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9/11: LA HERIDA HISPANA QUE 25 AÑOS DESPUÉS SIGUE ABIERTA

Al menos 250 latinos murieron en los ataques del 11 de septiembre de 2001. Pero la tragedia hispana no terminó aquel día: miles de sobrevivientes, rescatistas, trabajadores de limpieza y familias han vivido durante un cuarto de siglo con enfermedades, trauma psicológico y una lucha prolongada por reconocimiento y atención médica.

Por Marcos A. Tejeda
Publisher & Editor-in-Chief
El Sol de la Florida

NUEVA YORK. — Veinticinco años después de que los aviones secuestrados por Al Qaeda golpearan las Torres Gemelas, el Pentágono y un campo de Pensilvania, Estados Unidos vuelve a pronunciar los nombres de los 2,977 hombres, mujeres y niños asesinados el 11 de septiembre de 2001.

Pero dentro de esa cifra existe una historia que durante años recibió menos atención de la que merece: la profunda huella hispana del 9/11.

El National September 11 Memorial & Museum estima que al menos 250 de las 2,977 víctimas eran latinas. Eran empleados de compañías financieras, trabajadores de restaurantes, personal de mantenimiento, contratistas, militares, policías, rescatistas y otros trabajadores que formaban parte de la extraordinaria diversidad humana del World Trade Center y de Nueva York.

La tragedia tampoco terminó con aquellos 250 fallecidos.

Cientos de miles de personas estuvieron expuestas al polvo, humo, sustancias tóxicas y trauma psicológico generado por los ataques y las operaciones de rescate, recuperación y limpieza. Entre ellas hubo una presencia hispana sustancial, incluidos trabajadores inmigrantes y algunos indocumentados que ayudaron a limpiar edificios, oficinas, apartamentos y comercios alrededor de Ground Zero.

Un cuarto de siglo después, muchos siguen pagando el precio.

2,977 VIDAS, DECENAS DE PAÍSES Y UNA NUEVA YORK PROFUNDAMENTE LATINA

Los ataques del 11 de septiembre dejaron 2,977 víctimas: 2,753 en Nueva York, 184 en el Pentágono y 40 pasajeros y tripulantes del vuelo United 93 que se estrelló cerca de Shanksville, Pensilvania.

Las víctimas procedían de alrededor de 90 países.

En 2001, más de una cuarta parte de los habitantes de Nueva York se identificaban como hispanos o latinos. Esa realidad demográfica se reflejaba cada mañana en las Torres Gemelas y sus alrededores.

Los datos históricos de los Centers for Disease Control and Prevention muestran además que, entre 2,726 fallecidos del World Trade Center cuyos certificados de defunción fueron estudiados, 34 habían nacido en Puerto Rico y 26 en República Dominicana.

Pero esos números no representan el total de víctimas puertorriqueñas o dominicanas.

Muchos latinos habían nacido en Nueva York, Nueva Jersey u otros estados de Estados Unidos. Por eso, nacionalidad, lugar de nacimiento y origen étnico no son categorías intercambiables.

Es precisamente una de las razones por las cuales resulta difícil establecer una cifra única y absoluta de víctimas hispanas.

El Memorial del 9/11 utiliza la expresión “at least 250” —al menos 250—, una formulación que reconoce esa complejidad.

NOMBRES HISPANOS GRABADOS EN BRONCE

Hoy, alrededor de las dos enormes piscinas construidas exactamente donde estuvieron las Torres Gemelas, miles de nombres están grabados en bronce.

Entre ellos aparecen apellidos que forman parte de la historia latina de Nueva York: Álvarez, Ortiz, Suárez, Zambrana, Zempoaltecatl, y muchos más. El propio listado oficial del Memorial incluye, entre otros, a Edwin J. Zambrana Jr. y Martin Morales Zempoaltecatl.

No son simplemente nombres.

Cada uno representa una familia que aquel martes salió de casa esperando volver por la tarde.

Muchos dejaron padres, esposos, hijos pequeños y comunidades enteras que continúan recordándolos 25 años después.

RAMON SUAREZ: UN POLICÍA QUE ENTRÓ PARA SALVAR VIDAS

Una de las historias preservadas por el 9/11 Memorial Museum es la del oficial del NYPD Ramon Suarez.

Suarez murió mientras ayudaba a otras personas durante los ataques.

Su hija Jillian tenía apenas nueve años cuando perdió a su padre. Años después, junto con su madre Carmen Suarez, participó en el proyecto de historia oral del Memorial para reconstruir quién era Ramon antes de convertirse en uno de los nombres asociados al heroísmo del 11 de septiembre.

Su historia ayuda a recordar una dimensión frecuentemente olvidada: entre los latinos del 9/11 no solamente hubo víctimas atrapadas en edificios.

También hubo policías, paramédicos, bomberos y trabajadores que corrieron hacia el peligro mientras miles trataban de escapar de él.

EL HEROÍSMO TAMBIÉN HABLÓ ESPAÑOL

La paramédica Juana Lomi, de ascendencia dominicana, fue una de las primeras profesionales de emergencias que llegaron al World Trade Center.

Según el 9/11 Memorial Museum, Lomi se encontraba cerca del NYU Downtown Hospital cuando vio pasar a baja altura el vuelo American Airlines 11 antes de que impactara la Torre Norte.

Ella y su compañero condujeron inmediatamente su ambulancia hacia las Torres.

Historias como la de Lomi revelan que la comunidad latina no fue simplemente víctima del ataque.

Fue también parte esencial de la respuesta.

LOS TRABAJADORES INVISIBLES DE LA LIMPIEZA

Después de que las Torres colapsaron, comenzó otro capítulo del desastre.

La ciudad tenía que limpiar millones de toneladas de polvo, escombros y materiales contaminados.

El 9/11 Memorial Museum señala que la limpieza de negocios, hogares y otros espacios alrededor del World Trade Center dependió considerablemente del trabajo de inmigrantes hispanos y latinos, incluidos trabajadores indocumentados.

Muchos realizaron labores físicamente peligrosas en una época en la que todavía no se comprendía completamente el alcance de los contaminantes presentes en el polvo.

Otros enfrentaron barreras adicionales para demostrar dónde habían trabajado, documentar su exposición o posteriormente reclamar asistencia médica y compensación.

Su historia transforma la definición tradicional de “víctima del 9/11”.

Porque algunas personas murieron aquella mañana.

Otras comenzaron a enfermar años después.

EL AIRE QUE PARECÍA HABERSE ACLARADO, PERO NO ERA SEGURO

El colapso de las Torres produjo una gigantesca nube de polvo y residuos.

Cientos de miles de personas estuvieron potencialmente expuestas.

El CDC estima que aproximadamente 400,000 personas enfrentaron un mayor riesgo de efectos físicos o psicológicos adversos debido a los ataques y sus consecuencias.

El polvo contenía una compleja mezcla de materiales procedentes de oficinas, edificios, sistemas eléctricos, vidrio, concreto, metales y productos en combustión.

Con el paso de los años comenzaron a aparecer enfermedades respiratorias, problemas digestivos, cánceres y trastornos de salud mental asociados a la exposición del World Trade Center.

Lo que inicialmente parecía una tragedia concentrada en una mañana se convirtió en una crisis sanitaria de varias décadas.

MÁS DE 14,000 HISPANOS EN EL PROGRAMA DE SALUD DEL WORLD TRADE CENTER

Existe un dato que muestra con extraordinaria claridad hasta dónde llega la huella latina.

En 2022, el CDC informó que más de 14,000 miembros del World Trade Center Health Program se identificaban como hispanos.

Ese programa federal proporciona monitoreo y tratamiento médico a personas afectadas directamente por el 9/11, incluyendo:

rescatistas, policías, bomberos, trabajadores de recuperación y limpieza, voluntarios, residentes, empleados de Manhattan, estudiantes y otras personas expuestas.

Actualmente, más de 130,000 respondedores y sobrevivientes han estado inscritos en el programa.

Las cifras hispanas muestran algo importante:

el número de latinos afectados a largo plazo supera ampliamente al de quienes murieron el día de los ataques.

CÁNCER, ENFERMEDADES RESPIRATORIAS Y SALUD MENTAL

Los problemas de salud relacionados con el World Trade Center abarcan varias categorías.

Entre los participantes vivos del programa federal, decenas de miles tienen enfermedades aerodigestivas; decenas de miles han recibido certificaciones relacionadas con cáncer; y miles reciben tratamiento por problemas de salud mental. Los datos federales aclaran que una persona puede estar certificada por más de una condición.

Las investigaciones también han encontrado una vulnerabilidad particularmente importante entre los hispanos.

Un estudio del World Trade Center Health Registry reportó que los participantes de origen hispano presentaron tasas especialmente elevadas de probable trastorno de estrés postraumático —PTSD—, llegando al 30% en determinados análisis de las personas estudiadas.

Investigaciones posteriores financiadas por el WTC Health Program también han señalado que los trabajadores hispanos de rescate y recuperación han mostrado un riesgo mayor de PTSD que los respondedores blancos no hispanos.

Es una dimensión menos visible que el cáncer o las enfermedades pulmonares, pero igualmente real.

LAS MUERTES NO TERMINARON EL 11 DE SEPTIEMBRE

Este 25 aniversario tiene una característica especialmente significativa.

Por primera vez, durante la ceremonia principal en Ground Zero se incorporó un séptimo momento de silencio dedicado a quienes han muerto posteriormente a consecuencia de enfermedades relacionadas con el 9/11.

La decisión reconoce oficialmente una realidad que las familias y los respondedores conocen desde hace años:

el número de víctimas continúa creciendo.

El New York City Fire Department informó recientemente que más de 600 miembros del FDNY han muerto por enfermedades relacionadas con el World Trade Center desde los ataques.

Solamente el pasado 2 de septiembre, el FDNY agregó 36 nuevos nombres a su World Trade Center Memorial Wall: miembros del departamento que fallecieron por enfermedades asociadas a su trabajo durante las operaciones de rescate y recuperación.

Ese muro sigue creciendo.

25 AÑOS Y TODAVÍA HAY VÍCTIMAS SIN IDENTIFICAR

Hay otra realidad estremecedora.

A 25 años de los ataques, todavía existen restos humanos que no han podido vincularse a una identidad.

El 24 de agosto de 2026, pocas semanas antes de este aniversario, la Oficina del Médico Forense de Nueva York anunció que había logrado identificar a otra víctima mediante genealogía genética forense investigativa.

Fue la víctima número 1,654 identificada forensicamente entre las 2,753 personas que murieron en Nueva York.

Su nombre no fue revelado a petición de la familia.

El dato ilustra la dimensión física de la destrucción producida por el colapso de las Torres.

Para algunas familias, incluso después de un cuarto de siglo, la ciencia continúa intentando devolverles algo tan elemental como una identificación.

LOS INMIGRANTES INDOCUMENTADOS ENFRENTARON UNA DOBLE TRAGEDIA

Dentro de la historia hispana existe además un capítulo particularmente doloroso.

Algunos inmigrantes que murieron o fueron afectados por el 9/11 carecían de documentación migratoria regular.

Para sus familiares, demostrar que habían trabajado en las Torres o en empresas cercanas podía convertirse en un desafío extraordinario.

Reportes históricos describen familias que tuvieron dificultades simplemente para documentar que sus seres queridos se encontraban allí.

Posteriormente, trabajadores indocumentados de limpieza enfrentaron problemas similares para documentar exposición y acceder a mecanismos de compensación o atención médica.

El terror no preguntó por estatus migratorio.

Pero después del ataque, las burocracias sí exigieron documentos.

EL 9/11 TAMBIÉN CAMBIÓ LA EXPERIENCIA DEL INMIGRANTE

La tragedia tuvo otra consecuencia profunda para las comunidades inmigrantes.

El 11 de septiembre transformó la política de seguridad estadounidense: produjo nuevas agencias, mayores controles fronterizos y aeroportuarios, expansión de vigilancia y una nueva arquitectura federal de seguridad nacional.

El Department of Homeland Security nació directamente de esa transformación.

Para millones de inmigrantes —latinos incluidos— viajar, cruzar fronteras, obtener documentos, solicitar visas y relacionarse con instituciones federales nunca volvió a ser exactamente igual.

La respuesta al terrorismo alteró no solamente la política exterior de Estados Unidos, sino también muchas dimensiones de la vida cotidiana dentro del país.

ENTRE EL DOLOR Y EL SUEÑO AMERICANO

La historia latina del 9/11 es también una historia profundamente estadounidense.

Muchos de quienes murieron habían llegado buscando exactamente aquello que generaciones de inmigrantes han buscado en este país:

trabajo, seguridad, educación para sus hijos y la posibilidad de construir una vida mejor.

Algunos limpiaban oficinas.

Otros dirigían compañías.

Algunos servían en uniforme.

Otros trabajaban en restaurantes.

Algunos nacieron en República Dominicana, Puerto Rico, México, Colombia, Ecuador u otros países de América Latina.

Otros habían nacido en Nueva York y hablaban inglés como primera lengua, pero sus hogares conservaban apellidos, comida, música y tradiciones de sus padres y abuelos.

En las Torres Gemelas coincidieron todas esas historias.

UNA GENERACIÓN QUE YA NO RECUERDA

Este aniversario tiene además una dimensión distinta a los anteriores.

Han pasado 25 años.

Millones de estadounidenses adultos nacieron después de los ataques.

Para ellos, las imágenes del avión entrando a la Torre Sur, las columnas de humo, las personas caminando cubiertas de polvo y los carteles improvisados buscando desaparecidos pertenecen a la historia, no a la memoria personal.

Ese cambio generacional plantea un desafío.

Recordar el 9/11 no puede reducirse a repetir una cifra.

Significa explicar quiénes eran esas personas.

Y dentro de esa obligación de memoria deben estar también las comunidades que, durante años, quedaron parcialmente escondidas detrás de la estadística general.

LA DEUDA CON LOS HISPANOS DEL 9/11

Al menos 250 latinos murieron aquel día.

Pero miles más respiraron el polvo.

Miles participaron en rescates y limpieza.

Miles han sido tratados por enfermedades relacionadas con el World Trade Center.

Más de 14,000 hispanos ya figuraban dentro del programa federal de salud hace cuatro años.

Y todavía hoy existen familias que viven las consecuencias médicas, económicas y emocionales de lo ocurrido aquella mañana.

Por eso, cuando Estados Unidos dice “Never Forget” —Nunca Olvidar—, la memoria debe ser completa.

Debe recordar al ejecutivo.

Al cocinero.

Al policía.

Al inmigrante.

Al trabajador de limpieza.

Al paramédico.

Al ciudadano nacido en Nueva York y al recién llegado que apenas comenzaba a construir su futuro.

También debe recordar a quienes sobrevivieron al ataque, pero quedaron enfermos por lo que respiraron mientras intentaban salvar, recuperar o reconstruir la ciudad.

25 AÑOS DESPUÉS, SUS NOMBRES SIGUEN HABLANDO

Esta mañana, familiares regresaron nuevamente a Ground Zero.

Las campanas sonaron.

Los nombres volvieron a ser leídos uno por uno.

A las 8:46 a.m., Estados Unidos guardó silencio por el momento en que American Airlines Flight 11 impactó la Torre Norte.

Otros momentos de silencio recordaron el segundo avión, el Pentágono, el vuelo 93 y el colapso de ambas torres. Este año se añadió el homenaje a quienes murieron posteriormente por enfermedades relacionadas con los ataques.

Veinticinco años después, ya no existe el World Trade Center que aquellos trabajadores encontraron al llegar a sus empleos el 11 de septiembre de 2001.

Pero sus nombres permanecen.

Y entre ellos permanecen centenares de nombres hispanos.

Porque la historia del 9/11 también se escribió en español.

El Sol de la Florida honra hoy a todos los fallecidos, sobrevivientes, rescatistas, trabajadores y familias afectadas por los ataques del 11 de septiembre de 2001, con un reconocimiento especial a la comunidad hispana cuya contribución, sacrificio y dolor forman parte inseparable de esta historia estadounidense.

Fuentes: National September 11 Memorial & Museum, Centers for Disease Control and Prevention/NIOSH, World Trade Center Health Program, New York City Office of Chief Medical Examiner, FDNY y cobertura conmemorativa del 25 aniversario de Reuters y Associated Press.

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