Barrio de La Huaca, vestigio de razas que llegaron a América

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Fotografía con fecha del 10 de julio de 2018, que muestra una vista general del Barrio de la Huaca, en el estado de Veracruz (México). EFE

Las fachadas de madera con tonos coloridos se suceden una tras otra en un barrio cuyos aromas evocan lejía y una historia de esclavos africanos, indígenas mesoamericanos y españoles furtivos.

En el corazón del puerto de Veracruz, fundado por los españoles hace casi 500 años frente a las aguas del Golfo de México, “frágiles” viviendas de madera de pinote americana y teja marsellesa de estilo francés de barcos vetustos, resisten el tiempo con una dignidad sorprendente.

El Barrio de la Huaca, construido hace mas de 300 años por peones y esclavos africanos, es el origen de una identidad mexicana forjada por una tercera raíz: los negros africanos, con todo y su música, comida y alegría por la vida.

“Es el único vestigio que nos da la identidad y la amalgama de razas que llegaron a América”, afirma Noemí Graciela Palomino Galván, conocida como “La Güera Palomino”, la líder de los habitantes del barrio compuesto por 28 patios y ocho manzanas construidos en el siglo XVII.

Cuna de 500 esclavos, ubicado a las afueras de la muralla que protegía al viejo puerto acabó en un amasijo de pescadores, jornaleros, cargadores, pregoneros, lavanderas, artesanos, prostitutas y músicos, hijos de los muelles y del mar.

“Nosotros somos gente de mar y por el mar gracias a España llegó la civilización. Aquí históricamente y sociológicamente nace Veracruz: el semillero de la alegría, de la pasión por la música y el baile”, afirma Palomino.

Llamada antiguamente “Ciudad de Tablas”, a la distancia se reconocen oficialmente – por parte del Instituto Nacional de Antropología e Historia- la autenticidad de tres patios de vecindad: “San Nicolás”, “San Salvador” y “La Favorita”, este último considerado como uno de los más antiguos de América Latina.

Cada mañana, La Güera camina por los callejones, esos donde en 1914 ocurrió una revuelta civil contra las tropas estadounidenses que invadieron México y donde en los años veinte se gestó “la rebelión de las mujeres” con una protesta masiva contra el pago de rentas excesivas.

Desde su óptica no solo españoles, indígenas y africanos se conformaron en uno solo, sino también se sumó sangre de cubanos, libaneses, franceses, italianos y chinos que arribaban en barcos mercantes.

Fotografía con fecha del 10 de julio de 2018, que muestra a la líder Noemi Graciela Palomino Galvan posando, en el Barrio de la Huaca, en el estado de Veracruz (México). EFE

Una descendiente de cubanos es María Lorena Valeria, una mujer morena de 58 años que forma parte de las estampas cotidianas de un barrio que a fuerza de razón es parada obligada turística.

“Me gusta vivir aquí porque está alegre y me siento como si estuviera en mi pueblo, con gente amigable”, afirma y mira las plazas y salones donde por primera vez en México se bailó y cantó al ritmo del son, danzón, la rumba y el guaguancó.

Cantautores de gran renombre como Toña “La Negra”, Agustín Lara “El Flaco de Oro”, Manuel “El Negro” Peregrino, Pedro Domínguez “Moscovita”, se inspiraron en La Huaca, ese rinconcito de tierra con raíces negras.

“Aquí se canta y declama en una fusión de culturas: mestiza y caribeña, una fusión impresionante”, describe el director del Centro Histórico de Veracruz del 2014-2017, Manolo Ruiz Falcón.

Se trata de un arquitecto que impulsó, junto con el gobierno federal, la renovación de ese pedazo de historia a través de una inversión de 40 millones de pesos (dos millones de dólares) que implicó la recuperación de espacios públicos, corredores seguros, renovación de banquetas con concreto estampado, luminarias con estilo del año 1900 y el resurgimiento del callejón en honor a Toña La Negra y Agustín Lara.

“Su riqueza es la tradición y la cultura porque aquí la gente sale, saca sus sillas y plática, esa es la esencia del barrio con raíces negras”, agrega.

Parte de esas raíces las tiene en su ADN Miguel Contreras Córdoba, un colono de 70 años de edad que afirma ser orgullosamente africano en un barrio mexicano. “Yo soy africano, mis hermanos son negros, pelo chino y así era mi papa: negro, medía dos metros y tenía ojos verdes”.

Concede un poco a la fortaleza del oriundo del país ibérico y a los indígenas que poblaron esta tierra hace siglos, pero con una sonrisa que descubren sus pocos dientes dice que “la raíz negra es la más fuerte”.

Quizá por eso, en las ventanas y puertas abiertas de par en par de estas casas de laberinticos callejones surge siempre una mezcolanza de música con el sello de la pasión, alegría y el sentimiento que equilibra el alma del yugo de todo un día de trabajo.

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