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Gobernados por la improvisación

Puerto Rico no atraviesa una crisis de recursos. Atraviesa una crisis de competencia. Los sobregiros, los contratos sin control, los sistemas que no se hablan entre sí y las emergencias que llegan siempre “por sorpresa” tienen una raíz común: demasiadas agencias están dirigidas por personas que no tienen la preparación técnica, administrativa ni especializada que el puesto exige.

Nadie le confiaría un puente a quien nunca estudió ingeniería, ni una cirugía a quien nunca pisó una sala de operaciones. Sin embargo, aceptamos como normal que una agencia con miles de empleados y cientos de millones de dólares sea dirigida por alguien cuyo mérito principal es la lealtad política. Se nombra por afinidad y no por capacidad. Luego nos sorprende que no se entienda un presupuesto, que no se planifique una compra, que no se supervise un contrato y que no se anticipe una sequía.

El costo del amateurismo

Cuando quien dirige no domina la materia, no puede evaluar lo que otros le presentan. Firma lo que le ponen delante. Delega en consultores y contratistas lo que debería entender por sí mismo. No distingue entre un gasto necesario y uno inflado. No detecta un error de proyección hasta que la cuenta ya está en rojo.

El resultado es el que vivimos: caos en la gestión, fallas en la ejecución y un presupuesto sobregirado sin control. Se improvisa, se parcha, se pide prestado y se vuelve a empezar. Cada crisis se atiende con otra medida de emergencia, nunca con una solución de fondo, porque quien está al mando no tiene el conocimiento para diseñarla.

Esto no se arregla cambiando de nombres

Cambiar de funcionarios cada cuatro años no resuelve nada si quienes llegan salen del mismo sistema que no formó a nadie para dirigir con rigor. Cada generación de líderes es producto de las escuelas que tuvo. Si el sistema educativo gradúa estudiantes que no comprenden lo que leen, no pueden analizar un documento ni resolver un problema complejo, no podemos esperar de ellos, treinta años después, que administren con excelencia un presupuesto de miles de millones.

La incompetencia del gobierno de hoy es la factura atrasada de la educación de ayer. Por eso la única solución real y duradera es educativa.

Un nuevo modelo educativo

Puerto Rico necesita un modelo que forme personas capaces de pensar, crear y dirigir. Su base debe ser clara:

Volver a los libros y a las destrezas serias

Hay que decirlo sin rodeos: es hora de volver al libro de papel. La pantalla fragmenta la atención y premia lo breve, lo veloz y lo superficial. El libro exige concentración sostenida, y esa concentración es la que construye la mente que luego sabe analizar, argumentar y decidir. La tecnología tiene un lugar en la escuela, pero como herramienta al servicio de una mente que ya sabe leer y pensar, no como sustituto de ese esfuerzo.

Y hay que acabar con la práctica de pasar de grado a quien no domina las destrezas. La promoción automática no es compasión. Es fraude. Le dice al estudiante que aprendió lo que no aprendió, le entrega un diploma vacío y lo lanza a un mundo que no será indulgente. Un estudiante no debe avanzar al próximo grado sin demostrar que domina lo del anterior. Cuando no lo logra, la respuesta es apoyo, tutoría y tiempo, no una mentira administrativa.

Para darle ontexto a lo mencionado en el articulo se presenta la evidencia del caos gubernamental.

A continuación se detallan las investigaciones, querellas y referidos ante el Departamento de Justicia (DJ) y las comisiones legislativas del Senado asociados a cada uno de los casos principales registrados entre 2025 y 2026:

1. DDEC / OGPe (Caso de Sebastián Negrón Reichard y Norberto Almodóvar)

2. La Fortaleza (Francisco Domenech e Itza García)

3. Departamento de la Familia (Caso de Cyd Marie Lora / Suzanne Roig)

4. DTOP / DISCO (Caso de Mary Fuster)

La decisión que nos toca

Podemos seguir apagando incendios fiscales con dinero prestado, o podemos atacar la causa. Si queremos agencias dirigidas por personas capaces, necesitamos escuelas publicas que formen personas capaces. Si queremos presupuestos que cuadren, necesitamos ciudadanos que sepan leerlos y exigirlos. Si queremos un país próspero, necesitamos jóvenes que sepan crear, no solo esperar.

Ninguna reforma de agencias, ninguna ley ni ningún comité sustituye esto. El futuro de Puerto Rico se decide en el salón de clases. Mientras sigamos graduando a quienes no entienden lo que leen, seguiremos eligiendo y nombrando a quienes no entienden lo que dirigen.

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