Por Alejandra Yánez Mata.—
Hoy, 4 de julio, mientras esta gran nación celebra su independencia, yo también celebro en lo íntimo de mi corazón la libertad que he conquistado al haber migrado a Estados Unidos con mis hijas y su padre, buscando seguridad, resguardo y prosperidad. Este país no solo nos dió refugio, sino que también me ofreció la posibilidad de reinventarme como mujer, madre y profesional. Por eso hoy escribo estas líneas desde la gratitud más profunda.
Migrar no es solo cambiar de territorio. Es dejar una parte del alma en la tierra donde nacimos. Es aprender a despedirse sin saber cuándo volveremos. Es llorar en silencio por lo que dejamos atrás, mientras construimos el presente con fuerza lo que deseamos para el futuro. Estados Unidos ha sido para mí un territorio de duelo, pero también de renacimiento.
Viví procesos personales intensos: una separación, el diagnóstico de autismo de mi hija mayor, y la incertidumbre de estar sin una red de apoyo cercana. Pero esos desafíos me enseñaron que la resiliencia no es una teoría, es una decisión. Y en este país encontré herramientas, mentores y espacios que me impulsaron a no rendirme.
Recuerdo con claridad una noche en la que no tenía con quién dejar a Luciana y Mariana para ir a trabajar. No tenía más opción que llevarlas conmigo. Luciana se sentó a mi lado mientras editaba un video para MadreNoticia TV. De pronto, me abrazó y me dijo: “Mami, te voy a regalar tres tips: respira profundo, deja que yo te aconseje y piensa en cosas positivas; te amo”. Con un nudo en la garganta entendí que no importa cuántas veces tropiece, mis hijas me ven como una mujer valiente, creadora al mil por ciento, y eso me sostiene espiritualmente.
Wow! Tanto que contar. Gracias a Estados Unidos me formé como Family Coach y me licencié en el área de Seguros; actualmente integro una comunidad financiera que fomenta el crecimiento personal y espiritual. Me sumergí en múltiples oficios con propósito, sin vergüenza y con mucho corazón. Desde limpiar casas, oficinas, tiendas, levantar cajas en un supermercado, hacer delivery, organizar eventos para las familias, hasta conducir entrevistas para televisión. Cada paso me ha acercado a mi verdad y a mi misión de vida.
Hoy tengo el honor de conducir Madre Noticia TV, un programa que nació de un clamor por ejercer nuevamente el periodismo con la proyección de visibilizar y enaltecer a las madres hispanas emprendedoras y empresarias. Puedo decir que es el único espacio televisivo en el Estado, dedicado exclusivamente a esas mujeres que, como yo, decidimos escribir un nuevo capítulo de vida en otro país. Este proyecto audiovisual fue posible gracias a que El Sol Network TV creyó en mi voz como periodista, y me dió un lugar para seguir ejerciendo mi pasión con libertad, propósito y autenticidad.
Pero más allá de lo profesional, este país me ha permitido auto-descubrirme, sanar y conectar con la Palabra, donde he aprendido a amar la fé como un acto cotidiano, y no como un refugio pasajero. Hoy creo profundamente en que todo lo que he vivido tenía un propósito, y Dios ha sido el arquitecto de cada paso.
Doy gracias por las amistades que he sembrado y seguiré sembrando; por los abrazos sinceros que he recibido, por las oportunidades laborales, por las mentorías que me están formando, por cada persona que me ha tendido una mano sin preguntar de dónde vengo, sino celebrando hacia dónde quiero llegar.
Hoy, mientras ondean las banderas, yo también levanto la mía. La de la mujer que no se rinde. La madre migrante que apuesta cada día por dejar huella en esta nación. La periodista venezolana que sigue narrando con el alma, entrevistando a madres y cocinando historias.
Celebro a este país que nos abrió las puertas, que nos ha permitido crecer, que nos ha obsequiado espacios para sanar, aprender y sobre todo servir a la sociedad. Celebro a Dios, porque su guía ha sido constante y fiel.
Mi mayor anhelo es reencontrarme con mis padres, mis hermanos y mi sobrino, y abrazarlos y gritar por un megáfono: DIOS, este recorrido ha valido la pena.
Mientras tanto, seguiré con mis hijas trabajando, soñando, accionando, aprendiendo, y agradeciendo, por ser parte de este territorio gigante y bendecido.
Estados Unidos, celebro tu independencia, aunque en mi pasaporte tenga un tricolor que enaltece mis raíces y vivencias.

