Casi un centenar de sacerdotes han fallecido en Italia

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Un total de 96 sacerdotes han fallecido en Italia en coronavirus tras haber consolado a pacientes y sus familiares que permanecían ingresados en hospitales y residencias de ancianos distribuidos por todo el país, según han confirmado a Europa Press fuentes de la Conferencia Epsicopal Italiana.

Giachino Basile fue el primer sacerdote fallecido tras haberse contagiado por el virus. Tenía 60 años y desde 1988 vivía en Estados Unidos. Después, le siguió don Corrado Forest, de 80 años, de la región del Véneto que, según medios locales, señaló antes de morir: “No está mal que algún sacerdote se contagie de esta enfermedad para poder compartir el dolor y todo lo que viven con este virus tantas otras personas”.

La imagen del sacerdote Cirillo Longo de 95 años, mientras sujetaba con fuerza un rosario para infundir ánimos entre el personal sanitario que lo atendía, conmovió a los italianos. Según los medios locales afirmó cuando estaba en el hospital: “No tengáis miedo, porque todos estamos en las manos de Dios. Nos vemos allí”. Muchos de estos sacerdotes han sido considerados héroes, como el párroco Giuseppe Berardelli, de 72 años, muy querido por sus feligreses de Casnigo (Bérgamo), a los que saludaba siempre con la misma frase: ‘Paz y bien’.

Muchos de los pacientes hospitalizados por Covid-19 no han podido recibir el consuelo de sus familiares por las estrictas medidas de distanciamiento que han impuesto los centros sanitarios para evitar el avance del contagio. El padre Aquilino Apassiti, de 84 años, que fue misionero en las selvas de Brasil durante 25 años, se ha ocupado de confortar a los parientes de las víctimas del coronavirus en el hospital Papa Giovanni XXIII de Bérgamo, una de las ciudades más afectadas por la pandemia en Italia.

En declaraciones al diario italiano La Stampa ha manifestado: “Mueren solos; los familiares de los difuntos me llaman, yo meto el teléfono móvil cerca de sus seres queridos y rezamos juntos. La mayor parte del tiempo la paso en la capilla rezando. A menudo, por la tarde viene una cardióloga y rezamos”.

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