El triple reto de Haití para combatir el coronavirus

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Un trabajador del Ministerio de Salud Pública y Población de Haití verifica la temperatura de un hombre haitiano que viene de República Dominicana el 5 de marzo.

La fragilidad del sistema sanitario, la incapacidad de los más vulnerables para cumplir las medidas y el estigma de los casos sospechosos lastran la respuesta.

La llegada del nuevo coronavirus a Haití ha hecho saltar todas las alarmas en el país más pobre del hemisferio occidental. El Gobierno anunció el 19 de marzo los primeros contagios y decretó el estado de emergencia para combatir el brote, pero Haití se enfrenta a un triple reto que amenaza con complicar esta contención.

El coordinador humanitario de la misión de la ONU en Haití, Bruno Georges Lemarquis, alerta de que Haití tiene un sistema médico “frágil”, con una “capacidad limitada” que podría verse superada si los contagios continúan una progresión geométrica. Hasta este jueves, las autoridades habían confirmado ocho casos.

No en vano, los sucesivos desastres naturales y las crecientes necesidades médicas vividas por Haití en esta última década se han agudizado en el último año, con una crisis económica, social y política que ha dejado el país prácticamente “paralizado”, advierte Lemarquis en declaraciones a Europa Press.

Al albor de dicha crisis, los precios de medicamentos básicos se han disparado un 29 por ciento y los de la atención hospitalaria un 15 por ciento, lo que “ha hecho mucho más difícil para las mujeres y los niños más vulnerables acceder a atención médica”.

A día de hoy, solo el 31 por ciento de la población tiene acceso a atención médica y 2,3 millones de personas necesitan asistencia humanitaria de tipo sanitario, entre ellas más de un millón de niños y más de 300.000 mujeres embarazadas, según estimaciones de la ONU.

A estas carencias se suman las malas condiciones de las redes de saneamiento y de los sistemas de higiene, básicos en opinión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para hacer frente a la pandemia. Lemarquis recuerda que el 60 por ciento de los hogares no tienen agua ni jabón y dos de cada tres no tratan el agua antes de beberla, con el consiguiente riesgo que conlleva para el contagio de enfermedades.

Naciones Unidas ha comenzado a repartir lotes de lavado de manos para que el Gobierno los distribuya en centros de salud y, tanto las agencias de la ONU como las ONG, colaboran en la difusión de mensajes para concienciar a la población de mantener unas correctas medidas de higiene.

La OMS también ha colaborado con el Ministerio de Sanidad de Haití para preparar el país frente a la emergencia, pero Naciones Unidas no oculta su “preocupación” por un sistema que “carece de los recursos y la capacidad para responder de forma adecuada a este brote si los casos siguen aumentando”, en palabras de su portavoz.

MEDIDAS INAPLICABLES
El presidente haitiano, Jovenel Moise, anunció la semana pasada una batería de medidas para contener el brote, desde el cierre de centros educativos y factorías a un toque de queda nocturno en vigor para todo el territorio nacional. El Gobierno también ha recomendado evitar los contactos y guardar distancias que se antojan inviables en ciertos contextos.

“Muchas personas viven en áreas densamente pobladas donde es muy complicado aislar a los casos sospechosos”, señala Lemarquis, que teme que esta acumulación de personas y la falta de medias de higiene termine por “acelerar” la expansión del coronavirus.

El responsable humanitario de Naciones Unidas reconoce también que las medidas pueden ser “difíciles de aplicar” si “afectan gravemente al sustento y al acceso a los servicios básicos” por parte de la población, ya que “la mayoría carecen de ahorros o redes de protección social a las que recurrir si no pueden salir de casa”.

Un confinamiento a gran escala acarrearía un freno de la actividad económica con “consecuencias humanitarias”, como ya se vio en la ola de protestas que vivió Haití en septiembre y octubre de 2019, apunta Lemarquis. Entonces, la población tuvo dificultades para obtener comida, atención médica y educación y se registró un aumento de la violencia.

Más de seis millones de haitianos viven por debajo del umbral de la pobreza –menos de 2,41 dólares al día– y más de 2,5 millones están en niveles extremos –con menos de 1,23 dólares al día per cápita–. Para todos ellos, acatar una cuarentena implicaría empeorar más aún su delicada situación.

EL ESTIGMA
Haití aun tiene reciente un brote de cólera que se prolongó durante nueve años y que no se dio por concluido hasta 2019, después de que hubiesen perdido la vida más de 10.000 personas. Entonces, el estigma y la discriminación marcaron la respuesta social a la enfermedad.

Lemarquis ve “probable” que en esta ocasión la situación se repita. “Ya se han registrado varios incidentes violentos contra casos sospechosos o confirmados desde que inició la pandemia” y “estos incidentes probablemente aumentarán a medida que sube también el número de casos”, alerta.

LLAMAMIENTO INTERNACIONAL
La ONU solicitó el miércoles 2.000 millones de dólares para hacer frente a la pandemia en medio centenar de países vulnerables, entre ellos Haití. Las organizaciones humanitarias ya habían lanzado el 13 de marzo para este país un plan de respuesta estimado en 36 millones de dólares.

Lemarquis explica que el Gobierno haitiano ha instaurado “una plataforma de concertación que aglutina a los socios técnicos y financieros, así como a la sociedad civil, para garantizar coherencia y coordinación” frente a la emergencia. El portavoz insiste en que, en el caso de Haití, la respuesta a la pandemia no puede ser solo médica.

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