Como pasan los años

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La mesa de izquierda a derecha: Carlos de la Huerga, José Záiter, Antonia Reinoso y Olga Cos Záiter.

Hace unos meses atrás, mi prima Olga estaba planificando donde iba a celebrar su cumpleaños. Por lo general, le gusta pasarlo lejos de su casa, bien sea otra ciudad de los Estados Unidos u otro país. Cuando me consultó, le sugerí San Diego, California, ya que ella nunca había visitado esa joya californiana.

Le gustó la idea y de inmediato se comunicó con su prima Antonia “Toña” y su eterno amigo y compañero de estudios Carlos para entusiasmarlos a que la acompañaran en un momento tan especial en su vida. Como se dice en el argot popular, ellos se apuntaron de inmediato. Cuando me invitó, yo también me apunté.

Además, me surgió la idea de que como a los cuatro nos gusta la música del legendario cantante Frank Sinatra, que aprovecharamos el viaje y añadieramos un tributo a Ol’ Blue Eyes “Viejos Ojos Azules” como se le solía llamar a Sinatra, visitando así, sitios frecuentados por el.

Particularmente en la ciudad de Palm Springs donde mayormente residía y está enterrado. En esa ciudad, localizada en el Desierto Colorado y dentro del Valle Cohachella, visitamos el bar favorito “Melvyn’s” donde yo pedí su trago predilecto, un whiskey Jack Daniels a la roca. Decía que era el nectar de los Dioses.

Ahí nos deleitó un cuarteto musical de veteranos donde sus arrugas y pausado hablar marcaban el compás no solo de la canción Fly Me to the Moon “Vuelame a la Luna”, hecha famosa por Sinatra, sino más bien de recuerdos salpicados dentro de una nostalgia general. Nos hicieron sentir que Frank estaba a nuestro lado compartiendo con nosotros.

Después, visitamos sus antiguas residencias, sus restaurantes favoritos y por supuesto, su templo de descanso. Entramos al cementerio Desert Memorial Park oyendo sus éxitos y haciéndole el coro.

Cuando finalmente llegamos a su tumba, hicimos un brindis de Jack Daniels y también le roseamos a su lápida para que nos acompañara. Al despedirnos, le dejamos varias monedas de diez centavos ya que siempre acostumbraba tenerlas en sus bolsillos por si se le presentaba una emergencia poder llamar de un teléfono público. También sus tootsie rolls – dulce favorito. Se dice que en su ataud le entraron esas tres cosas.

De mi parte, cuando estuvimos en Los Angeles, ciudad donde Frank grabó sus mejores canciones y le presentaron un Oscar como el mejor actor en la película, From Here to Eternity “De Aqui a la Eternidad”, visité la barbería en Beverly Hills donde él, y otros famosos tales como Clark Gables, Orson Wells, Dean Martin y el presidente Ronald Reagan se daban el “look” para la pantalla grande.

Mientras Carlitos me recortaba y afeitaba, cerré mis ojos y me transporté a esos años dorados y sentía que ellos estaban ahí conversando conmigo. Solo para despertarme al final y caer en la realidad que las dos personas que también se estaban recortando el pelo eran unos jovenes en sus treintas. En la Barbería Gornik & Drucker solo quedaban los fantasmas de esa era. Hasta Carlitos lucía joven y de seguro no se identificaba con esa época dorada de Hollywood.

El cumpleaños de Olga lo celebramos en San Diego donde ella eligió hacerlo y con la bella ciudad de antesala y la brisa del mar acariciando los años, donde ella disfrutó un natalicio más en nuestra compañía. Como pasan los años.

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