Nota: Por considerarlo de sumo interes para nuestros lectores y con el permiso de su autor el Congresista-Diputado Elias Wessin Chavez nos permitimos publicar de manera integra su importante articulo, Veamos:
Santo Domingo, R. D.-El enfrentamiento entre Donald Trump y Jerome Powell, cabeza de la Reserva Federal, no solo cae en el ámbito técnico. Es el reflejo de una tensión estructural, la distancia entre la economía real (la que viven las familias) y la economía tecnocrática que gestionan los guardianes del dinero.
La estabilidad monetaria es un pilar irrenunciable. Pero también lo es el orden social. De ahí es, que la discusión adquiere una dimensión más profunda.
El contexto que no puede ignorarse, esto es, la herencia fiscal y la presión social nos dicen que las decisiones económicas no ocurren en el vacío.
La administración de Joe Biden dejó tras de sí un escenario de alto gasto público, expansión fiscal agresiva y presiones inflacionarias acumuladas. En ese contexto, el margen de maniobra se reduce y las tensiones afloran.
Es precisamente bajo estas condiciones que el presidente Trump solicita una reducción de tasas. No se trata meramente de una jugada política, sino de una reacción frente a una economía tensionada donde, el costo del crédito pesa sobre familias y empresas; el consumo se desacelera y la clase media enfrenta una erosión progresiva de su capacidad de compra.
Es ahí, donde su planteamiento adquiere un carácter humano. No es la frialdad de un modelo econométrico; es la presión concreta de millones de ciudadanos que sienten la presión financiera en su día a día.
La tecnocracia frente al ciudadano defiende Bancos Centrales independientes, pero desde nuestra perspectiva de Orden y Ley sus políticas no deben ser desconectadas de la realidad social.
Cuando la Reserva Federal actúa con una rigidez excesiva, corre el riesgo de caer en un dogmatismo tecnocrático que prioriza indicadores sobre personas.
Powell representa esa lógica, control de la inflación, estabilidad a largo plazo. Eso es importante. Pero también es incompleto. Porque una política monetaria que ignora el sufrimiento inmediato puede terminar erosionando la legitimidad del propio sistema que pretende proteger. La petición de Trump en esta etapa es de racionalidad política y sensibilidad social.
Reducir la tasa de interés, como propone, tiene efectos inmediatos, alivia la carga financiera de hogares endeudados; reactiva el crédito productivo y estimula el consumo y la inversión.
Negar de plano esta herramienta en un contexto de presión económica es un error. Porque lo que pide el presidente Trump no es simplemente conveniente en términos políticos; es comprensible en términos humanos.
Esa dimensión (la humana) es precisamente la que muchas veces queda fuera del radar tecnocrático.
El equilibrio necesario es orden con rostro humano. Cualquier doctrina económica no puede caer en la rígidez extrema y larga de sacrificar a la sociedad en nombre de la estabilidad. La esencia es el orden, sí, pero un orden al servicio de la libertad y el bienestar.
Por eso, una lectura equilibrada de esa disputa consiste en que el presidente Trump acierta al visibilizar la urgencia social y el impacto real de las altas tasas.
El problema surge cuando los tecnócratas decisores de políticas económicas ignoran completamente la lógica del otro.
En definitiva, la economía necesita más humanidad. El debate no es tasas altas versus tasas bajas. Es algo más profundo ¿puede una economía ser estable si deja de ser humana?
La insistencia de @RealDonaldTrump en bajar las tasas no debe verse únicamente como presión política, sino como un recordatorio de que detrás de cada punto porcentual hay familias, empleos y proyectos de vida. El riesgo no es que la política intervenga. El verdadero riesgo es que la economía se vuelva indiferente.
En ese punto inconcluso, debe recordarse que el mercado es un medio, no un fin.

