México repite como el país en paz más peligroso para la prensa

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La policía turca registraba una finca en busca del cuerpo del periodista Jamal Khashoggi en la provincia de Yalova, a unos 100 kilómetros por carretera desde el centro de Estambul (Turquía), asesinado el pasado 2 de octubre en el consulado de su país en Estambul. EFE/ Archivo

México fue en 2018, por segundo año consecutivo, el país en paz más peligroso para la prensa, con nueve periodistas asesinados, dos menos que en 2017, una bajada que no supone una mejora de la situación, amenazada por cárteles y gobiernos corruptos, indica hoy Reporteros Sin Fronteras (RSF).

En su informe anual, la organización defensora de la libertad de prensa asegura que además de los nueve asesinatos registrados se están estudiando otros dos, el de los reporteros Jesús Alejandro Martínez Jiménez y el de Diego García Corona.

En el listado mundial, México solo se ve superado por Afganistán (15 muertos) y Siria (11), ambos países afectados por la guerra.

“No hemos visto ninguna mejora. La situación es dramática, sobre todo para la prensa local de los estados marcados por los tráficos de armas y drogas”, señaló a Efe el responsable para América Latina de RSF, Emmanuel Colombié.

En esas zonas, los periodistas que osan investigar asuntos de corrupción o que afectan al crimen organizado viven una situación insostenible.

Cuando no son directamente asesinados, asegura Colombié, sufren un permanente acoso, amenazas o seguimientos callejeros, que en algunos casos desembocan también en su muerte.

Si RSF tiene claro cuales son los responsables directos de estos crímenes, no oculta “la responsabilidad del Gobierno federal”, que “conoce la situación y no toma las medidas necesarias para atajarla”, indicó el responsable de América Latina.

Por un lado, denunció, las medidas de protección de periodistas son “insuficientes”, tanto en términos financieros como humanos, “por lo que son totalmente ineficaces”.

El informe anual cita el caso de Rubén Pat, abatido en plena calle el pasado 24 de julio en el estado de Quintana Roo, pese a que había pedido un dispositivo de seguridad urgente después de que un mes antes fuera asesinado su colega José Guadalupe Chan Dzib.

Las autoridades le proporcionaron un “botón de urgencia” y un GPS, indica la organización.

El pasado 21 de septiembre, Mario Leonel Gómez Sánchez recibió un disparo mortal en plena calle en el estado de Chiapas, un día después de que denunciara una reducción de su protección por el recorte de las medidas del Gobierno.

Además de la protección, RSF considera necesario lucha contra la impunidad, “sin la cual es imposible que la prensa se sienta segura”.

Pese a la creación de una Fiscalía especial para la libertad de expresión, Colombié lamentó que los autores intelectuales de los asesinatos permanecen impunes.

“En ningún caso se logra que se sienten en el banquillo, aunque son conocidos”, señaló el responsable de RSF.

La organización ha entrado ya en contacto con responsables del nuevo Ejecutivo en el que Colombié detecta “una voluntad de luchar contra la corrupción de forma eficaz”, lo que puede traducirse en una mejora de la situación de los periodistas.

“Tiene un gran trabajo por delante para luchar contra la impunidad. Pero creo que llega con la voluntad de poner en marcha una política más integral y general para mejorar la protección y luchar contra la impunidad”, refirió.

Los asesinatos y las amenazas han creado en México “agujeros negros para la información”, porque hay zonas del país que los periodistas han abandonado por miedo.

Los desplazamientos forzosos, auténticos exilios de sus zonas natales, han originado lo que Colombié califica como “zonas silenciadas” en las que la prensa apenas puede poner el pie.

Los asesinatos de periodistas vuelven a crecer tras cinco años de caída

En 2018, 63 profesionales de los medios de comunicación fueron asesinados en el mundo, un 8 % más que en el año anterior, un incremento que acaba con cinco años de descensos, según el informe anual publicado hoy por Reporteros Sin Fronteras (RSF), que denunció una degradación de la libertad de prensa.

Con esa cifra, la más alta en tres años, se registran 702 periodistas profesionales asesinados en diez años, con un pico de 87 en 2012, momento en el que comenzó una bajada que tuvo su punto más bajo el año pasado, con 55.

Si se añaden los reporteros no profesionales, muy presentes en países donde más limitada está la información, y los colaboradores, esenciales para el trabajo periodístico, el número de asesinatos se elevó en 2018 a 80, un 8 % más respecto a 2017, el nivel más bajo de la década en esa macabra estadística.

“La violencia contra periodistas alcanza un nivel inédito este año. Todos los registros son alarmantes”, indicó el secretario general de RSF, Christophe Deloire.

El informe anual, que la ONG publica desde 1995, agrega que 348 periodistas están en prisión por actividades ligadas a su oficio, un 7 % más, y que otros 60 están secuestrados, un 11 % más interanual.

Deloire denunció que el odio lanzado contra los reporteros por diferentes lideres políticos o empresarios “se ha traducido en un incremento inquietante” de los ataques, un fenómeno que se amplifica en las redes sociales.

La organización indicó que, aunque los principales escenarios de los asesinatos fueron Afganistán (15 muertos) y Siria (11), el 45 % de ellos cayeron en países que no están en conflicto, con especial atención a México, donde 9 perdieron la vida.

Los “depredadores de la libertad de prensa son numerosos” en México, sobre todo contra periodistas que cubren asuntos relacionados con la corrupción política y el crimen organizado, blanco de intimidaciones y agresiones, cuando no asesinatos, señala el balance.

“La impunidad, vinculada a la corrupción generalizada que reina en el país, alcanza un nivel récord y alimenta el círculo vicioso de la violencia”, añade RSF, que denuncia que las medidas de protección de los periodistas son “insuficientes e ineficaces”.

En esta lista sobresale Estados Unidos con 6 periodistas asesinados, ligados al sangriento tiroteo contra la redacción del “Capitol Gazette” en junio, el mayor ataque contra un medio en la historia del país, cometido por un hombre que durante seis años acosó a los trabajadores del mismo a través de Twitter.

RSF indicó que el asesinato del checo Jan Kuciak y del saudí Jamal Khashoggi “han evidenciado la determinación, sin límites, de los enemigos de la libertad de prensa”, y recordó que 49 de los asesinados en el mundo estaban en el objetivo de sus asesinos, mientras que los otros 31 murieron en el ejercicio de sus funciones.

Las prisiones incrementaron un 7 % el número de reporteros encarcelados por su oficio, hasta los 348, debido a que el número de los “no profesionales” entre rejas aumentó un 40 %.
RSF indicó que los regímenes más represores han “amordazado durante años la prensa tradicional”, por lo que ahora se centran más en perseguir a “ciberreporteros” y otras formas de información.

Entre los países donde se ha observado este fenómeno figuran China, Arabia Saudí, Egipto o Irán.

China es la principal prisión para periodistas, con 60 encarcelados, diez de ellos en peligro de muerte, según RSF; le siguen Egipto con 38, Turquía con 33 y Arabia Saudí e Irán con 28 cada uno.

El último capítulo del informe lo ocupan los periodistas que son rehenes, 60, otro indicador en ascenso de un 11 %.

Pese a la caída del grupo yihadista Estado Islámico (EI), este sigue siendo el principal responsable de los secuestros, 21, repartidos entre Irak y Siria, país que cuenta con más secuestros, 31, frente a los 17 de Yemen y los 11 de Irak.

Solo un rehén está fuera de Oriente Medio, en manos del autoproclamado gobierno autónomo de Donetsk, en el este de Ucrania.

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