Un asunto de Leopoldos

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Mientras los días van corriendo, se nos ha ido marcando la pauta emocional, que nada tiene que ver –por cierto-, con la meta sociopolítica planteada ni con el movimiento libertario perseguido, sino con el juego de emociones del que hemos sido objeto por agenda gubernamental.

Hace varias noches, mientras la atención estaba puesta en las aberraciones que fuerzas represoras estatuían sobre los manifestantes, así como en las quiebras inducidas por aquellos saqueadores de oficio que, por haberle agarrado el gustico a lo robado y a lo regalado, no comparten sentimiento de valoración frente al patrimonio de quienes han sacado la cara por un país que se niega a hundirse; pues en ese ínterin, un reconocido periodista anunció que Leopoldo López estaba siendo trasladado a un Hospital Militar, sin signos vitales.

Leopoldo Castillo, un excéntrico comunicador de corte opositor, y de cuyos recuerdos reviven las diversas melodías con las que salía del aire y volvía luego de los anuncios publicitarios, había anunciado tal calamidad. El anuncio puso “en jaque” tanto a la madre como a la esposa del recluso, y logró un importante “eco” en la política internacional, incluso con el aval de “información confirmada”. Para entonces, los arrestos seguían ocurriendo, las desproporcionadas represiones aún tenían lugar y los saqueos acababan con la vida de los héroes de la vida comercial; sin embargo, la visión estaba nublada, y ya todo el mundo hablaba era de la desaparición del líder opositor, intentando improvisar presiones hacia un gobierno que se hacía pasar por esquivo frente a la petición de un colectivo desesperado.

Horas después, un video de apariencia cuestionable fue presentado en la principal televisora estatal, mostrando al supuesto occiso en óptimo estado de salud. Lilian y su suegra fueron inmediatamente hacia el centro penitenciario, también de naturaleza castrense, en donde ha estado aprisionado su marido, exigiendo poder verlo inmediatamente, con énfasis en tantas dudas que derivaban de dicha producción audiovisual.

Finalmente, y luego de varios días de insistencia, logró entrar, corroborando que Leopoldo se encontraba saludable y emocionalmente estable. Para entonces, el saldo de los comerciantes fallidos se había incrementado, así como los muertos y otros tantos detenidos por las manifestaciones, las cuales seguían con relativa desorientación, en vista de tanto particular.

Las fichas fueron movidas con auténtico arte belicoso, haciendo coincidente los casi 40 días de presunto aislamiento carcelario sin visitas familiares o representación jurídica alguna, a pesar de que dicho derecho había sido restituido públicamente por quien detenta la titularidad de la Defensoría del Pueblo.

Años atrás, el apodado “Gigante”, por sus seguidores, procedió a depurarse de los funcionarios que representaban un peligro para la seguridad de su gobierno, basado en la experiencia acaecida en su contra; ahora, en cambio, por evidenciada desventaja coyuntural, la depuración ha debido tener lugar con anterioridad, realizándose un blindaje del tipo preventivo en un momento de tanta vulnerabilidad, y donde existe un descontento tan acentuado de carácter social.

El maquiavélico trabajo de inteligencia seguramente estuvo orientado hacia la declaración de tal mentira –en forma de verdad-, para con su élite enrojecida, pudiendo así dar seguimiento a la filtración de informaciones internas hacia las altas esferas de la oposición política; además, con dos consecuencias subsidiarias: la primera, medir la reacción del pueblo en la calle y de los diversos factores políticos, en caso de la ocurrencia de ésta u otra eventualidad similar; y segunda, que aun cuando internacionalmente es conocido el expediente de vida de cada uno de los actores políticos y sociales, esta situación representa un golpe hacia la credibilidad, procurando ocasionar mayor confusión en lo adelante.

El anuncio de Castillo, en principio, había sido descartado por Salvatore Lucchese, quien tuvo a bien comunicarse con personas de su confianza que hacen vida en el escenario en cuestión, pero luego eliminó su mensaje, seguramente por líneas políticas trazadas y en búsqueda del descarte de tan repercutida información, incorporándose, para entonces, al mismo plan de acción.

La extraoficialidad jamás debe ser la bandera por regla general, siendo que los rumores desvirtúan el foco y la motivación. Por otro lado, la “grieta” por la que se filtró la información anunciada ya debió haber sido detectada, y solo los albañiles políticos habrán sabido el costo de su reparación.

Zaki Banna / @ZakiBanna

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