Sunday, February 8, 2026

A TODO GALOPE

La muerte solo puede descifrarla la fe que se apodera del creyente en Dios, por lo menos esa es la explicación que yo le encuentro.

Soy hijo de la época dorada del merengue (la década de los años 80). Mis ídolos: Johnny Ventura “El Caballo Mayor”, “El Mayimbe” Fernando Villalona, Cuco Valoy, “El Negrito de Villa” Sergio Vargas, Aramis Camilo y La Gran Manzana.Aunque un cantante de larga data, a Rubby Pérez solo lo identificaba con la canción “Volvere”. Pero algo sorprendente  sucedió el pasado 25 de Marzo pasado. Me puse a ver Los Premios Soberano, principal galardón de arte y espectáculo de República Dominicana,  más bien para disfrutar las canciones de mi cantante mexicano favorito, Alejandro Fernández.  

Pero el talento, capacidad vocalista y dominio del escenario demostrado por Rubby Pérez durante su actuación, electrifico al público en el Teatro Nacional y simplemente superó a todas las otras presentaciones  – como si fuera una despedida. Esa noche el orgullo de Haina ganó otro fanático. 

Ese pasado mes de Marzo, el 31 para ser exacto,   también se cumplieron 30 años de la muerte inesperada de Selena, cantante de descendencia Mexicana quien solo contaba con la tierna edad de 23 años. Era talentosa, hermosa y con una carrera en ascenso al estrellato mundial. Recuerdo que 15 días antes de su desaparición, estuvo cantando en el Festival de la Calle 8 de Miami y me aseguré de llegar temprano para poder seleccionar un lugar cerca de la tarima y disfrutar de su presentación. Solo para enterarme dos semanas después de su repentina partidacausada por una bala asesina.

Otra vez la muerte se impone sin misericordia y llega tan repentina e inexplicablemente  como una estrella fugaz.

Esta vez en el lugar más emblemático de la vida nocturna de Santo Domingo –  la casa del merengue de la Capital Dominicana – El Jet Set Night Club.

En Tarima mi nuevo favorito Rubby Pérez y Orquesta y cientos más disfrutando los momentos de alegría que ofrece la vida.

Pero durante la primera hora de ese domingo 8 de abril el destino hizo una mala jugada y el techo de cemento  se desplomó en forma de cuadrilátero y en segundos, como si fuera a todo galope,  se apagó la luz para siempre del lugar y también para Rubby y 231 personas más y dejaron de estar entre nosotros.

Tengo días oyendo continuamente  las canciones de Rubby. Es mi  tributo a la voz más alta del merengue.      

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