LA PANDEMIA

0
209
FRENTE DESDE IZQUIERDA: JOSE ZAITER, GUILLERMO SENCION - ATRÁS DESDE IZQUIERDA: FRANCO BENOIT Y RALPH PATINO.

Cuando contesto mi celular me dice: “Záiter estoy en Miami, ¿cuándo nos vemos?” se trata de mi gran amigo don Guillermo Sención. Es algo muy común entre nosotros, cuando viajo a República Dominicana tiendo a hacer lo mismo. Después que el presidente Leonel Fernández nos introdujo hace aproximadamente 7 años y le dijo a él, ‘yo quiero que usted forje una amistad con Záiter’, esa amistad se ha convertido más bien en una hermandad.

Hacía meses que don Guillermo no visitaba la Florida por causa del Covid-19.  Cosa que lo tenía un poco  ansioso debido a que Miami es una ciudad de la cual él suele disfrutar. Dos días después, el mutuo amigo y reconocido abogado Ralph Patiño nos invitó para que almorzáramos con él en un restaurante localizado adyacente al río de Miami; también nos acompañaba el cuñado de don Guillermo Franco Benoit.  

Mientras compartíamos unas copas de vino y saboreábamos unos exquisitos mariscos, emprendimos una amena conversación donde no podían faltar los temas políticos, el mundo de los negocios y lo inevitable: LA PANDEMIA.

Hablábamos de cómo inesperadamente, el Coronavirus había afectado “todo” en el diario vivir del ser humano a nivel mundial. También hablamos del contagio de la misma por parte de don Guillermo, de otros amigos que habían sido afectados y otros fallecidos. Y de como las regulaciones establecidas eran tan inconsistentes de no poder asistir a una sala de cine pero sí montar en un avión repleto de personas por 6 horas o más, de poder comer en un restaurante en mesas localizadas afueras del establecimiento y no en las de adentro, de imponer un toque de queda a partir de las 7 p.m. cuando es la hora pico de tráfico y de saludar con los codos sin ningunos tener puestas las mascarillas. Pero dentro de ese compendio, la nostalgia se apoderaba de nosotros recordando los viajes a la Florida del presidente Fernández donde lo acompañábamos a sus encuentros académicos, centros y compañías tecnológicas, al igual que sus acostumbrados intercambios con la Diáspora Dominicana, entre otros aconteceres de índole social. De repente don Guillermo hace contacto con el presidente Fernández y lo incorpora a la conversación donde mayormente el hombre, con mirada serena y un hablar pausado, le ofrece al Presidente su impresión de cómo estaban las cosas en la “Ciudad Mágica”. Parecía como unos relatos de avanzada que le ofrecía don Guillermo al Presidente para que él pudiera determinar la fecha de su próximo viaje a la Florida.

Nos despedimos del amigo Patiño y tanto Franco como yo, acompañamos a don Guillermo a sus acostumbradas caminatas por los malls donde el apreciaba la soledad de sus amplios pasillos comparado con su última visita. Después, a ritmo de helados y botellitas de agua, nos sentamos en un Burger King situado en el “Downtown” donde todavía no dejábamos de hablar de la pandemia y el brutal impacto que ha tenido en la economía, esto mientras contemplábamos las desoladas calles de Miami.

Nos paramos de la mesa y don Guillermo sugiere dar su acostumbrado paseo por Miami Beach. Aunque todo esto ha sido un encuentro entre amigos, como un exitoso hombre de negocios, él a casi todo le buscaba el perfil empresarial y el impacto que podía tener, tanto positivo como negativo. Pero el hombre que estuvo confinado en su hogar por semanas a causa del Covid-19 se sentía liberado, pero con precaución y más consciente de sus alrededores.

Mientras contemplábamos a través de las ventanas del vehículo un bello atardecer que nos ofrecía la naturaleza, sirviendo de antesala las esplendorosas playas de Miami Beach, don Guillermo, Franco, el Chofer Mario y yo, nos pusimos a reflexionar aún más profundo sobre lo misteriosa que es la vida y cómo un inesperado episodio puede alterar planes, cambiar el diario vivir y hasta desmenuzar sueños. La conversación también nos llevó a lo espiritual y la importancia de la fe.

Como solía suceder cuando viajábamos con el presidente Fernández a la ciudad de Nueva York, esa pizza no podía faltar. Sugerí que fuéramos a Steve’s Pizza, lugar localizado en North Miami. Aparte de que la pizza de Steve’s es riquísima, debido a la distancia social y las nuevas regulaciones, la espera era de hora y media. Una persona como don Guillermo, que por lo general no le gusta esperar, tenía una cara de asombro mientras al mismo tiempo trataba de maniobrar que la espera fuera menos. No se logró. Terminamos en otra pizzería donde la espera fue de solo unos 40 minutos.

Cuando regresamos al estacionamiento del edificio donde tiene su apartamento en Miami me dice, “Ya no nos volveremos a ver. Te espero por Santo Domingo y cuídate de la pandemia”.

Por favor , déjenos su comentario...