SI TE VAS, QUÉDATE DONDE ESTÁS

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No es asunto exclusivamente migratorio, aunque predominantemente en ello aplica. Quien se va, al principio, satura los sentidos de tipo auditivo, en aquellos sujetos cuya distancia comienza a medirse en kilómetros de cableado telefónico, mientras se colapsan los de tipo visual, en algunos pocos interesados y otros muchos criticones, separados todos por los kilómetros tecnológicos de las redes sociales. Sin embargo, tienen razón, es una tendencia universal la de intentar impresionar con cuentos e imágenes fantásticas, los criterios de aquellos que, a posteriori, podrían servirles de pañuelo y bastón a quienes, una vez cerrada la sesión, secan sus lágrimas y se disponen a seguir enfrentando una dura y nova realidad.

Quien se mueva (a la dirección que sea), debe asumir la responsabilidad de fijar base en su nueva ubicación, sin la insistencia de procurar convencer, al que ya no le acompaña, de que se encuentra inmerso en un error. Los cambios, en ocasiones, resultan latitudinales, sin embargo, muchas veces ocurren sin variar la ubicación geográfica, pues se deben a decisiones tomadas de desplazamiento emocional, económico y hasta político o social, siendo que la mayoría de ellos obedecen a aspectos de madurez y superación personal.

En todos los ámbitos y espacios son requeridas las personas. Si todos emprendieran negocios independientes, por ejemplo, escasearía el capital humano requerido para impulsar cada emprendimiento particular, lo cual imposibilitaría la independencia económica generalizada de cada individuo. De manera, pues, que cada quien tiene un lugar jerárquico aguardándole en las diversas estructuras económicas que, dicho sea de paso, demandan perfiles específicos y destrezas determinadas.

Es por ello que ni el que empacó, ni el que se arriesgó, ni el que ingresó o culminó la universidad, ni el que saltó, ni el que compró o vendió, ni el que se casó, ni el que emprendió, están ahora mejor a aquel que, en teoría, no se movió. Moverse, no necesariamente significa avanzar, pues los pasos también se dan hacia un costado o incluso hacia atrás.

Es momento de atornillarse con responsabilidad a la propia realidad, dejar la vagabundería y definitivamente comprender que, llamar desde el exilio con modismos improvisados y acentos que reemplazan –en apenas semanas-, la modulación natal, no aventajan en absoluto sobre quienes “se han quedado en el aparato”, y que, de paso, hasta se oye mal; sin la taxativa referencia de que “acento” o “exilio”, tengan limitada una interpretación territorial

Si todos decidiéramos deslizarnos por el mismo tobogán de los sabiondos y experimentados hacedores que venden, a precio de dictadura, sus miedos y frustraciones, se acabarían los poemas  y las flores, las promesas sin escrito, las mascotas y las ilusiones; mutaríamos de piel a hojalata, y ya ni variaría la frecuencia de nuestras pulsaciones.

Zaki Banna / @ZakiBanna

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