Torre Fantasma de Bangkok, monumento a la ambición desmedida

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El edificio Sathorn Unique, que iba a ser uno de los rascacielos más lujosos de Bangkok pero cuya construcción fue interrumpida hace dos décadas en medio de una crisis económica de toda Asia, visto desde la distancia el 25 de enero del 2017. El edificio abandonado es hoy una monumental curiosidad que atrae a turistas. (AP Photo/Sakchai Lalit)

Por DAKE KANG |

BANGKOK (AP) — El rascacielos de 49 pisos debió ser un condominio de lujo para los nuevos ricos en Bangkok, pero nunca fue terminado por el estallido de la crisis económica que estremeció a Asia en 1997.

Hoy se le dice la “Torre Fantasma” y es un monumento a los errores del pasado, un objeto curioso que atrae a numerosos visitantes.

“Sathorn Unique”, que se encuentra junto al río Chao Phraya, es visitado diariamente por decenas de extranjeros, que observan atónitos el esqueleto decrépito de la estructura. No viven allí los yuppies de Tailandia, sino murciélagos, ratas, malezas, árboles y un gato blanco y negro, que fue visto un día paseándose por un balcón del séptimo piso.

“Esto se va para arriba”, dice un graffiti irónico en el quinto piso, aludiendo a las grandes ambiciones del proyecto.

Cerca de la entrada hay un desvencijado santuario improvisado. Junto a cenizas de incienso hay una imagen amarillenta del finado rey de Tailandia luciendo sus mejores galas. También unas botellas viejas de Red Fanta, la bebida preferida del fantasma, según el guardia Suwaschai Dadaelor.

En el boom de los años 90 surgieron numerosos rascacielos que cambiaron la silueta de Bangkok y había grúas por todos lados.

El arquitecto y empresario de la construcción Rangsan Torsuwan tenía dinero para regalar, producto de ostentosos rascacielos sobre la playa Pattaya, que vendía antes de construirlos.

Hasta que llegó lo que los tailandeses llaman la crisis del “Tom Yum Goong”, aludiendo a una sopa picante. Comenzó cuando el gobierno devaluó inesperadamente el baht, la divisa local. Los inversionistas sacaron su dinero tan rápido como pudieron y desataron una crisis regional.

Unos 500 proyectos de construcción importantes –desde centros comerciales hasta trenes elevados– fueron interrumpidos.

La mayoría se completarían más adelante. Pero no el de la Torre Fantasma. Rangsan fue acusado en 1993 de tratar de asesinar al presidente de la Corte Suprema. El caso se prolongó eternamente hasta que fue hallado culpable 15 años más tarde, para ser luego exonerado. A esa altura los potenciales inversionistas no querían saber nada con el proyecto.

La estructura de 185 metros (607 pies) es uno de los rascacielos abandonados más altos del mundo, superado solo por el Hotel Ryugyong de Corea del Norte, de 105 pisos, que está en construcción desde 1987.

La Torre Fantasma pasó a ser un objeto llamativo, que llegó a atraer cientos de turistas diariamente, quienes pagaban unos seis dólares para que los guardias los dejasen deambular por las ruinas, tomarse fotos y videos e incluso hiciesen fiestas en el techo.

“Las fotos se ven bien bobas”, comenta Sorcha O’Malley, una turista irlandesa que se tomaba fotos desde un callejón vecino. La mujer miró hacia arriba y dijo: “Quiero una foto allí arriba”.

“Ya de solo caminar por los alrededores se me acelera el corazón”, expresó la alemana Annikha Mahnke. “Es una verdadera aventura subirse allí”.

En abril del 2015 dos corredores parkour (con obstáculos) veinteañeros publicaron videos en YouTube en los que se los ve recorriendo el edificio, dando volteretas junto a las columnas y colgando de los balcones. El video se hizo viral y empezó a atraer a aventureros y exploradores urbanos deseosos de una experiencia singular.

Para el hijo de Rangsan, Pansit, a cargo del edificio, esa fue la gota que colmó el vaso. A partir de entonces cerró con candados los accesos.

“Estaba preocupado”, explicó. “Esta estructura no fue terminada, es muy peligroso dejar que la gente suba allí”.

Hace algunso años, un sueco de 30 años, Stig Johan Kristian Hammarsten, se ahorcó en el 43er piso. Su cadáver fue encontrado semanas después, putrefacto, lo que ayudó a cimentar la fama de edificio embrujado.

“Récenle a los espíritus”, dice un cartel escrito en tailandés en el 43er piso.

Suwaschai, el guardia, dice que rinde homenaje a los fantasmas todos los días para no ser acosado por ellos. Asegura que uno lo observó desde detrás de una columna. Dice que se trataba de una imagen difusa de un obrero fornido, con pelo negro, vestido solo con un taparrabos. Otro lo tomó y lo hizo levitar una vez que estaba enfermo.

Una pareja de taiwanés y tailandesa decidió tomarse unas fotos en el hueco de un ascensor y vio otras caras en la foto, según Suwaschai, señalando unas figuras brumosas en la foto. “Esta es una historia verdadera, no estoy inventando nada”.

Se dice que para construir el proyecto de Rangsan se destruyó un viejo cementerio, lo que aumenta la mística del lugar.

La estructura es objeto de varias demandas que se están dilucidando en los tribunales y es poco probable que vaya a ser demolida a corto plazo. Los inspectores aseguran que su estructura de cemento reforzado sigue siendo sólida a pesar del paso del tiempo y el azote de las tormentas.

Los únicos ocupantes son un cartel de Pepsi y otro del iPhone 7.

Los tailandeses dicen que hay que aprender las lecciones que dejó el fiasco.

Una tarde reciente se reunió un grupo de gente en el primer piso de la Torre Fantasma para un seminario titulado: “La torre, la crisis financiera y los 20 años que pasaron”.

“Este edificio es importante porque es un símbolo”, dijo Rames Promyen, director del Instituto Nacional del Museo de los Descubrimientos.

“Nos recuerda lo que somos, cómo prepararse mejor para futuras crisis y como hacernos más fuertes”.

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