En la célebre obra de Miguel de Cervantes, Don Quijote afirmaba a su fiel Sancho: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos”. Pero advertía también que esa libertad siempre estaba amenazada por tres gigantes: la injusticia, el miedo y la ignorancia.
Si traemos esa reflexión a la República Dominicana actual, vemos con claridad que nuestros aspirantes presidenciales siguen evitando, con discursos vacíos e hipócritas, la lucha frontal contra estos tres enemigos históricos de la libertad ciudadana.
El primer gigante es la injusticia.
La desigualdad social continúa marcando la vida dominicana. Más de un tercio de la población vive en condiciones de pobreza o vulnerabilidad, mientras la corrupción y la falta de consecuencias erosionan la confianza en las instituciones. Los grandes casos judiciales se estancan o se diluyen, reforzando la percepción de que la justicia actúa con severidad contra los débiles pero con complacencia hacia los poderosos. Sin un compromiso real de los liderazgos políticos para garantizar un Estado de derecho fuerte e independiente, la injusticia seguirá cercenando la libertad de los ciudadanos.
El segundo gigante es el miedo.
El dominicano común convive con la inseguridad ciudadana, la falta de empleos, y un costo de la vida que golpea con fuerza los bolsillos. A esto se suma la incertidumbre por el futuro de los servicios básicos, desde la energía hasta la salud. En estas condiciones, el miedo inmoviliza: limita la capacidad de reclamar derechos y genera dependencia de prácticas clientelares que perpetúan el control político. Ningún proyecto de nación serio puede cimentarse sobre ciudadanos temerosos de perder lo poco que tienen.
El tercer gigante es la ignorancia.
Aunque la cobertura educativa ha mejorado, la calidad sigue siendo un problema crítico. A esto se añade la manipulación política que reemplaza el debate programático por consignas simplistas. Los aspirantes presidenciales rara vez exponen diagnósticos sólidos o propuestas claras para enfrentar los problemas estructurales del país. La desinformación y el populismo se convierten en herramientas eficaces para mantener a una parte del electorado en la oscuridad, lejos de un voto consciente y crítico.
Ante este panorama, la pregunta es inevitable: ¿qué libertad puede existir en una sociedad donde la injusticia excluye, el miedo paraliza y la ignorancia desarma?
La historia nos enseña que la libertad no se conquista de manera pasiva. Se construye día a día con instituciones fuertes, ciudadanos informados y liderazgos comprometidos. Si la clase política dominicana sigue evitando la confrontación con estos tres gigantes, seguirá hipotecando el presente y el futuro de la nación.
El gran reto de las elecciones no es solo elegir un presidente, sino exigir que quien llegue al poder tenga la voluntad de enfrentar de frente a estos enemigos de la libertad. Porque, como recordaba Don Quijote, la libertad no es un lujo, sino el mayor de los dones.

