ANIBAL DE PEÑA CANTOR DE LA PATRIA

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Anibal de Peña y su esposa Iluminada Jiménez.

Como autor del himno constitucionalista y de una vasta obra artístico-musical conectada a la defensa de la nación y la democracia, Aníbal de Peña debe ser bautizado “Cantor de la Patria”, a juicio de periodistas, politólogos y abogados que participan en unas tertulias sabatinas que se celebran en el club de profesores de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), dirigidas por el escritor y dramaturgo Jimmy Sierra.

El sobresaliente artista: cantante, compositor y pianista, es autor además de las canciones “Patria querida” y “Enriquillo”, ambas de corte patriótico; siendo la segunda un poema sinfónico dedicado a exaltar la figura del cacique taíno que en 1519 plantó rebeldía en la Sierra de Bahoruco contra la opresión de los colonizadores españoles. También, es creador de la música del himno perredeísta, cuya escritura es obra de José Francisco Peña Gómez y estribillo sugerido por Ángel Miolán (“Que viva, que viva el Partido Revolucionario/el partido del pueblo, de la Libertad”). Inspirado en una marcha patriótica inglesa y en el himno La Marsellesa, de Francia.

Aníbal de Peña participó en un concurrido encuentro, efectuado en la mañana del sábado 28 de septiembre, donde rememoró que esta pieza musical, tarareada por multitudes durante largo tiempo, fue inicialmente objeto de ácidas críticas de grupos de derecha en el país, a través de su principal vocero, el periodista Rafael Bonilla Aybar.

Explicó que el reconocido comentarista, en su programa diario por la emisora HIN y Rahintel canal 7, no se cansaba de repetir que los comunistas ya tenían su cántico marcial, equiparable en popularidad a la canción Nathalie, interpretada por los hermanos Arriagada y convertida en la más relevante inspiración de rebeldía juvenil de la época.

Al final de este emocionante relato, que se sustentó en cuantiosos datos inéditos, el periodista Carlos Márquez destacó la entrega del artista a las mejores causas nacionales y su accionar en el mundo del espectáculo, pidiendo a los componentes de aquella peña cultural que firmaran enseguida un manifiesto solicitando al Congreso Nacional que lo declare “Cantor de la Patria”.

Igualmente, exhortó a comprometerse difundir el documento por los diversos y variados medios informativos impresos y digitales, en procura de crear opinión pública y sumase un amplio respaldo de instituciones gremiales, culturales, académicas y profesionales.

Esa exposición fue secundada a unanimidad y, más adelante, los periodistas Eli Heiliger, del matutino Diario Libre y Eulalio Almonte Rubiera, exdirector del diario El Sol y Noti-Tiempo, iniciaron una tanda de comentarios y preguntas, resaltando la fértil inspiración del artista y su compromiso social.

Asimismo, se escuchó una escueta reflexión sobre la producción musical de Aníbal de Peña, en la voz emocionada de la abogada Dalia Féliz, quien manifestó su asombro por la buena salud física y mental del artista y su admiración por su adaptación a los nuevos tiempos de reggaetón y música urbana, sin ceder en su perseverancia por reivindicar la calidad de la música vernácula, pese a sus 86 años de edad.

En esta ocasión también hablaron Julio Aníbal Suárez, exmiembro de la Suprema Corte de Justicia; Domingo Batista, periodista-director de Magazink, una revista de pensamiento global; Luis Collado, abogado especialista en administración de propiedades; Fernando Ramírez, periodista y escritor; Juan Cruz Triffolio, sociólogo y productor de TV; Máximo Taveras, ingeniero y excónsul en San Juan, Puerto Rico; Nelson Gómez Bautista, empresario-propietario de Apolo Taxi y Elsa Catalina Ramírez Tolentino, folklorista y productora del proyecto cultural “Rituales”.

Igualmente, Juan Manuel García, exdirector del periódico El Siglo; Héctor Francisco Minaya Rosario, jefe de redacción de El Nacional; Rafael Menoscal Reynoso, director de la revista “País dominicano temático”; Héctor Martínez Fernández, exsecretario general de la UASD; Claudio Rafael Cabrera Estévez, catedrático universitario y Alexis Almonte, reportero de Color Visión.

Rol constitucionalista del artista 

Aníbal de Peña no sólo es el autor del himno de la Revolución de Abril, sino que, además, es un discreto protagonista de la guerra patria desde el inicio del levantamiento militar en los campamentos 16 de Agosto y 27 de Febrero al mediodía del 24 de abril de 1965 y de la sublevación popular que puso fin al gobierno de facto que presidía el doctor Donald Joseph Reid Cabral.

En la tarde del día siguiente, el artista recibió en su hogar de la calle Polvorín de la ciudad intramuros, en la capital, a su amigo José Francisco Peña Gómez, secretario de prensa y propaganda del partido blanco, quien le  pidió que lo trasladara en su vehículo hasta Radio Televisión Dominicana, llamada entonces Radio Santo Domingo, que se encontraba bajo el control de los militares constitucionalistas, razón por la cual el dirigente político se había propuesto usar este poderoso canal para dirigir un mensaje de esperanza a la población.

Sin embargo, no bien llegaron a la intersección de las calles Doctor Tejada Florentino y Barahona, cuando notaron que numerosos soldados del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas (CEFA), dirigidos por el coronel José de Jesús Morillo López, habían rodeado la estación radiotelevisiva, iniciándose un intenso tiroteo entre los bandos militares en pugna y produciéndose en medio de la confusión, la detención del vehículo del artista.

Casi al instante, Peña Gómez fue desmontado del automóvil; siendo apresado por dos soldados que lo encerraron en el cuartel policial situado en las proximidades de la estación de radio y televisión, obedeciendo las órdenes del alto oficial quien les ordenó y responsabilizó preservar la vida del dirigente perredeísta.

Aníbal de Peña salió ileso de esa peligrosa situación; regresó sin inconveniente al seno de su familia y poco más tarde, sentado en su hogar, llegó hasta sus oídos el cercano repiqueteo de la sirena de alarma del cuerpo de bomberos, cuyo cuartel general estaba situado en la avenida Mella esquina Palo Hincado, y ese sonido alertó su pensamiento y sirvió de inspiración para crear las notas musicales y las estrofas del himno de la Revolución de Abril:

(“A luchar soldado valiente/que empezó la revolución/a imponer los nobles principios/que reclama la constitución/Desgarró la noche serena/la sirena de la libertad/cual clarín que llama a la guerra/defendiendo la Patria inmortal/Como hermanos de Duarte luchemos/que ya Mella en el grito encarnó/si cual Sánchez al martirio iremos/venceremos como Luperón/No cedamos un paso marchemos/Por senderos de gloria y honor/y otra vez al traidor venceremos/y otra vez al grosero invasor …”).

Días después, en un encuentro que sostuvo con el coronel Caamaño, en la calle El Conde, el líder militar ordenó al ministro de la Presidencia, Hector Aristy Pereyra, asumir dicho himno para que se tocara en la emisora que respondía a la causa constitucionalista; sendo rápidamente grabado en la voz del artista, en los estudios que dirigía Fabio Inoa en la fábrica de discos creada en 1959 por el ingeniero Pedro Pablo Bonilla, dueño de HIN y Rahintel.

Desde ese instante el nombre de Aníbal de Peña entra a la historia enlazado a la rebelión armada liderada por el coronel Caamaño, sin que tuviera que disparar un solo tiro en esta acción patriótica, aun llevando al cinto un revólver niquelado que le regaló el líder militar por vía de su tío materno, el mayor Alejandro Deñó Suero (Chibú).

Entonces obtuvo el grado de teniente del ejército constitucionalista y recibía instrucciones del comandante Manolo Bordas, que le encomendó la dirección de un grupo de profesionales que asistía a los combatientes en la protección de las propiedades de la ciudad y en la faena de hacer con picos y palas zanjas estratégicas en las calles para obstaculizar la movilidad de los equipos de guerra de las tropas invasoras, las cuales habían ocupado el área sur de la capital y establecido un corredor de seguridad para aislar la zona constitucionalista, en el interés de vencer a los patriotas.

En esa labor se mantuvo hasta el 31 de agosto de 1965, cuando el coronel Caamaño firmó el “Acta de Reconciliación” que posibilitó la instauración de un gobierno provisional presidido por el doctor Héctor Rafael García-Godoy Cáceres, instalado el 3 de septiembre en una ceremonia celebrada en el Palacio Nacional, donde el Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo sorprendió a los presentes entonando el himno constitucionalista luego del himno nacional.

Así lo recordó el líder de esta peña cultural, doctor Juan Samuel Sierra Gómez (Jimmy), en un análisis sobre este canto revolucionario que -según sostiene- “es una pieza musical fuera de serie que eterniza a su autor, al ser escrito -como pocos- en el fragor de la lucha armada y perdurado con el tiempo”.

Este himno es entonado con fervor en cada aniversario de la segunda ocupación estadounidense al territorio nacional y cuando ha sido necesario defender con presteza la Constitución de la República, amenazada de manera constante por grupos enquistados en el poder político que ponen en peligro la institucionalidad democrática. 

Por su creación, Aníbal de Peña confrontó muchas dificultades y vivió días amargos luego de la guerra de abril, como aconteció a mediados de 1966 durante una presentación artística en un centro recreativo de la ciudad de Santiago Rodríguez, donde un sargento mayor del Ejército intentó agredirlo y pudo salvar la vida por la oportuna intervención del comandante del destacamento militar que -tras ver lo que ocurría- entró al escenario y pudo dominar a su subalterno, evitando que allí corriera la sangre.

Una semana después, ese sargento mató a su esposa, a sus hijos y a su suegra, y aunque fue frenado en su designio homicida, a su historial criminal se añadió también el asesinato en el poblado de Haina de un chofer del coronel Caamaño.

En 1966 Aníbal de Peña fue igualmente maltratado en Santiago, durante la celebración de un concierto que fue reprimido por un contingente policial en el momento en que cantaba el himno constitucionalista. En esa ocasión, fue arrestado y sacado de la ciudad en un vehículo oficial que lo llevó hasta un extraño lugar donde tuvo que suplicar la asistencia de sus moradores para poder encontrar el camino de regreso a su hogar en Palmar de Ocoa.

Hay que agregar además que, debido a su sobresaliente contribución a la causa constitucionalista, durante un buen tiempo le estaba prohibida la entrada a Radio Televisión Dominicana, pudiendo vencer ese obstáculo en 1968, cuando fue integrado a su elenco artístico por disposición del recién nombrado director, Ramón Lorenzo Perelló. 

Aun así, el artista seguiría soportando la hostilidad de militares golpistas que se negaban a armonizar con sus adversarios para restablecer la convivencia democrática después del conflicto abrileño; siendo patente esa animadversión en febrero de 1969, cuando Ramón Lorenzo Perelló le pidió que se comunicara en su nombre con un mayor de apellido González, en el Ministerio de las Fuerzas Armadas, a fin de programar la participación de sus estrellas del canto en las fiestas de conmemoración del aniversario de esa institución y del natalicio del prócer Matías Ramón Mella.

Luego de conversar con el referido oficial, junto a los artistas Gerónimo Pellerano, La Negra del Trópico y la vedette María Antonieta Ronzino, salió rumbo al club de oficiales de esa institución y al llegar allí se asombró al contemplar que sus acompañantes eran aplaudidos al entrar en escena, tras ser anunciados por el maestro de ceremonias, pero el autor del himno constitucionalista recibía un prolongado abucheo.

Esa actitud variaría drásticamente a partir de la gestión del teniente general Miguel Ángel Soto Jiménez como ministro de las Fuerzas Armadas, en el período 2000-2004, ya que en esa nueva fase de profesionalización institucional, los jóvenes militares de la Fuerza Aérea, la crema y nata de esa entidad, lo invitaron a amenizar con su voz romántica una fiesta en el club de Arroyo Hondo y en el curso de su recital de canciones, les pidieron que entonara el himno de la Revolución y ellos mismos lo acompañaron con emoción y reverencia.

Entonces, en el acreditado club de Arroyo Hondo se había producido un hecho histórico inolvidable que desvanecía el recuerdo de la última vez que cantó este himno en público, en Santiago, donde fue detenido y vejado. Ahora experimentó una triste sonrisa solazada en la visión de estos jóvenes oficiales que vocalizaban junto a él el himno constitucionalista, originando que íntimamente quisiera comprender qué había ocurrido para que esos muchachos traumatizados con tantas ideas absurdas que metieron en sus cabezas, entonaran con orgullo las notas del himno que era la máxima expresión de la Revolución de abril.

Este instante de alegría y confraternidad, se diferenciaba también del desventurado momento en que fue abucheado durante su presentación en el referido club de oficiales y luego provocado por un militar que se le acercó con ademanes de empuñar su arma, aunque otro uniformado lo llevó a su mesa y lo animó para que no se turbara porque nadie intentaría hacerle daño dentro del recinto, pese a que con frecuencia allí se aireaban pérfidas parodias sobre el himno constitucionalista que sugerían que los revolucionarios habían incurrido en pillajes y otros desmanes durante su dominio en Ciudad Nueva y la zona colonial.

Un simple repaso de los hechos referidos, sirve para robustecer el convencimiento de que este artista comprometido con los mejores intereses de la nación desde la Era de Trujillo y que ha soportado vejámenes, angustias y pesares en la brega por establecer una sociedad sostenida por instituciones democráticas, es indiscutiblemente el “Cantor de la Patria”.

 Su origen y obra artística

Aun cuando la obra duradera de Aníbal de Peña es el himno constitucionalista -como apunta Jimmy Sierra-, se debe considerar que este gran artista compuso más de 200 canciones y sobresalió durante las décadas de 1960 y 1970 como uno de los cantantes más populares del país, logrando la preferencia del público por su presencia constante en radio y televisión, sus numerosos conciertos populares y alta producción de discos.

Se cuentan entre sus éxitos, los boleros “Estoy loco”, “Virgen Negra”, “Vestida de novia”, “Tú no tienes la culpa”, “Muchachita de mi pueblo”, “Déjame beber” y “Mi debilidad”, de 1964, surgida en un momento de suprema inspiración, cuando estando sentado frente al piano su pensamiento se confundió con su corazón para que fluyera de manera natural y espontánea esta melodía en menos de veinte minutos. 

Se debe saber  que el cantor de la patria nació en Barahona en el año 1933, aunque su familia procedía de Cotuí, en donde su abuelo era organista de la iglesia católica y su padre -también músico- instrumentalizaba la flauta y el bombardino, induciendo a la familia al aprendizaje de tonos y sonidos en sesiones permanentes de lectura y recepción de música, así como de manejo de instrumentos, ya que estudiar era una regla aplicada a cada componente de ese hogar.

A muy temprana edad, Aníbal de Peña aprendió a tocar trompeta y piano y sus hermanos Washington y Huáscar, saxofón y flauta; mientras que sus hermanas Ligia y Elba se inclinaron por el canto, conformando en la adultez, el recordado dueto “Ideal”, que fue el mejor de su género en el país. Una hermana menor, Josefina, prefirió los estudios profesionales de música, que fueron realizados en el Conservatorio Nacional de Música y en una escuela especializada de Puerto Rico.

Aníbal de Peña interpretó por primera vez una canción en público en 1938, teniendo apenas cinco años de edad, durante un concurso radial de canto que realizó una emisora de San Francisco de Macorís, donde obtuvo como premio unos zapatos Florsheim. Esta realización artística fue guiada por su padre, quien, además de ser un buen músico, se destacó como profesor y poeta en los municipios de Duvergé, Bonao y El Cercado.

A este triunfo contribuyó igualmente su madre, ávida lectora que se sumergía en el deslumbrante universo de las letras y disfrutaba compartir con su familia la lectura en voz alta de obras literarias nacionales y extranjeras, como las novelas “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván y “El conde de Montecristo”, de Alejandro Dumas (padre).

Nuestro artista veneraba a sus progenitores porque entre ambos forjaron su talento artístico, aunque sentía admiración especial por su padre, de quien heredó la virtud de componer canciones y poemas. Tanto así que, en el transcurso de sus conciertos, hizo una costumbre recitar fragmentos de sus versos, en particular los siguientes: 

La novia del poeta no es aquella que simplemente comparte con él  sus alegrías/tampoco es aquella que le sella los labios con unos besos algunos días/tampoco es aquella que en los inviernos infernales le calienta los miembros adormecidos/ni la que excita sus deseos sexuales con amores odiosos fugitivos/Nunca la encontraréis en la que asombra con su andar, excita a los pobres inocentes/Jamás será la amante que en el lecho/ trémula, loca de pasión/se desmelena, se le ensancha el pecho/ y le muerde los labios, febril sensual/ La novia del poeta es la que comprende una mirada de pasión/es aquella que comprende el lenguaje ideal de la creación/la que ha ido tras un largo viacrucis a la meta/ Esa sí que es la novia del poeta”.

Su padre murió en 1950, siendo profesor de música y director de la banda municipal de Duvergé. Esas funciones pasaron a ser desempeñadas por el autor e intérprete del himno constitucionalista, quien durante nueve años fue profesor de música en Loma de Cabrera, Constanza, Dajabón y Los Bajos de Haina, donde fue nombrado director de la academia musical y empleado del ingenio azucarero.

Ese último cargo fue compartido con un puesto de instructor del Coro Nacional, lo que facilitó su desplazamiento diario a Santo Domingo, donde se establecería a finales de esa década junto a su primera esposa, Felicia Báez y su primer hijo José Alberto. Entonces, en compañía de los nóveles artistas Aida Lucía, Fernando Casado, Luchy Vicioso, Niní Caffaro y Julio César Defilló, se integró al inolvidable programa “La hora del moro”, que producía el maestro Rafael Solano en Rahintel.

Previamente, a los 20 años de edad, perfeccionó su canto bajo la orientación del maestro italiano Enrico Cagna Cabiati, quien dirigía la escuela que funcionaba en La Voz Dominicana, palacio radiotelevisor propiedad del coronel José Arismendy Trujillo Molina (Petán). Aquí se sometió a un riguroso examen vocal, recibiendo elogios por su voz, buena afinación y perfecta dicción.

También hay que destacar que desde 1968 hasta 1970, junto a Milton Peláez y Jorge Taveras, Aníbal de Peña fue productor del popular programa de televisión “Musiclan”,que se presentaba en vivo a las 8:00 de la noche por Radio Televisión Dominicana, con la frecuente participación de los cantantes Cecilia García y Julio César Defilló. 

Igualmente, compartió con la profesora Josefina Minillo, la puesta en escena de  una revista coreográfico-musical en la boite Maya del restaurant Rincón Mexicano, donde participaban las cantantes y bailarinas Iluminada Jiménez, Alexandra Johnson, Clarissa Andrikson, Mercedes Lugo, Mireya Familia e Ivelisse Acevedo.

Estando al frente de ese proyecto se relacionó sentimentalmente con Aleyda Iluminada Jiménez, su esposa y madre de sus tres hijas: Ilumín, cantante; Ylianna, locutora de radio y Alih Jey,  nueva estrella de la canción, que se abre paso en Estados Unidos con  una prometedora carrera  que recuerda la de su progenitora, quien en 1968 era una  bellísima estudiante de farmacia de  la UASD que se transformó en cantante carismática de los programas de TV “Sábado de Ronda”, “El Estelar de Brugal” y “La Taberna de Babín”.

Finalmente, hay que recordar la participación de Aníbal de Peña en el Primer Festival de la Canción Latina del Mundo, realizado en México en marzo de 1969, representando al país junto a Luchy Vicioso, lo mismo que en el Segundo Festival Nacional de la Canción, celebrado el 28 de noviembre de ese mismo año bajo la orientación de la Asociación de Músicos, Cantantes, Bailarines y Locutores (AMUCABA).

En este festival dominicano su canción “Enriquillo” fue una de las finalistas y la más aplaudida, aunque no conquistó el primer lugar debido a la decisión de un  jurado conservador, para quien era un verdadero fastidio respaldar las letras de su melodía, resaltando la libertad de los aborígenes conquistada mediante la sublevación armada.

En este evento el primer lugar correspondió a la canción “Habrá un nuevo mundo”, del pianista Danilo León Pichardo (Dany), interpretada por la joven July Morales. Esa melodía tuvo poco impacto en la radio, a diferencia de Enriquillo que desde el primer momento que salió al aire fue tomada por los estudiantes de la UASD para una obra de poesía coreada y por profesores e intelectuales de varias instituciones educativas, para analizar su contenido en talleres y mesas redondas.

Como se ha visto, Aníbal de Peña ha sido el intérprete y compositor que  ha estado más en sintonía con los latidos del corazón del pueblo durante las últimas décadas. Es por ello que la tertulia cultural que coordina Jimmy Sierra lo proclamó recientemente como “El cantor de la patria”.

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