Feria de Mapas de Miami desconfía de quién “conquistó” la Florida

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Jorge Ignacio Pérez |

Miami (EE.UU.).- Miami se ha puesto en el mapa del mundo. O al revés, si se tiene en cuenta que 34 “guardianes” de la cartografía antigua se han dado cita este fin de semana en la ciudad estadounidense para mostrar y vender mapas, como uno del siglo XVII valorado en un cuarto de millón de dólares.

Un viaje en el tiempo de una sola pasada. Eso es factible frente al original de un mapa de navegación que muestra cómo eran concebidos el Océano Atlántico, América y África en el siglo XVII y que los libreros de la casa Barry Lawrence Ruderman, de California, han traído a la 24 Feria Internacional de Mapas de Miami.

Todavía este ejemplar, impreso en papel vitela, o lo que es lo mismo, en piel de vaca, no tiene comprador, pero sí muchos curiosos.

El director del Museo de Historia de Miami, Jorge Zamanillo, dice que “lo bueno de esta feria es que se muestran mapas que pueden valer millones de dólares y otros que cuestan 20”.

Comenzaron en 1993 con unos mapas de coleccionistas privados de la ciudad y con algunos fondos del Museo, cartografía de la Florida y el Caribe fundamentalmente.

Con el paso del tiempo, la exhibición de cada año se ha convertido en la más importante de este lado del Atlántico.

Del otro lado están las ferias de igual envergadura en Londres y París.

Zamanillo no esconde su alegría al comprobar el interés de los historiadores en estos mapas. A través de la cartografía se podrían finalizar ciertas especulaciones.

Una podría ser la sospecha de que una partida de exploradores estuvo en la Florida antes que el español Juan Ponce de León.

“Hace tiempo tuve un mapa muy raro que parece certificar que Florida se descubrió antes de 1513, que no fue Ponce de León el descubridor, sino una expedición que no dejó su nombre”, dice a Efe el arqueólogo madrileño Gonzalo Fernández Pontes.

“Es un mapa publicado en Estrasburgo en 1513, el mismo año de la supuesta conquista, lo cual resulta incoherente. Pero vamos, que unos colegas belgas tienen un ejemplar”, invita a caminar por los pasillos Fernández Pontes, también librero y anticuario.

En efecto, sus colegas belgas tienen un ejemplar.

En el pergamino se ve la península de Florida, ahora estadounidense; Isabella (o sea, Cuba), y Spagnolla (Haití y República Dominicana). Lo que correspondería a Colombia y Venezuela lleva la leyenda de “Tierra Incognita”.

El coleccionista Brecht Devroe vende caros sus mapas, pero es que casi nadie los tiene.

Atesora cartografía de entre los años 1513 y 1700, de todo el mundo; planisferios, “zonas exóticas como América y el Sudeste Asiático. Mucho más inexistentes que los mapas europeos”, apunta.

Junto a su hermano, propietarios ambos de la casa de anticuarios Sanderus, Devroe lleva 20 años viniendo a la feria de Miami.

“Cada año venimos y vendemos mucho”, dice amablemente y luego se excusa porque un posible cliente le espera a un lado de sus mapas.

El madrileño Fernández Pontes también lleva veinte años cruzando el océano para encontrarse cara a cara con clientes. Dice haber visto, poco a poco, el cambio que ha dado esta ciudad.

Mientras conversa, un hombre de Seatle, que ha viajado seis horas hasta Miami, le espera convencido de que hallará algo especial.

“La gente busca entre los mapas y si halla algo que le falta, ahí mismo lo compra”, comenta Fernández Pontes, uno de los tres comerciantes de cartografía histórica que tiene España.

Los otros dos se encuentran también en Madrid. Son los dueños de la librería Amieva-México y los de Frame.

Fernández Pontes es el único español que viene a la feria de Miami. Cree en el cara a cara más que en internet. Es un viajero nato y se debate constantemente entre ser un coleccionista o un comerciante.

Posee fondos que comienzan desde la creación de la imprenta hasta las litografías, entre estos, varios libros y mapas considerados incunables, por su antigüedad.

Su librería está especializada en volúmenes ilustrados de viajes, desde el siglo XVI hasta el XIX.

“Los mapas antiguos son fundamentales para entender el devenir histórico”, remacha Fernández Pontes.

Del otro lado del salón se encuentra el anticuario Chris Lane, que ha venido desde Denver (Colorado), donde tiene su tienda, The Philadelphia Print, Shop West, para mostrar, e intentar vender, un globo terráqueo de metro y medio de alto, que tiene un precio de 11.500 dólares.

No sería tan costoso si no se tratara de una pieza original del año 1830, uno de los globos inflables que el profesor británico George Pocock construía para agilizar la enseñanza y de paso medir la capacidad de sus alumnos.

La inmensa esfera describe cómo era el mundo política y geográficamente casi dos siglos atrás.

Este sábado, cuando el salón esté lleno de curiosos y coleccionistas, el señor Lane estará cuidando que no se escape nadie sin pasar por delante de su tesoro, aunque lo tiene bastante fácil. El globo resalta a la vista.

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