Tuesday, January 13, 2026
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Educación Integral vs. Mercantilismo y Burocracia: La UPR en la Encrucijada del Siglo XXI

Nellie Zambrana Ortiz, Catedrática, Facultad de Educación, Eugenio María de Hostos UPR Río Piedras, Dr. Edgar León Ayala, Catedrático, Facultad de Educación, Caribbean University, Ponce

Imagine a un grupo de residentes de medicina discutiendo los dilemas éticos y morales de sus prácticas. Esa discusión es posible porque son profesionales que tomaron cursos de filosofía, historia, fundamentos del pensamiento humano, entre otras.

Imagine a un grupo de la banca que discute los mejores productos bancarios para que la gente mantenga sus hipotecas al día. Eso es posible porque tomaron cursos de sociología, aprendizaje humano, historia de la economía.

Estos ejemplos muestran cómo es necesaria una educación integral en una profesión u oficio particular. La educación universitaria desde la UPR tiene entre sus propósitos formar profesionales para cubrir vacantes laborales pero, más que nada, tiene el objetivo de fomentar el pensamiento crítico, la creatividad, la ética y el compromiso social y cultural. Orientarse solo al mercado limita el desarrollo integral del estudiantado y de profesionales del futuro en cualquier disciplina.

Limitar la educación universitaria a responder exclusivamente a la oferta y demanda de empleos tiene varias limitaciones.  En primer lugar, el mercado laboral es inestable y dinámico. Sus constantes cambios por los avances tecnológicos, crisis económicas, desastres socionaturales y tendencias globales, no se pueden dejar de estudiar ni monitorear.

En segundo lugar, diseñar programas académicos basados únicamente en las demandas laborales del momento puede resultar en una formación que quede obsoleta en pocos años. Enfocarse únicamente en áreas con alta demanda laboral puede llevar al abandono de disciplinas menos comerciales, como las humanidades, las artes, las ciencias sociales o las ciencias puras (p. ej. física; matemáticas), que son esenciales para el desarrollo cultural, científico y social de una nación.

En estos momentos donde la inteligencia artificial está tomando auge de forma agresiva desplazando precisamente a profesionales que solo se especializan en una rama sin tener que pensar en la ética, la moral, la sociedad y la parte humana están en peligro de ser desplazados. Un enfoque excesivo en áreas de alta demanda también puede llevar a una saturación de ciertos campos, generando desempleo o subempleo, mientras otras disciplinas necesarias quedan desatendidas. Lograr cohortes de estudiantes para disciplinas esenciales se hace cada día más difícil porque se internaliza la narrativa mercantilista.

Tercero, la innovación y el desarrollo de nuevas industrias a menudo surgen de áreas menos convencionales o exploradas. Así que limitar la educación universitaria a las necesidades actuales del mercado puede frenar la capacidad del estudiantado para desarrollar ideas disruptivas o crear nuevos sectores.

La universidad pública y accesible en sus costos debe contribuir al progreso social, cultural y científico de una sociedad, más allá de satisfacer las necesidades inmediatas del mercado laboral. Las disciplinas transversales como historia o filosofía deben estar en todo currículo universitario para formar una ciudadanía crítica y sensible con espíritu hostosiano.  En palabras de Giroux (2002): “Las universidades son uno de los pocos espacios que quedan donde el estudiantado puede aprender el poder de cuestionar la autoridad, recuperar los ideales de una ciudadanía comprometida, reafirmar la importancia del bien público y ampliar sus capacidades para marcar la diferencia”.

Ahora bien, en materia de lo que sí tiene que fiscalizarse,  están los gastos administrativos. La alta gerencia de la universidad  y la Junta de Control Fiscal han ignorado totalmente el gasto desmedido de una administración central que ya no se justifica. El rol de una presidencia universitaria es recaudar recursos y defender la fórmula 9.6% de financiamiento público que la protege de los embates de la inflación. Los logros de la docencia y sus estudiantes tienen que ser divulgados y apoyados económicamente, con fondos públicos y con fondos externos.

La docencia de la  Universidad de Puerto Rico cuestiona enérgicamente la gestión administrativa en cuatro áreas críticas. En primer lugar,  el elevado costo de su burocracia central: informes de la Oficina del Contralor (2021) revelan que más del 30% de su presupuesto se destina a gastos administrativos, incluyendo estructuras redundantes en áreas como finanzas y recursos humanos. Aunque universidades como Arizona o el MIT han reducido estos costos hasta un 20% mediante inteligencia artificial —automatizando nóminas, atención estudiantil (con chats) y procesos documentales—, la UPR no ha implementado públicamente estas soluciones, a pesar de su viabilidad técnica señalada por personas expertas.

En segundo lugar, persiste una resistencia a la virtualización global. Se generan ingresos y prestigio con cursos masivos en línea (MOOC) como lo hacen muchas universidades de prestigio.  El catedrático jubilado Dr. Juan Meléndez creó en el 2014 el primer MOOC interactivo que fue premiado a nivel internacional. La gerencia tiene que destacar y remunerar a la docencia por estos productos intelectuales y ponerlos a generar fondos.  

El tercer punto expone una contradicción institucional: entre 2017 y 2023, se cerraron 78 programas académicos (Informe Institucional UPR), mientras la planta administrativa solo se redujo un 5%, priorizando la estabilidad burocrática sobre la calidad educativa. Analistas como la senadora María de Lourdes Santiago atribuyen esto al clientelismo político en la asignación de cargos, un sistema que protege élites partidistas y frena reformas.

En conclusión, la UPR parece anclada en modelos del siglo XX, desaprovechando tecnologías accesibles y manteniendo estructuras opacas que subordinan su misión educativa a intereses políticos. Como señalan auditorías y medios locales, su sostenibilidad depende de auditorías independientes y reformas que mejoren y ajusten su administración con estándares internacionales de eficiencia y transparencia, urgentes para rescatar su rol académico en un contexto global competitivo.

Evaluemos todos los ángulos; embistamos los ataques mercantilistas limitantes para que la UPR sea capaz de cumplir con su verdadera misión que supera la lógica mercantilista y la burocracia de su gerencia.

Fuentes: Informe de la AACRAO (2022), OCPR (2021), El Nuevo Día (2023).

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