Después de la tragedia ocurrida en el Jet Set, el pasado 8 de abril en Santo Domingo, he llegado a la conclusión, que mañana no es una garantía. Somos muy frágiles ante fenómenos naturales, accidentes, enfermedades y situaciones imprevistas, que se escapan de nuestro control.
La pérdida de un ser querido, es sinónimo de dolor, de desgarramiento emocional, vacío, angustia, de soledad y a veces de depresión, nadie está preparado para la muerte. Por más que se hable, cuando toca a nuestra puerta, duele y toma tiempo sanar. Sobre todo, cuando la muerte nos sorprende, cuando se anticipa, cuando no avisa.
Cuando la muerte es producto de una enfermedad, la familia se prepara, para la etapa final, porque el cuerpo se va yendo poco a poco, en particular si se habla de una larga y crónica condición de salud.
Aun así, nadie se salta la fase del duelo, hay que pasarla y continuar adelante, por los que siguen vivos. El duelo por muerte o desaparición física, puede durar de 6 a 18 meses, pero todos procesamos los eventos de la vida de manera diferente, hay personas que pueden durar años en superarlo.
Hay personas que no superan el duelo fácilmente, creando un vacío, una fase traumática, donde la tristeza y la falta de confort emocional se hace aguda. Por lo que deben acudir a un profesional de la salud mental, para buscar ayuda, resignación y la fortaleza necesaria, para continuar con sus vidas, con aceptación y fe.
Hay tiempo en que la tormenta nos atrapa, nos arropa y casi nos asfixia, la muerte nos puede sorprender en los momentos más felices, más importantes, en ocasiones festivas o en la cumbre de nuestras vidas. ¨No es la enfermedad la que mata, es la hora¨, esto podemos aplicarlo a los turistas que murieron en el Titanic, al asesinato del presidente John F. Kennedy, en Dallas,Texas y a las víctimas de la tragedia del Jet Set, recién ocurrida.
Nosotros no elegimos el destino, del que tanto se habla, el destino nos escoge a nosotros. Por ello es necesario compartir calidad de tiempo con nuestros seres queridos, ser más amables y más atentos con nuestros relacionados. Buscar en cada amanecer, en cada brisa que nos trae el alba, mil razones para agradecer, la generosidad de los que nos rodean, por el aire que respiramos, por la vida terrenal, impredecible y a veces breve, porque ¨mañana, no es una promesa¨.

