Los pueblos felices

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«Los pueblos felices tienen costumbres, instituciones y leyes». Molière

Para un pueblo ser feliz, preguntaríamos a Molière (si viviera): ¿cuáles leyes y costumbres? De estas ambas hay muy cuestionadas que restan felicidad a los pueblos. Sobre instituciones, también las hay inoperantes o, peor aún, como brazos ejecutantes de legislaciones interesadas, no orientadas al bien común. Ahora bien, un pueblo sin costumbres, instituciones y leyes es un caos social, y en consecuencia tiene total validez la frase. Un pueblo moralmente sano debería tener mayor potencial de felicidad. Pero lograrlo es merecerlo. Kant nos dejó una pauta: «La moral es la ciencia que enseña, no cómo hemos de ser felices, sino cómo hemos de llegar a ser dignos de la felicidad».

Como en las siguientes líneas del Himno Nacional dominicano: «Ningún pueblo ser libre merece si es esclavo, indolente y servil». O sea, sed dignos a través de la autodeterminación, del deber y el decoro. Aunque intentar plantear en estos tiempos de desenfreno temas moralistas es anacrónico y desfasado. Wells advirtió: «La indignación moral es la envidia con una aureola». 

En Aurora, Nietzsche planteó: «La moral no es otra cosa que la obediencia a las costumbres, cualesquiera que sean, y estas no son más que la forma tradicional de comportarse y valorar. Donde no se respetan las costumbres, no existe la moral; y cuanto menos determinan estas la existencia, menos es el círculo de la moral. El hombre libre es inmoral porque quiere depender en todo de sí mismo y NO de un uso preestablecido. En todos los estados primitivos de la humanidad, lo “malo” se identifica con lo “intelectual”, lo “libre”, lo “arbitrario”, lo “desacostumbrado”, lo “imprevisto”, lo que “no se puede calcular previamente”. En estos estados primitivos, de acuerdo con la misma valoración, si se realiza un acto, no porque lo ordene la tradición, sino por otras razones, incluso las que en un principio determinaron la aparición de la costumbre, dicho acto es calificado de inmoral, incluso por el individuo que lo realiza, debido a que NO ha estado inspirado en la obediencia de la tradición. ¿Qué es la tradición? Una autoridad superior a la que se obedece, no porque lo que ordene sea útil, sino por el hecho mismo que lo manda. El sentimiento de respeto a la tradición es el temor a una inteligencia superior que ordena, el temor a un poder incomprensible e indefinido que trasciende lo personal. Pero lo cierto es que causa pavor todo acto y toda forma de pensar individuales, pues generalmente se le considera a esos individuos como malvados y peligrosos. Es por eso que bajo el imperio de la moral de las costumbres, toda clase de originalidad plantea problemas de conciencia».

Entonces, ¿por qué no acabamos de ser felices dentro de un modelo político democrático con sus leyes, instituciones y costumbres? Un ciudadano de a pie comentó en buen dominicano: “La democracia representativa tiene de relajo a los pueblos, eligen y si el que sale electo no es de los suyos, hay que quitarlo por cualquier cosa. No nos dejemos coger más de pendejos, no votemos por nadie. Vamos a hacer protestas para que nadie vaya a las urnas y se acabe la chercha con los votantes. Creen que somos pavos, idiotas”. Seguro señalarían a este trasnochado ciudadano como una suerte de ‘Doctor Liendre’ posmoderno; quien «de todo sabe y de nada entiende», como reza el dicho popular. Vamos a apoyarlo compartiendo un interesante enlace cuyo contenido es bastante incisivo y pone el dedo en la llaga: https://youtu.be/8NHzFo9A4hI

¿Cómo ven los chinos este panorama? Veamos:

En opinión de Wang Huning, colaborador y asesor político del presidente de la República Popular China, Xi Jinping: “El desarrollo económico y político solo puede lograrse a través de un período de totalitarismo, estabilidad y orden. El progreso social y político puede esperar”. Por otro lado, Liu Mingfu, coronel retirado del Ejército de Liberación Popular y autor del libro «Sueño chino» cita un proverbio: «Solo cuando el hierro se ha sumergido cien veces en el fuego se convierte por fin en acero», y agrega: “les aconsejo a todos los países del mundo que sigan el ejemplo de China: no tiene sentido elegir un presidente por votación democrática”.

Es el modelo político que llaman «La solución china»; un modelo en el que el primer derecho humano es el derecho al desarrollo económico. En este, los valores de las democracias liberales como la libre enseñanza, la libertad de prensa, los derechos democráticos, y especialmente el derecho al voto, están siendo cuestionados. El tudesco Sigmar Gabriel denunció que: “Ya hace tiempo que no se trata solo de la economía. China está desarrollando un sistema integral alternativo a Occidente que no se basa en la libertad, la democracia y los derechos humanos individuales. Representa el intento de establecer un modelo para moldear el mundo de acuerdo a los intereses chinos”. Aquí tenemos a López Aranguren simplificándolo: «Los valores morales se pierden sepultados por los económicos». 

En perspectiva, hacia donde vemos podrían ir los eventos globales, ¿son los occidentales más felices que los chinos? Estamos nadando en un insondable océano de deuda: los individuos, las empresas, los estados… la deuda es un negocio colosal. ¿Tiene nuestro sistema político, el democrático, cuotas de responsabilidad con esto? Y, esa escalada de deuda, ¿nos resta felicidad? Responda usted mismo. 

En su novela «1984», Georges Orwell escribió: «El agotador trabajo físico, las preocupaciones por la casa y los hijos, las pequeñas rencillas entre vecinos, el cine, el fútbol, la cerveza y, sobre todo, el juego, formaban todo su horizonte y llenaban sus mentes. Mantenerlos bajo control no fue difícil». Debió agregar también: la deuda. Más bien parece que tenemos un sistema político, en lo moral, en lo institucional y en lo legal, que premia la mediocridad, la incapacidad y la incompetencia en el manejo de los recursos e intereses nacionales, así como la rapacidad, la depredación y la deshonestidad. Todo orientado hacia endeudarnos progresivamente, tanto en las esferas públicas como particulares. 

Pero la deuda, por grave que sea, es solo uno de los problemas socioeconómicos que degradan estas sociedades. Stiglitz nos recuerda: «Con frecuencia, los países en vías de desarrollo se encuentran atrapados entre dos opciones desagradables: la suspensión de pagos, que conlleva el temor al colapso de la economía, o la aceptación de ayuda (más préstamos), que conlleva la pérdida de la soberanía económica». 

¿Percepción? Depende del lado del tablero donde usted se encuentre: si es un exitoso acreedor, una minoría en términos porcentuales de la población en general, la deuda es necesaria porque inyecta recursos líquidos donde se requieren inversiones para desarrollar proyectos y negocios y además, con los gobiernos, impulsaría un robusto crecimiento del producto interno bruto. Pero si es usted deudor, de aquellos rozando el riesgo de morosidad o entrando en una centrífuga financiera, la deuda puede transformarse en un laberinto infernal. Decenas de países endeudados excesivamente más allá de sus posibilidades y cientos de millones de individuos también a nivel global: ¿son países o individuos felices? «¡Ah!, jamás gozará una dicha pura quien debe algo y no sabe cómo pagarlo», escribió Wilhelm Busch.

Ni nuestras democracias, ni nuestro impresionante cúmulo de leyes, ni las costumbres de nuestro tiempo, ni nuestras deudas, como han evolucionado hasta el presente, nos convierten en pueblos felices. ¿Qué habría que replantearse entonces? Por ejemplo, ¿cuál es la brutal relación entre la deuda y el dinero fiat? ¿En qué ello afecta nuestra felicidad en general como sociedades? El dinero fiat es una moneda impuesta por los estados para que sea usada de curso legal: dinero establecido por los gobiernos para enfocar sus economías hacia un cierto medio de intercambio (el euro, dólar o yen, entre otros), un pasivo monetario creado sin contraprestación de activos reales, que se estructura en un verdadero sistema piramidal donde siempre ganan unos pocos con la pérdida de muchos. Es una economía cíclica que consiste en inyectar cada vez más liquidez al mercado generando la pérdida del valor adquisitivo del dinero y por ende inflación.

Desde que en 1971 Estados Unidos rompió el patrón oro, el dinero fiat es el único que existe en el mundo (empero, las criptomonedas avanzan…) El patrón oro era un cinturón de castidad para Estados Unidos para poder financiar las guerras, como la de Vietnam, ya que no existían reservas en oro suficientes para hacer frente a tamaña emisión monetaria. Por otro lado, durante el gobierno del presidente francés Charles de Gaulle hasta 1970, Francia se dedicó a cambiar los dólares que tenía por oro de la Reserva Federal estadounidense. Esto provocó que se redujeran las reservas de oro de EEUU y que además el dólar perdiera influencia en el exterior ya que se devolvía la moneda y se cambiaba por oro. Sumado al endeudamiento de la Administración Nixon por la guerra de Vietnam, el presidente Richard Nixon tomó la decisión el 15 de agosto de 1971 de acabar con la convertibilidad del dólar, lo que puso fin a la época del patrón oro a nivel mundial. Ver: https://finanzasparamortales.es/que-es-el-dinero-fiat/

De esta manera los gobiernos tienen la libertad de emitir todo el dinero que necesiten para pagar guerras, saldar deudas, burocracia, prácticas populistas y además generando un caudal de dinero especulativo apalancado en la Reserva Fraccionaria Bancaria que crece sin freno y sin respaldo real. Consecuencia de esto último son las crisis sociales, miseria extrema, delincuencia creciente, migraciones masivas buscando supervivencia, depredación de los recursos y hábitats naturales, etc.

“Si bien en los países pobres el nivel de ingresos tiene mayor incidencia en la felicidad que en los ricos, el factor que en general muestra mayor correlación con la pobreza, a escala global, es la enfermedad mental y la tristeza. Así, en los tres países más ricos a escala global, la enfermedad mental fue el factor más cercano a la infelicidad y el predictor más fuerte de la pobreza. Con todas las demás variables constantes, quienes en el último año buscaron a un médico para resolver problemas de salud emocional, son tres veces más infelices y muestran dos veces más probabilidades de estar en situación de pobreza”. (ONU: Informe Mundial de la Felicidad / Día Mundial de la Felicidad).

Quisiéramos exponer el grado de felicidad que es posible alcanzar como individuos y como sociedades. Lamentablemente los intereses que más pesan en las decisiones políticas, militares y financieras tienen agendas en dirección contraria. El lucro desmedido permea casi todo y se impone, muchas veces más allá de una prudente racionalidad. 

Estamos acostumbrados a cerrar filas con dos citas abrazadas y esta vez no será la excepción: «¹Comprender el mundo real tal como es, no como desearíamos que fuera, es el comienzo de la sabiduría. ²Aquellos que puedan ver más allá de las sombras y mentiras de sus culturas, nunca serán entendidos, y mucho menos comprendidos por las masas²». ¹Russell/²Platón

Autor del libro socioeconómico La Tríada II en Librería Cuesta.

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