Los olvidados del sur

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Para los que están en las afueras del Estadio, el poder político se determina por quien tiene derecho a entrar al Arena y quien no. En fin, quien tiene derecho al voto.

Rodolfo R. Pou. Arquitecto, Político & Empresario

Para los que están en las gradas, aquellos con derecho al voto, ese poder se define por la capacidad de convocatoria de espectadores similares a ellos a favor de un equipo “x”.

Para los que están en el terreno de juego, lo único que guarda escala con el partido, lo es, a quien se le facilita o se le impide jugar o entrar al estadio.

Para los dueños de los equipos, es un asunto de recursos, sobre quien pueda pagar por los mejores jugadores o regalar más taquillas de entrada.

La diáspora dominicana en Nueva York representa alrededor de un 20.8% del voto hispano en el Estado, siendo la representación más extensiva tras el Estado de Rhode Island con un 29.7%.

Por consiguiente, el poder político de la diáspora dominicana se intensifica en los sectores donde ésta está concentrada. Esto incita el alto interés de los políticos locales y los de la isla, por acudir insistentemente a ella y lograr su atención.

Pero no todos los que están son los que son. Según el Pew Research Center, 7 de cada 10 dominicanos en Estados Unidos son ciudadanos americanos, con un 20,000 a 40,000 naturalizados anualmente. Es decir que, además de las restricciones de edad y la habitual abstención en los procesos locales, nuestra comunidad en la Florida es prácticamente nula, ante los ojos de los candidatos y líderes.

De cierta forma sucede igual cuando nos toca votar para los de “allá”, los de República Dominicana. Según la Junta Central Electoral, unos 595,879 de los más de 900,000 dominicanos en el exterior que pudiéramos estarlo, quedamos empadronados a tiempo, y autorizados a poder ejercer el voto en las pasadas elecciones del 2020. De esos, en Florida tan solo hubo 42,016 empadronados. Apenas 5,000 votos más que la provincia Independencia. Por ello, nadie debería estar sorprendido por el desinterés que emiten los candidatos dominicanos a la Presidencia, al no considerar pasar por el Estado del Sol. Y menos después de ser electo. De hacerlo, lo hace porque corresponde con un vuelo con escala que cede la oportunidad de un photo-op.

El sur solito

Para las recientes elecciones de República Dominicana, la provincia de Azua contó con 173,212 empadronados; Barahona con 138,755; Bahoruco con 77,771; Independencia con 39,792 y Pedernales con 19,044 votantes. Pero hubo una abstención general en el país, que bordeó el 45% de los que tenían derecho al voto, lo más probable determinó que apenas 246,000 personas de las más de 448,574 que podían, se movilizaron a las urnas desde estas demarcaciones.

Más allá de los compromisos con los productores de la zona y los inversionistas que hacen sus cositas, este territorio no guarda ningún tipo de influencia sobre las decisiones importantes del país, ni en él se vislumbra un interés real de ser proyectado a su capacidad, a pesar de las intenciones y promesas que siempre se han mostrado y las más recientes iniciativas. Para ello se requiere de una población mayor a la actual, capacitada en vastas especialidades que van desde servicio hasta cultura, activa política y socialmente, pero, sobre todo, que sea militante de su porvenir y esté consciente de ello. Pero no lo veo así. Distingo un escenario disperso en lo social y lo político. De abandono y si se quiere hasta de pensamiento emigrante. Y donde no hay quien le duela lo local, no tiene posibilidad de desarrollo, ni mucho menos poderío político.

Y es lo que veo en las intenciones de desarrollar esas tierras más allá de lo que ha mostrado ser posible hasta ahora, una ilusión de veinte años que solo puede ser posible gracias a una enorme dicha que aún no se presenta.

Astigmatismo o hipermetropía 

Mi intención no es desmeritar u ofender de ninguna forma estos orgullosos centros de dominicanos, sino resaltar que como las similitudes de su detrimento político dependen de un axioma que las atan a condiciones que no controlan: la dispersión espacial, el espíritu de sus habitantes desterrarse y la percepción de que ambas colectividades parecieran portar poca resiliencia.

Si existe una fatiga de compasión es por parte de quienes aspiran a representarlas, ya que es en ellos donde no abunda el compromiso, la receptividad, el empeño y la entrega sobre sus causas.

Tres bolas y dos strikes

Paradójicamente utilice términos deportivos al iniciar este escrito, con el propósito de fijar la discusión en un lenguaje más llano que técnico. Uno que se aparta de lo aspiracional y fija la realidad de la lucha de inclusión y valoración como una con lo cual todo lector puede referenciarse. El ir al Estadio.

Los talentos ya no aseguran los espacios de liderazgo que antes lograban. Los partidos políticos y sus recursos son los que determinan quienes juegan en el hemiciclo donde se toman las decisiones. El que se nos regale o permita comprar taquillas para entrar al estadio, es otra cosa. Lo importante es que estando ya dentro, debes lograr agruparte junto a los que simpatizan por lo mismo que tú, y vociferar con ánimo las carreras que aspiramos se impulsen y los cuadrangulares que soñamos para nuestra comunidad.

Mientras no sea así, seguirán en las afueras de la Arena, sin saber bien quienes están jugando, anotando o animando a los jugadores que te representan.

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