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Romero: el dilema entre el oro y el agua en la República Dominicana

JOSE ALEJANDRO MONTESINO.-

La discusión sobre la explotación del yacimiento aurífero Romero, ubicado en la provincia de San Juan de la Maguana, ha colocado a la República Dominicana frente a una de las decisiones ambientales más importantes de las últimas décadas. Más allá del oro, la plata y el cobre existentes en el subsuelo, el verdadero debate gira en torno a una pregunta fundamental: ¿qué vale más para el futuro del país, la riqueza minera o la preservación del agua y la vida agrícola?

San Juan no es una provincia cualquiera. Es considerada históricamente como uno de los principales centros agrícolas de la nación dominicana. Sus tierras producen alimentos esenciales para miles de familias y su sistema hídrico sostiene comunidades completas, cultivos y ecosistemas que forman parte del equilibrio ambiental del sur del país.

Precisamente por ello, amplios sectores sociales, comunitarios, religiosos y ambientalistas han expresado preocupación ante la posibilidad de desarrollar actividades mineras en una zona tan sensible desde el punto de vista ecológico.

El agua como eje central del debate

El principal temor de la población radica en el impacto que podría sufrir el sistema hidrográfico de la región. Aunque la empresa promotora del proyecto ha afirmado que utilizaría minería subterránea y tecnologías modernas, la experiencia internacional demuestra que ninguna explotación minera está completamente libre de riesgos ambientales.

La alteración de acuíferos, la sedimentación de ríos, la contaminación accidental y el manejo de residuos mineros son amenazas que históricamente han acompañado numerosos proyectos extractivos en distintas partes del mundo.

En una provincia donde el agua representa la base de la producción agrícola y de la vida cotidiana, cualquier afectación tendría consecuencias profundas no solo para San Juan, sino para toda la seguridad alimentaria nacional.

No debe olvidarse que el oro es un recurso agotable; el agua, en cambio, es indispensable para la supervivencia humana y para el desarrollo sostenible de las futuras generaciones.

El valor estratégico de la agricultura

San Juan de la Maguana ha sido durante décadas un símbolo de productividad agrícola. Miles de familias dependen directa o indirectamente del cultivo de habichuelas, maíz, arroz y otros productos esenciales.

La preocupación de muchos productores radica en que una actividad minera de gran escala pueda transformar el equilibrio económico y ecológico de la provincia, desplazando progresivamente actividades agrícolas tradicionales por una economía extractiva de corta duración.

Mientras una mina tiene una vida útil limitada, la tierra cultivable y el agua bien administradas pueden generar riqueza permanente y sostenible durante generaciones.

Desarrollo sí, pero sostenible

La República Dominicana necesita inversiones, empleos y crecimiento económico. Nadie puede negar que la minería representa ingresos fiscales y oportunidades económicas importantes. Sin embargo, el verdadero desafío del siglo XXI consiste en lograr un modelo de desarrollo que no comprometa los recursos naturales esenciales.

Hoy más que nunca, el mundo debate sobre:

  • Cambio climático.
  • Protección de cuencas hidrográficas.
  • Seguridad alimentaria.
  • Conservación de bosques y biodiversidad.
  • Desarrollo sostenible.

La nación dominicana no puede quedar al margen de esa discusión global.

El caso Romero debe servir como una oportunidad para fortalecer la institucionalidad ambiental, mejorar los mecanismos de supervisión estatal y colocar la protección de los recursos naturales como prioridad nacional.

Una decisión de país

La consigna popular:

“Agua sí, oro no”

ha reflejado el sentimiento de una parte importante de la sociedad dominicana que entiende que ciertos recursos poseen un valor estratégico superior al beneficio económico inmediato.

Más allá de posiciones extremas, el país necesita un debate serio, técnico y transparente, donde prevalezca el interés nacional y la protección de las futuras generaciones.

Porque al final, la verdadera riqueza de la República Dominicana no solo está debajo de la tierra, sino también en sus ríos, sus montañas, sus bosques y su capacidad de producir vida.

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JOSE ALEJANDRO MONTESINO.-
INGENIERO
BRONX, NUEVA YORK

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