Cuando el Sistema Educativo Falla a sus Niños
“La escuela es el único instrumento de redención de los pueblos.” — Eugenio María de Hostos (1839–1903)
Hostos lo vio con claridad meridiana hace más de un siglo: sin escuela genuina, no hay pueblo libre. Puerto Rico, sin embargo, ha construido durante décadas un sistema que lleva el nombre de educación pero que sirve propósitos radicalmente distintos a los que el gran maestro boricua imaginó. Lo que existe hoy no es un sistema educativo — es un aparato político disfrazado de institución pedagógica, y sus víctimas más silenciosas son los niños y niñas que cada mañana entran a escuelas abandonadas por el Estado que debía protegerlos.
El Sistema como Maquinaria Política
El Departamento de Educación de Puerto Rico no es, en su función real, una institución pedagógica. Es, ante todo, una estructura de poder. Con más de 30,000 empleados en su nómina y un presupuesto que históricamente ha superado los $5 mil millones anuales, el Departamento se convirtió hace décadas en la agencia perfecta para recompensar lealtades partidistas, colocar allegados en posiciones administrativas y distribuir contratos millonarios entre los mismos contribuyentes de campaña que deciden quién gobierna.
Cada cambio de administración trae consigo una nueva oleada de nombramientos. Asesores sin credenciales pedagógicas. Secretarios cuya mayor calificación es la cercanía al gobernador de turno. Contratos para empresas de tecnología, servicios legales, consultorías y materiales educativos que no compiten por mérito, sino por conexión. El niño en el salón de clases es, en este esquema, el último en la cadena de consideración.
Este patrón no es nuevo ni accidental. Ya el historiador y educador puertorriqueño Aníbal Díaz Quiñones advertía que las instituciones coloniales tienden a reproducir jerarquías de control más que espacios de liberación intelectual.¹ El Departamento de Educación de Puerto Rico ha demostrado ser, en su historia reciente, un caso de manual de esa patología institucional.
La Visión de Hostos Traicionada
Eugenio María de Hostos dedicó su vida entera a la causa de la educación como instrumento de emancipación. Para Hostos, educar no era transmitir información — era formar conciencias libres, ciudadanos capaces de gobernarse a sí mismos y a su sociedad con razón y justicia. En su obra Moral Social (1888), escribió con una claridad que resuena hoy como profecía incumplida:
*”Pueblos que no saben leer ni escribir son pueblos condenados a ser juguetes de la tiranía.”*²
La tiranía que Hostos temía no llegó solamente con cadenas visibles. Llegó también con presupuestos manipulados, con contratos sin licitación, con oficinas regionales que duplican funciones y consumen recursos que debían llegar al salón de clases. Llegó con la normalización de un sistema que educa para la dependencia y no para la autonomía, que forma consumidores pasivos de política clientelista en lugar de ciudadanos críticos.
Hostos fundó escuelas en Santo Domingo y Chile cuando Puerto Rico le fue negado. Entendía que la escuela era, en sus propias palabras, el único espacio donde un pueblo colonizado podía comenzar a construir su dignidad. Hoy, esa escuela que él soñó libre y transformadora ha sido convertida en instrumento de perpetuación del mismo orden que él combatió.
La Quiebra como Cortina de Humo
La crisis fiscal de Puerto Rico y el proceso de reestructuración bajo PROMESA y la Junta de Supervisión Fiscal han provisto la cortina perfecta. La conversación pública se desplazó hacia los bonos, los acreedores y los recortes presupuestarios, mientras el colapso pedagógico continuaba sin diagnóstico honesto ni rendición de cuentas real.
Según el informe de la Junta de Supervisión y Administración Financiera para Puerto Rico (JSAF) de 2023, el gasto por estudiante en Puerto Rico se encuentra entre los más altos de jurisdicciones comparables de los Estados Unidos — sin que los resultados académicos justifiquen ese gasto.³ La paradoja es reveladora: se gasta mucho y se educa poco, porque una porción desproporcionada del presupuesto se consume en la burocracia central y regional antes de llegar a la escuela.
La deuda no nació sola. Se construyó en parte sobre un modelo de gobierno que priorizó el contrato sobre el servicio, el empleo político sobre la eficiencia y la apariencia sobre el resultado. Y mientras se negocia esa deuda, los niños esperan. Sin libros actualizados. Con maestros agotados y mal compensados. En edificios deteriorados. Sin los recursos tecnológicos que el siglo XXI exige.
El Abandono de la Niñez Puertorriqueña
Las cifras son devastadoras y no pueden esconderse indefinidamente. Según el National Assessment of Educational Progress (NAEP), conocido como The Nation’s Report Card, los estudiantes de Puerto Rico consistentemente obtienen los resultados más bajos entre todas las jurisdicciones participantes en lectura y matemáticas.⁴ En las pruebas de cuarto y octavo grado, los niveles de proficiencia en Puerto Rico no alcanzan el 20% en ninguna de las dos materias fundamentales — una estadística que en cualquier democracia funcional generaría una crisis de Estado de primer orden.
La tasa de deserción escolar en Puerto Rico, estimada entre el 20% y el 30% dependiendo de la metodología utilizada, alimenta directamente la marginalidad económica.⁵ Y la marginalidad económica, como la historia humana lo demuestra sin excepción, alimenta el crimen. No es moralismo — es causalidad documentada. Según el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico, existe una correlación directa entre los municipios con menores índices de retención escolar y los municipios con mayores tasas de crimen violento.⁶
Cada joven que el sistema abandona es un costo social que la isla paga en violencia, en encarcelamiento, en vidas truncadas, en potencial humano desperdiciado para siempre. Este es el crimen mayor — no el que ocurre en las calles, sino el que se planifica silenciosamente en los pasillos de las oficinas centrales donde se decide el destino de la educación sin que ningún niño esté representado en la mesa.
Una Crisis que el Gobierno Esconde
Lo más perturbador de esta crisis no es su existencia — es su invisibilidad deliberada. Los sucesivos gobiernos, independientemente del partido, han desarrollado un sofisticado arte de aparentar reforma sin reformar. Se anuncian nuevos currículos que no llegan a los salones. Se prometen tecnologías que quedan en contratos incumplidos. Se celebran nombramientos de secretarios con credenciales académicas mientras la estructura clientelista subyacente permanece intacta.
El politólogo Carlos Pabón ha señalado que el sistema bipartidista puertorriqueño ha utilizado históricamente las agencias de gobierno como extensiones del aparato partidista, convirtiendo el servicio público en recompensa electoral.⁷ Ninguna agencia ilustra ese fenómeno con mayor claridad que el Departamento de Educación, donde miles de plazas, contratos y decisiones administrativas siguen la lógica del patronazgo político antes que la lógica del bien común.
El sistema de quiebras no ofrece salida a esta dinámica porque la quiebra es fiscal, no moral. Los mismos actores políticos que construyeron la deuda siguen administrando las instituciones, ahora con la coartada conveniente de que “los recortes de la Junta” impiden la transformación. Es una narrativa cómoda que exime de responsabilidad a quienes más la tienen.
El Remedio Real: Descentralizar, Democratizar, Devolver
Si el problema es estructural, la solución también debe serlo. No se trata de reformar lo que existe — ese ciclo ha fracasado repetidamente. Se trata de desmantelar el modelo centralizado que hace posible el abuso y reemplazarlo con uno que devuelva el poder y el recurso a donde pertenecen: la escuela, el maestro, los padres y el estudiante.
Las propuestas que la lógica administrativa y la experiencia comparada sugieren son directas:
Cerrar la Oficina Central y las Oficinas Regionales. Estas estructuras no sirven al estudiante — sirven al sistema político. Son capas de administración que consumen recursos, generan dependencia burocrática y distancian la toma de decisiones de la realidad del salón de clases. Países como Finlandia, frecuentemente citado como modelo educativo mundial, han demostrado que la descentralización radical — con autoridad real en manos de directores y maestros — produce resultados superiores a cualquier modelo centralizado de control burocrático.⁸
Financiamiento directo a las escuelas. El dinero destinado a lo académico debe llegar a la escuela sin intermediarios. Directores con autoridad real, presupuestos asignados por matrícula y necesidad, y rendición de cuentas directa a la comunidad escolar. Cuando el recurso llega al destino sin pasar por diez manos, llega más y llega mejor.
Los servicios externos deben permanecer externos. Psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas y otros profesionales de apoyo pueden prestar servicios a las escuelas sin ser absorbidos por la nómina central del Departamento. El modelo de servicios especializados adscritos a agencias correspondientes es más eficiente, más medible y menos susceptible al patronazgo político.
Suspender las transferencias a otras dependencias del gobierno central. El presupuesto de educación debe ser intocable para fines ajenos a la educación. Las transferencias históricas que han desangrado el presupuesto educativo para cubrir otras necesidades gubernamentales representan una violación directa al Artículo II, Sección 5 de la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, que garantiza el derecho a una educación adecuada.⁹ Deben cesar por ley, con penalidades reales para quien las autorice.
Conclusión: La Deuda Más Grande No Es Financiera
Puerto Rico enfrenta una deuda moral con sus niños que no aparece en ningún balance de PROMESA. Es la deuda acumulada de generaciones sacrificadas en el altar del clientelismo político. Es la deuda de cada contrato inflado que pudo haber sido un laboratorio de ciencias, cada plaza innecesaria que pudo haber sido un aumento al maestro, cada reforma cosmética que pudo haber sido una transformación real.
Hostos escribió también que *”el que educa, liberta.”*¹⁰ Puerto Rico ha invertido esa ecuación durante demasiado tiempo: el que administra la educación como botín político, esclaviza. Esclaviza al niño a la ignorancia, a la comunidad a la dependencia y al país entero a un ciclo de crisis que se alimenta de sí mismo.
La crisis educativa de Puerto Rico no es el resultado del destino ni de la condición colonial solamente, aunque esta última le provee contexto histórico innegable. Es el resultado de decisiones concretas, tomadas por personas concretas, que eligieron el beneficio propio sobre el bien colectivo. Cambiar eso requiere una valentía política que el sistema actual no incentiva — por eso el cambio no vendrá del sistema. Tendrá que venir de la sociedad civil, de los padres, de los maestros y, eventualmente, de los mismos jóvenes que el sistema abandonó y que un día exigirán lo que se les debió desde el principio.
La educación de un pueblo no es un servicio gubernamental. Es el fundamento de su existencia como comunidad libre. Hostos lo sabía. Puerto Rico lo ha olvidado. Y ese olvido tiene nombre, tiene cómplices y tiene consecuencias que ya no podemos seguir ignorando.
El silencio cómplice es también una forma de abandono.
Referencias
¹ Díaz Quiñones, Aníbal. El arte de bregar: Ensayos. Ediciones Callejón, San Juan, 2000.
² Hostos, Eugenio María de. Moral Social. Imprenta de J. Cunill, Santo Domingo, 1888. Reproducido en Obras Completas, Volumen XVI, Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1969.
³ Junta de Supervisión y Administración Financiera para Puerto Rico (JSAF). Fiscal Plan for Puerto Rico. Certified May 2023. Disponible en: https://juntasupervision.pr.gov
⁴ National Center for Education Statistics. NAEP Report Card: Puerto Rico. U.S. Department of Education, 2022. Disponible en: https://www.nationsreportcard.gov
⁵ Instituto de Estadísticas de Puerto Rico. Informe sobre Deserción Escolar en Puerto Rico. San Juan, 2021. Disponible en: https://estadisticas.pr
⁶ Instituto de Estadísticas de Puerto Rico. Indicadores de Seguridad Pública y Correlaciones Socioeducativas. San Juan, 2022.
⁷ Pabón, Carlos. Nación postmortem: Ensayos sobre los tiempos de insoportable ambigüedad. Ediciones Callejón, San Juan, 2002.
⁸ Sahlberg, Pasi. Finnish Lessons: What Can the World Learn from Educational Change in Finland? Teachers College Press, Nueva York, 2011.
⁹ Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Artículo II, Sección 5. Aprobada el 25 de julio de 1952.
¹⁰ Hostos, Eugenio María de. Citado en Maldonado Denis, Manuel. Eugenio María de Hostos: Sociólogo y Maestro. Editorial Antillana, San Juan, 1981, p. 47.
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