EL PAIS QUE DEJO BALAGUER

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Juan TH

El país que encontró el Partido de la Liberación Dominicana en 1996 cuando Joaquín Balaguer le entregó el poder, no es el mismo, 20 años después. Entonces las cosas no estaban bien, es cierto, pero tampoco tan mal como ahora. Por lo menos para las grandes mayorías que han visto como la pobreza y la marginalidad han aumentado con el paso del tiempo.

Hoy el país está más mal que antes. Triste realidad, incuestionable verdad.

El propio Balaguer dijo, poco después de haber cometido el error de entregarle el poder a Leonel Fernández, de lo cual se arrepintió hasta el día de su muerte, que había dejado un país listo para el despegue hacia el progreso y el desarrollo.

La nave de la nación no alzó el vuelo nunca. Al contrario, las alas se deterioraron, el motor se fundió y los pilotos, con Leonel como capitán y jefe de la tripulación, no despegaron nunca. La incompetencia de quienes durante 23 años se presentaron como los impolutos, trabajadores y  capaces, que resolverían los problemas nacionales en lo que canta un gallo, o en lo que dicen “berenjena”, no tenía parangón.

Resultaron ser unos pequeños burgueses “arribistas y trepadores” que buscaban enriquecerse y convertirse, como lo son hoy, en burgueses, con poderes ilimitados, porque no solo tienen dinero, tienen poder político.

La consigna: “Servir al Partido para Servir el Pueblo”, dejó de tener sentido tan pronto llegaron al gobierno. El partido se convirtió en un instrumento para el ascenso económico, político y social de sus principales dirigentes que en 20 años acumularon riquezas incalculables que jamás podrán ser justificadas. (Por eso no hacen declaraciones juradas de bienes con apego a la ley)

Atrás quedó la promesa del profesor Juan Bosch de que “ningún peledeísta se haría rico con el dinero del pueblo”. Atrás quedó la esperanza. Atrás quedó la “liberación nacional”; atrás quedaron los valores y los principios; atrás quedaron los ideales de los padres de la patria; atrás quedó Juan Bosch.

Tres mandatos de Leonel, dos de Danilo, (buscará el tercero para por lo menos empatar con su archienemigo) han servido para devastar el país y convertirlo en una pocilga miserable donde nos revolcamos todos como cerdos para ser llevados luego, con un pica pollo y 500 pesos,  al matadero electoral que sirve para legitimar sus hazañas perversas y corruptas.

En el país que Balaguer le entregó al  PLD por lo menos se podía caminar, se podía respirar, se podía vivir. Ahora no podemos caminar por ningún lado porque nos asaltan, nos atracan o nos matan. Antes, a pesar de Balaguer, incluso, nos reconocíamos los unos y los otros. Ahora no, ahora nadie conoce a nadie. El síndrome del miedo nos envuelve a todos hasta la paranoia.

No es que Balaguer fuera bueno. ¡No! En modo alguno. Era muy malo, pero no vendió el país, no lo hipotecó, no tomó dinero prestado como un loco irresponsable sin importarle la suerte de las nuevas generaciones.

El PLD se envileció y envileció a los demás. A sus esposas, padres, hijos, hermanos,  cuñados, tíos, sobrinos, amigos y relacionados que están hoy en el negocio de la política formando el relevo para continuar en el poder.  Esa organización le ha dado a los testaferros una categoría que no tuvieron nunca.

La violencia que impone el temor y el terror todos los días en nuestras calles y nuestros hogares, es la mejor aliada del gobierno. Por eso no la enfrenta con determinación, como debe hacerlo.

Es duro decirlo, pero el país del último mandato de Balaguer era mejor que el de Leonel y Danilo juntos. Por lo menos la corrupción se detenía en la puerta de su despacho. Por lo menos había contrapeso político. Por lo menos el “Cuarto Poder”  con sus niveles de independencia y de criticidad tenía el  poder que no tiene hoy porque ha sido comprada.

Si me ponen a escoger entre el país del  último gobierno de Balaguer y los todos los gobiernos del PLD, aunque me duela decirlo, me quedó con el de  Balaguer, porque el país de Leonel y Danilo es un desastre donde solo ellos y sus respectivas claques pueden vivir tranquilos y en paz, al resto nos está llevando el mismo diablo.

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