrar el aparato central y regional tal como existe, y reconstruirlo desde la escuela hacia arriba: que el dinero se quede donde tiene que quedarse, que el director escolar y el maestro tengan autoridad real, y que ninguna otra agencia pueda seguir llevándose lo que le pertenece al salón de clases.
Evidencia Clara: Por Qué el Sistema No Ha Mejorado
A pesar de las narrativas oficiales que señalan fluctuaciones mínimas de 1% o 2% anuales como “avances”, los datos cuantitativos demuestran que el aprovechamiento académico en el sistema público permanece en un estado de estancamiento crítico y fracaso estructural:
1. El Colapso Sistemático en Matemáticas
El área de Matemáticas presenta una crisis crónica donde más de 7 de cada 10 estudiantes no dominan las destrezas mínimas requeridas para su grado en las pruebas estandarizadas locales (META-PR / CRECE). A nivel internacional y nacional (prueba NAEP), el resultado es aún más alarmante: cerca del 100% de los estudiantes de 4.º y 8.º grado se ubican por debajo del nivel de proficiencia en Matemáticas.
2. La Mayoría del Estudiantado Falla en Materias Básicas
En lectura, redacción y ciencias, el patrón se repite:
- Tanto en Español como en Inglés y Ciencias, más del 50% de la matrícula evaluada se mantiene clasificada en niveles Básico o Pre-básico (equivalente a no dominar las competencias del grado o estar en riesgo académico severo).
- En el Nivel Superior (grados 10.º a 12.º), los porcentajes de no proficiencia se disparan por encima del 80% en casi todas las materias.
3. Reprobación Institucional Masiva (Índice ABRE Puerto Rico)
Al evaluar las escuelas como instituciones a partir de sus resultados académicos, tasa de graduación y pruebas de ingreso universitario:
- Alrededor del 88% de las escuelas superiores públicas del país reciben calificaciones de ‘D’ o ‘F’.
- Solo una pequeña fracción del sistema (menos del 6%), compuesta predominantemente por escuelas especializadas, logra obtener notas de ‘A’ o ‘B’.
4. La Incongruencia entre Notas de Clase y Dominio Real
Existe una marcada brecha entre el rendimiento medido por evaluaciones estandarizadas y la evaluación interna del Departamento de Educación: mientras que las pruebas de proficiencia reflejan que más del 70% de los estudiantes no dominan el material académico, una porción desproporcionadamente alta de los boletines escolares refleja notas de ‘A’ y ‘B’. Esto enmascara el rezago real y promueve de grado a miles de alumnos sin las competencias indispensables para el trabajo universitario o profesional.
Para que el público pueda ver cómo se transfiere el dinero para educar a los estudiantes, se incluye un desglose de partidas que se transfieren de forma recurrente.
Las cifras exactas de “traspaso” agencia por agencia no están consolidadas en un solo documento público. Lo que existe son partidas dispersas en el presupuesto del propio DE, en las Resoluciones Conjuntas, y en comparecencias ante la JSF. Aquí las que sí tienen cifra verificada:
1. Sistema de Retiro (Pay As You Go — pensiones)
- FY 2022-2023: $1,093,966,000 (más de $1,000 millones) del presupuesto del DE se destinó exclusivamente a este renglón.
- FY 2025-2026: el Secretario de Educación confirmó que el Pay As You Go representa 35.38% del presupuesto estatal del DE, equivalente a aproximadamente $1,000 millones.
- Este es el traspaso más grande y mejor documentado: dinero que sale directamente del presupuesto de Educación hacia el sistema de pensiones del gobierno.
2. Corporación del Fondo del Seguro del Estado (CFSE)
- La Junta de Control Fiscal Federal autorizó $110.7 millones adicionales al DE específicamente para sustituir gastos que antes se cubrían con fondos federales y con transferencias de la Corporación del Fondo del Seguro del Estado — es decir, el DE tuvo que asumir un gasto que antes fluía por otra vía relacionada con esa Corporación.
3. Autoridad de Edificios Públicos (AEP)
- No encontramos una cifra fija de “traspaso” directo del presupuesto de Educación hacia la AEP. Lo que sí está documentado es que la OGP retiene $16.8 millones para mejoras críticas en escuelas y cuarteles de la Policía, y que la AEP ha aportado sumas puntuales (ej. ~$200,000 para una escuela en Yauco) usando fondos FEMA en coordinación con el DE — no fondos que el DE le transfiera.
4. Transportación escolar / DTOP
- Está integrado como gasto interno del DE (renglón “Servicios Comprados” y “Gastos de Transportación”), no como un traspaso presupuestario formal hacia el Departamento de Transportación y Obras Públicas. En el presupuesto 2022-2023, “Servicios Comprados” del Servicio de Apoyo pasó de $16.7 millones a $110.7 millones en un solo año (2022→2023), en parte por contratos de transportación escolar — pero el dinero no aparece como transferencia interagencial, sino como compra de servicios.
- El futuro de Puerto Rico depende de que su juventud aprenda a leer, a escribir, a pensar, a crear e innovar. Eso no va a pasar dentro de una estructura burocrática diseñada para sostenerse a sí misma. Va a pasar cuando por fin decidamos desmantelarla, cerrarla y empezar de nuevo, esta vez por los estudiantes primero.

