Tim Kaine, la sonrisa que esconde “una columna vertebral de acero”

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Raquel Godos |

En su primer mitin juntos, como su compañero de fórmula, la aspirante presidencial estadounidense Hillary Clinton no pudo evitar referirse a su amplia sonrisa, pero ya lo advirtió entonces, “no se engañen, detrás de ella hay una columna vertebral de acero”.

El senador por Virginia Tim Kaine, ya oficialmente candidato a la Vicepresidencia de EE.UU., demostró hoy en la Convención Nacional Demócrata esos dos atributos que la ex secretaria de Estado recogió en una sola frase, la cercanía de sus gestos y, si es necesario, la rudeza de sus palabras.

“No pueden creer ni una sola palabra que salga de la boca de Donald Trump”, advirtió hoy a los asistentes al cónclave, ante los que se mofó del magnate inmobiliario por repetir una y otra vez “créanme” en sus discursos sin explicar en ningún caso “cómo va a lograr todo lo que promete”.

Durante su intervención, en la que utilizó en diversas ocasiones su fluido español, Kaine confesó que nunca esperó estar en ese escenario, pero si un momento le cambió la vida y fue clave para llegar hasta aquí fue, según ha confesado repetidamente, cuando decidió dejarlo todo para irse de misionero a Honduras.

Cuando Kaine llegó al país centroamericano, en 1980, atravesaba esas dudas existenciales que acucian a temprana edad sobre el futuro y la vida, pero “una pequeña voz interior”, arraigada en sus creencias católicas, le impulsó a tomar un respiro en sus estudios de derecho en Harvard para averiguarlo.

“Traviesos, enérgicos y llenos de sueños” recuerda Kaine a esos adolescentes, de unos 14 años, a los que enseñaba carpintería y otras técnicas manuales en la escuela “El Progreso”, mientras que aquellos jesuitas que “habían elegido servir a los más pobres entre los pobres, lejos de sus hogares” se convirtieron, en sus palabras, en su “modelo a seguir cuando necesitaba una dirección”.

“Mis más de 30 años como abogado de derechos civiles y como oficial electo se han construido sobre la base de lo que aprendí en Honduras”, afirmó hace apenas un año, tras regresar de un viaje oficial como senador a aquella humilde escuela en medio de la crisis migratoria infantil que aún vive Centroamérica.

Allí aprendió español, del que hoy sobre el escenario hizo gala, pero además creó un fuerte vínculo con la región, una empatía especial con el continente que luego, como senador y miembro del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara alta, defendería desde su escaño.

Comenzó en el mundo de la política en 1995, como concejal del ayuntamiento de Richmond (Virginia), y desde entonces ha centrado su carrera en el servicio público, después como alcalde de esa ciudad, para luego convertirse en vicegobernador y gobernador de su estado, y acabar, en 2012, en el Senado de Estados Unidos.

Esa dilatada experiencia en política ha sido una de sus fortalezas para ser elegido por Clinton como su compañero de fórmula. Y es que además de ser un experto conocedor de la política nacional, también está involucrado en Defensa, a través del Comité de Servicios Armados del que forma parte.

Entre sus últimas batallas, y trabajando en conjunto con senadores republicanos como el excandidato a la Presidencia John McCain, ha tratado de dotar de nuevos poderes a la Casa Blanca para poder luchar contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), pero siempre sin el envío de tropas sobre el terreno.

En sus años en la Cámara alta, no ha dudado en involucrarse en la defensa de los inmigrantes dentro del país, tratando de legislar y apoyar a los indocumentados y haciendo gala de sus conocimientos de castellano para dirigirse a la comunidad latinoamericana que vive en Estados Unidos.

No es raro verle por los pasillos del Senado rodeado de una nube de periodistas de habla hispana tratando de arrancarle unas declaraciones en su fluido español, rareza entre los congresistas sin raíces latinas.

Casado con Anne Holton, ex secretaria de Educación de Virginia, desde 1984 y con quien tiene tres hijos, los que le conocen destacan de su personalidad un don especial para las distancias cortas, su cercanía.

“Sabe darle un toque personal hasta al apretón de manos más rutinario”, cuenta a Efe José Parra, exasesor del líder de la minoría demócrata en el Senado, Harry Reid.

“Hace unos meses lo vi en un evento y fui a saludarlo. Estaba hablando con el exsenador Richard Lugar, una eminencia en Relaciones Exteriores. Kaine no sólo interrumpió la conversación para saludarme, sino que le dijo a Lugar: ‘Le presento a mi amigo José'”, relata Parra, experto en comunicación política.

“Esos detalles con una persona de a pie son vitales y sobre todo en campaña -afirma-. El carisma suma votantes”.

Aunque para algunos analistas ese lado apacible y cercano de Kaine podía resultar en su contra para ser elegido para el puesto que hoy le ha sido brindado, especialmente en un ciclo electoral tan atípico y duro frente al republicano Donald Trump.

Otros sin embargo consideran que también compensa el rostro frío con el que muchos votantes perciben a Clinton, cuyo esposo, el expresidente Bill Clinton, también recomendó que Kaine caminara al lado de la ex secretaria de Estado en su senda hacia la Casa Blanca. EFE

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