Por una mayor unidad con América Latina

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Por Hillary Clinton |

Hillary Clinton 6En un mundo vasto y complejo, a veces pasamos por alto a nuestros vecinos más cercanos. Miramos hacia el este, miramos hacia el oeste, pero frecuentemente nos olvidamos de mirar hacia el sur, aun cuando ninguna región es más importante para nuestra prosperidad a largo plazo y nuestra seguridad que Latinoamérica.

Hay poder en nuestra proximidad, no sólo nuestra cercanía geográfica sino también nuestros valores, intereses y el patrimonio cultural en común. Nuestras economías, comunidades e incluso nuestras familias están entrelazadas. Y esa interdependencia es una ventaja enorme.

No deberíamos amurallarnos frente a esa realidad, deberíamos aceptarla.

Esto es algo en lo que he creído por mucho tiempo. Ha sido una de mis prioridades como secretaria de Estado. Y mi compañero de fórmula, el senador Tim Kaine, también lo entiende. Hace muchos años él vivió y trabajó en Honduras y desde entonces ha estado acumulando experiencia en Latinoamérica, especialmente como miembro del Comité de Relaciones Internacionales y Fuerzas Armadas del Senado.

Si Tim y yo somos elegidos este otoño, nuestra administración hará de profundizar los vínculos con Latinoamérica una pieza central de nuestra política exterior.

En los últimos años, Latinoamérica ha dado grandes pasos. Cambios históricos están haciendo de las Américas una región más democrática con una clase media creciente, y una fuerza emergente de paz y progreso global. Sin embargo, la región también enfrenta verdaderas amenazas. La pregunta es si el progreso podrá consolidarse o se perderá.

Estados Unidos no puede darse el lujo de quedarse atrás en una región que incluye a México y a Brasil, dos de las economías más grandes del mundo. Su seguridad y su prosperidad impactan la nuestra directamente. Así que debemos acercarnos a nuestros vecinos. No sólo por su bienestar, pero también por el nuestro.

Es por eso que necesitamos extender la mano a Cuba. En vez de volver a las políticas fallidas del siglo XX, debemos apoyar el derecho del pueblo cubano a decidir su propio futuro. Como Secretaria de Estado, recomendé poner fin al embargo que empoderó a extremistas y que prolongó la represión política que el pueblo cubano ha soportado por décadas. Celebro los pasos que el presidente Obama ha dado para normalizar nuestra relación. Como presidenta, trabajaré con el Congreso para completar esa tarea, porque creo que una mayor interacción entre estadounidenses y cubanos es buena para ambas naciones. Entonces, a medida que comenzamos un nuevo capítulo en nuestra relación con Cuba, continuaremos nuestro trabajo contra los abusos de los derechos humanos en la isla.

Necesitamos mantener la presión sobre Venezuela y trabajar para encontrar una solución pacífica a la actual crisis política y humanitaria, como resultado del legado del régimen autoritario de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. No dudaremos en sancionar a los individuos que violen los derechos humanos o roben a sus conciudadanos o en hablar a favor de los prisioneros políticos. A la vez que los venezolanos expresan su derecho constitucional a emprender un cambio de rumbo, deberían saber que no están solos. Estados Unidos está con ellos. Y utilizaremos nuestro liderazgo en Latinoamérica para asegurar que el resto de la región también se una en solidaridad.

Necesitamos seguir involucrándonos con Colombia, donde recientemente fue alcanzado un histórico acuerdo de paz, poniendo fin a décadas de conflicto. Durante la presidencia de mi esposo, lanzamos una alianza con la nación, apoyando a los colombianos a defender a su país del narcotráfico y los grupos guerrilleros. Y hoy debemos continuar la ayuda a los colombianos para construir una paz justa y duradera. Ellos tienen un recorrido largo pero prometedor por venir, y Estados Unidos debe ser su socio en cada paso.

Y necesitamos colaborar con nuestros vecinos en Centroamérica como El Salvador, Guatemala y Honduras. No sólo debemos buscar cómo reducir la violencia, sino también debemos reconocer que ayudar a la gente a encontrar empleo y oportunidades en la economía legítima debilita el comercio de las drogas y ofrece alternativas a las pandillas que están provocando gran parte del conflicto. Como Tim Kaine aprendió hace años cuando trabajó de voluntario en una escuela vocacional en Honduras, la paz no es sólo la ausencia de violencia. Es la presencia de la justicia y de la oportunidad. En nuestra mejor condición, Estados Unidos ha usado recursos y poder para promover ambas. Ese será nuestro objetivo todos los días en la Administración de Clinton-Kaine.

Cuando miramos a Latinoamérica vemos un potencial de democracias vibrantes, una clase media creciente, recursos naturales extraordinarios, algunas de las comunidades más diversas del mundo y un sentido de optimismo y posibilidad que nos inspira.

Donald Trump mira al sur y sólo ve crimen y caos. Desde el primer momento de su campaña, él menospreció a los latinos de Estados Unidos, insultó y degradó a personas en toda la región y prometió construir una muralla entre nosotros y nuestro vecino más cercano.

Está completamente equivocado.

No necesitamos cerrar nuestras fronteras. Necesitamos más puentes. Más colaboración. Más cooperación. Más entendimiento mutuo. Así es cómo encontraremos más caminos hacia a la prosperidad y la paz.

Cuando más de 50 millones de personas en Estados Unidos son de ascendencia latinoamericana, deberíamos involucrarnos constructivamente con nuestros vecinos. Somos más fuertes juntos y trabajando juntos, tenemos mucho que aprender el uno del otro.

Ex secretaria de Estado, candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos.

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