FRUSTRACIÓN Y DESENGAÑO CON GOBIERNO PROVISIONAL DE GARCÌA GODOY

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Sebastián del Pilar Sánchez
Sebastián del Pilar Sánchez

Con la firma del Acta Institucional el 31 de agosto de 1965, entre el coronel Francisco Caamaño y el doctor Héctor Rafael García-Godoy y Cáceres, se concretó el Acta de Reconciliación, suscrito el día anterior por las partes envueltas en la guerra civil de 1965, instalándose un gobierno provisional encabezado por este último, que en los primeros días representó un alivio y una esperanza para los diversos sectores de la sociedad, tras varios meses de cruentas batallas por el poder con pérdidas enormes de vidas y haciendas.

Sin embargo, cuando el presidente García-Godoy anunció la composición de su gabinete, hubo sorpresa y desencanto en los círculos de opinión, de clase media, debido a que los nuevos funcionarios eran en su mayoría personas apolíticas y conservadoras, sin ningún compromiso con la lucha librada para el retorno a la constitucionalidad.

Los nuevos ministros eran: Jaime Manuel Fernández González, Administrativo de la Presidencia; Manuel Joaquín Castillo y Castillo, de Interior y Policía; Julio Espaillat Rodríguez, de Salud Pública; Miguel Ángel Brito Mata, de Trabajo; Silvestre Alba de Moya, de Agricultura; José Ramón Rodríguez, de Relaciones Exteriores; ingeniero Salvador Sturla, de Obras Públicas y Comunicaciones; Fidel Méndez, de Finanzas, y el contralmirante Francisco Javier Rivera Caminero, de las Fuerzas Armadas.

También Freddy Prestol Castillo, consultor jurídico del Poder Ejecutivo; Armando D’Alessandro Tavárez, presidente de la Corporación de Fomento Industrial (Industria y Comercio),  y el joven Manuel Ramón Morel Cerda, procurador general de la República.

Sólo Prestol y Morel tuvieron algún tipo de desempeño en las actividades del gobierno en Armas; pues al autor de la novela “El Masacre se pasa a pie” y del cuento  “La tragedia de Juan Marte, se le vio muchas veces entrar y salir del edificio Copello, donde operaba dicho gobierno; siendo para los que allí  concurrían, una especie de asistente del canciller JottinCury.

De su lado Morel, pese a lo joven que era, se había desempeñado como Procurador de la Corte de Apelación de Santo Domingo, con el aval del eficiente servicio realizado en el puesto de Fiscal del Distrito Nacional durante el gobierno del profesor Bosch, en el que se vio obligado a enfrentar con fiera osadía a los golpistas que comenzaban a manifestarse en público, sometiendo a la acción de la justicia a Federico Díaz Andújar, Fernando Muñiz y Francisco Valiente, además de apresar a Enrique Alfau y a otros complotados que  publicaron en los diarios de prensa un extenso comunicado, a nombre de la denominada Acción Dominicana Independiente (ADI),  exhortando a la sublevación de las Fuerzas Armadas contra el gobierno constitucional.

Esos nombramientos generaron una gran desilusión que fue ganando espacio en los grupos de opinión, por la sensación de que fueron vanos los esfuerzos del pueblo en darse un régimen progresista, democrático y constitucional, ya que de aquellos ministros, sólo el joven jurista santiagués y expresidente de la Asociación Dominicana de Abogados (ADOMA), había inspirado un poco de confianza, por su fuerte carácter y manifiesta disposición en realizar una gestión auspiciosa en el ámbito de la justicia. Sin embargo, la esperanza se fue rápidamente  desvaneciendo al percibirse la gran contradicción de puntos de vista entre éste y el ministro de las Fuerzas Armadas, que era Rivera Caminero; un hombre de mentalidad recalcitrante, que había sido el jefe de la Marina de Guerra que ordenó el  bombardeo al Palacio Nacional el 26 de abril de 1965, para mostrar por la vía de sus bombazos y metrallas, su rivalidad constante a la reinstalación del gobierno de Bosch y a la Revolución Constitucionalista en marcha.

caamano-y-garcia-godoyEsas divergencias son explicadas por Morel Cerda en su libro “Testimonios Desclasificados”, donde señala (citamos): “Nuestra relación con todos los ministros era muy buena, salvo con el de las Fuerzas Armadas, el contralmirante Rivera Caminero, con quien tuve un encontronazo en un Consejo de Gobierno por la interpretación que le daba cada uno a la Ley de Amnistía.  El alto oficial entendía que cualquier persona que hubiese cometido crimen en la contienda bélica resultaba favorecida por dicha ley y nosotros entendíamos que sólo abarcaba a hechos sangrientos ocurridos en el fragor de la batalla. Nuestro punto de vista partía de las circunstancias de que un sector de las fuerzas que adversaron a los constitucionalistas había cometido crímenes horrorosos acompañados de torturas inimaginables. Esta discusión se produjo de manera acalorada y en un tono que distaba mucho de ser cordial.

El ex procurador general de la República y ex presidente de la Junta Central Electoral habla más adelante del terror imperante en el país en esos días, señalando que “nadie podía salir de sus casas”, “se ponían bombas en varios sitios”; y puso de ejemplo “la explosión de la  Revista Ahora”, propiedad del doctor Rafael Molina Morillo, quemada en “represalia por la posición que había mantenido dicha revista en defensa de la constitucionalidad”.

Sobre el comportamiento criminal de Rivera Caminero, un destacado columnista del periódico HOY, el periodista Lipe Collado, en un análisis noticioso publicado en ese diario, en fecha 24 de septiembre de 2015, señalaque el Ministro de las Fuerzas Armadas, comodoro Francisco Rivera Caminero y otros altos oficiales se reunieron el 23 de septiembre de 1965 con el presidente Héctor García Godoy en su despacho del Palacio Nacional para advertirle que si el profesor Juan Bosch retornaba al país el día 25, “sería hombre muerto en el mismo aeropuerto”.

Agrega Collado que García-Godoy estaba impresionado con la posición de sus jefes militares y que trató de disuadirlos y convencerlos de que la FIP jamás permitirían algo tan atroz.

También señala que Rivera Caminero habría convocado a su despacho al coronel de la Policía José de Jesús Morillo López, comandante de la dotación militar del Aeropuerto Internacional de Las Américas José Francisco Peña Gómez, para ordenarle la colocación de un francotirador en la azotea del edificio principal para que le disparase al profesor Juan Bosch tan pronto se hiciera visible su cuerpo al descender del avión en que llegaría de su exilio en Puerto Rico; pero que éste asombrado, tanto como lo estuvo antes el presidente García-Godoy, le ripostó: “General, ¿pero es que usted se ha vuelto loco? ¿Usted no ha pensado en las consecuencias que se derivarían de un hecho de esta naturaleza?” (…) “se produciría un baño de sangre en toda la república y nadie podría contener la ira del pueblo”.

Morel Cerda en su libro de memorias hace alusión a ese atentado, pero sin precisar responsabilidades, con la siguiente descripción:

Tres ex oficiales de las Fuerzas Armadas acudieron a nuestro despacho para informarnos de la existencia de los planes que había para atentar contra la vida del ex mandatario. Nos tomamos en serio la denuncia porque aportaba datos precisos y nombres de militares implicados. Por tanto, lo primero que hicimos fue anunciarle una visita oficial al distinguido político y una vez en el lugar escogido, quisimos obtener, guardando las consideraciones de lugar, la reacción del ex presidente. Su respuesta fue que no le interesaba que se hiciera ninguna investigación al respecto y, además expresándose en forma adversa en contra del presidente García Godoy”.

En diciembre de 1965 Morel Cerda fue removido de su cargo de Procurador General, siendo enviado al servicio exterior como embajador en Uruguay, lo que fue una gran victoria para el alto oficial de la Marina, quien estimaba que con su derribo aumentaría su poder, pudiendo usarlo incluso contra el propio presidente García Godoy. Al parecer, Rivera Caminero no se daba cuenta que con su actitud se había convertido en un obstáculo para el gobierno, que estaba esperando el momento oportuno para relevarlo del cargo, como ya lo había hecho con el general Wessin y Wessin. Ese momento se presentó luego de la masacre estudiantil en el perímetro palaciego, ocurrida el 9 de febrero de 1966, con un saldo de cuatro muertos y quince heridos; un hecho que consternó la nación, generando fuertes protestas callejeras y una huelga nacional.

En el reinado de Rivera Caminero se originaron hechos perturbadores como el ametrallamiento a la residencia del nuevo ministro de Agricultura, Silvestre Alba de Moya; el horrendo crimen del doctor Ángel Severo Cabral, secretario general de Unión Cívica Nacional, el 16 de octubre de 1975, mientras se dirigía a su vivienda de la calle Padre Billini de la Capital. También los asesinados de MiledHaddad, gobernador de Mao y padre del coreógrafo Chiqui Haddad; así como del mayor constitucionalista  Luis Arias Collado. Y en medio de esa situación de terror, el acontecimiento más sobresaliente fue la memorable batalla del hotel Matúm, en Santiago, el 19 de diciembre de 1965, entre los constitucionalistas y las tropas enviadas por Rivera Caminero con la misión de liquidarlos.

guerraLa designación de Morel Cerda en el servicio diplomático, truncó un intento serio por dignificar la justicia y tecnificar el Ministerio Público con la recién creada Policía Técnica Judicial, bajo las órdenes del doctor Manuel Antonio Camino Rivera y  del licenciado Rafael Estrada Santamaría, quienes llevaron a cabo una buena labor para que ésta fuese un buen soporte del Poder Judicial, reclutando doscientos  jóvenes combatientes constitucionalistas, algunos de ellos ex policías preparados,  profesionales del Derecho y médicos, a fin de profesionalizar el organismo, en una tarea dirigida a lograr un funcionamiento tecnificado de la función policial.

El desencanto con el gobierno de García-Godoy se fue incrementando considerablemente; pues poco después ocurrió la batalla del Matúm; una batalla desigual, en la cual el ejército y la Fuerza Aérea se combinaron en un ataque por sorpresa contra  los constitucionalistas que fueron obligados a concentrar sus esfuerzos en defender sus vidas, teniendo que enfrentar la superioridad numérica de los adversarios, que contaban además con armas pesadas, ametralladoras, tres tanques de guerra y varios aviones con la orden de masacrarlos.

Después de esa batalla estaba claro que el gobierno de García-Godoy no tenía fuerza para protegerlos, teniendo Caamaño que acceder a negociar con el cónsul estadounidense en Santiago, Lister Scott para escapar con su gente a esa encerrona, y lo hizo haciendo uso de los helicópteros aportados por el ejército invasor, aunque no pudo evitar que murieran varios de sus compañeros; entre ellos, el coronel Juan Lora Fernández.

Por esa situación el coronel Caamaño decidió aceptar cargos diplomáticos, junto a Montes Arache, Lachapelle y otros militares constitucionalistas que marcharon hacia países europeos, y con ello la gente comprendió que había sido un fracaso el acuerdo de la reincorporación de oficiales constitucionalistas a los cuarteles; pues estos tenían una amenaza permanente de muerte y eran vejados y cancelados, sin reparar en la alta inversión que hizo el Estado para que tuvieran una carrera militar.

Muchos de esos militares, con una extraordinaria calidad académica, tuvieron que desplazarse a la docencia universitaria, y a otros oficios, ya que le impidieron ingresar a los cuarteles, tal como ilustró el ex vicerrector académico de la UASD, maestro Jesús de la Rosa, en una entrevista con la periodista Rosa Alcántara,  del periódico HOY, publicada el pasado 16 de junio; donde el excapitán de Navío de  la Marina y principal autoridad policial durante el gobierno de Caamaño, dijo que “llegó a la docencia por necesidad, pues su vocación y pasión era la carrera militar. Por esa razón cursó estudios en la Academia Naval de la Armada Dominicana y militares en la Batalla de las Carreras”.

Con el exilio involuntario de Caamaño se demostró al país que el gobierno de García-Godoy iba en continuo retroceso, y con ello se iba aposentado la derrota en la mente de algunos individuos,  aunque otros que frecuentaban las  peñas literarias y políticas, en los discretos rincones de las cafeterías y bares de la ciudad, introducían la falsa ilusión del triunfo de la revolución en la recién concluida guerra patria, idealizando batallas, imaginando éxitos y glorificando nuevos héroes ignorados por los contadores de historia.

Pero los avasallantes paladines de la palabra, en las referidas tertulias, tuvieron tiempo para tejer muchas de las hazañas y de los figurados combates de la guerra,  surgiendo una inmensidad de ídolos barriales que dijeron ser soldados victoriosos de la heroica contienda del puente, o de la fiera resistencia contra la soldadesca extranjera los días 15 y 16 de junio, y luego en la repentina batalla del 19 de noviembre en el hotel Matúm de Santiago.

Esta frustración alcanzó a comunicadores, artistas e intelectuales, que donde quiera que iban se lamentaban de la invasión extranjera, culpando a Washington y a la CIA de la nueva situación, recalcando que fue con la llegada al país  de los soldados norteamericanos, el 28 de abril de 1965, se evitó el triunfo de la Revolución y que fue esa invasión la culpable de los doce años de represión vividos en el gobierno de Joaquín Balaguer.

El único lugar donde se creería en el triunfo revolucionario, en el curso del gobierno de transición de García-Godoy, fue la Universidad, debido a que el reconocimiento del Movimiento Renovador y de las autoridades, encabezadas por el rector Aybar Nicolás, posibilitó el desarrollo de una visión crítica y de un espacio para reorganizar las ideas democráticas; amén de que la UASD se convirtió en el refugio natural de los grupos de izquierda, aprovechando su espíritu crítico y su dirección democrática.

El timorato Dr. Héctor García-Godoy, en su gestión de gobierno provisional, asumió una posturade permisividad y complicidad ante la desarticulación de los  constitucionalistas (civiles y militares) encabezados por el Coronel Caamaño; labor esta ejecutada por quienes fueren sus rabiosos opositores durante toda la guerra patria, claro que con el apoyo, respaldo y colaboración de los asesores militares norteamericanos en el país.

Por la postura descrita en su gestión de gobierno provisional, el timorato Dr. Héctor García-Godoy, fue premiado por el Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, quien al tomar posesión del poder, el 1º de Julio de 1966, lo nombró Embajador ante EEUUU, cargo que ejerciere desde 1966 hasta 1969.

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