El histórico paro contra el crimen en Moca

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(izq.) Capitán Porfirio Quezada Durán, Jefe PN de Moca. (der.) Costantino Cepeda por grapas, golpes.

 

Por Sebastian Del Pilar

En junio de 1970 mucha gente contempló extrañada la sucesión de dramáticos y trágicos eventos que turbaron la armonía y el sosiego del laborioso pueblo de Moca, induciendo a la espontanea eclosión de un Frente Revolucionario Clandestino que asumía la tarea de convocar a un paro regional de labores con carácter indefinido -el martes 9 de junio-, en repudio al crimen de tres jóvenes estudiantes que fueron ametrallados con la injustificable excusa de haber alterado el orden público.

Esos muchachos, nativos de esa colectividad, eran Ramón Antonio Rodríguez, René Paulino y Apolinar Burdiez; asesinados, el primero en la movilización de protesta por la selección de la República Dominicana como asiento de la reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA), fijada para finales del mes siguiente; y los otros dos, en el concurrido sepelio de Rodríguez, que fue convertido en contundente expresión de solidaridad y luto del pueblo de Moca, y en sentida queja social ante el salvaje comportamiento de la fuerza pública (Se recuerda que la OEA cargaba con una deuda histórica con el pueblo dominicano, por su componenda en la legitimación de la intervención militar estadounidense en abril de 1965).

El paro de actividades exigía, como reclamo principal,  el traslado inmediato del comandante de la dotación policial, capitán Eugenio Lizardo Fernández, por ser el oficial que autorizó la actuación violenta de sus subordinados, causando dichas muertes y decenas de personas heridas, golpeadas y apresadas durante los disturbios escenificados  en los contornos de las escuelas secundarias de Moca. También reclamaba la entrega a la justicia ordinaria de los tres policías responsables de los crímenes referidos, al igual que la destitución de un capitán del Ejército, de nombre Teófilo Delgado Marte.

Esta jornada popular se caracterizó por la paralización total de las escuelas y las actividades privadas, e hizo fracasar el esfuerzo en detener el paro hecho por la gobernadora civil de la provincia Espaillat, señora Julia Caridad Báez viuda Russo, quien alegaba que éste se estaba desarrollando con terror; poniendo como ejemplo a una farmacia cercana a su residencia, cuyo propietario había intentado abrir sus puertas y no pudo hacerlo porque recibió una seria amenaza de agresión de parte de los promotores del paro.

Ese argumento, sin embargo, no tuvo asidero en la opinión pública, como tampoco fue efectivo el empeño en desacreditar el movimiento huelgario, diciendo de modo insistente que existía un supuesto predominio de los grupos de izquierda en su conducción; y mencionándose particularmente al Movimiento Popular Dominicano (MPD), a quien se le atribuía un plan de ataque contra comerciantes y empresarios de Moca, puesto en marcha con el apedreamiento a la residencia del dueño de la fábrica de tabacos “Regalías el Cuño”, el empresario de nacionalidad cubana, José Méndez.

Winston

Esa especulación no afectó en lo más mínimo la paralización plena de labores en toda la provincia Espaillat, por la clara presencia de las fuerzas vivas mocanas en la jefatura de la actividad, lo que fue demostrado el jueves 11 de junio, día en que salió a la luz pública un comunicado firmado por los concejales municipales, los dirigentes de la Cruz Roja, la Defensa Civil, los clubes 20-30 y de Rotarios,en el que se solicitaba al gobierno que asumiera el compromiso de construir el acueducto de Moca, ante la imposibilidad de que esa obra pudiera ser ejecutada por el cabildolocal, que era dirigido por el síndico Juan Pablo Badía Vásquez, recientemente reelecto en la boleta del partido de oposicióncoyuntural, que era el llamado Movimiento de Integración Democrática Antirreeleccionista (MIDA), del licenciado Francisco Augusto Lora.

Esa realidad había enmarañado de sombra el futuro municipal, puesto que el síndico Badía, al no ser ya dirigente reformista, se eximía de contar con el soporte financiero que le había acompañado en su primer período gubernativo; formándose una situación administrativa que habría de complicar el manejo diario del cabildo hasta en la elemental tarea de recoger con relativa normalidad la basura.

Otra buena evidencia de la fortaleza del paro fue la reunión de emergencia convocada por la Junta Parroquial de Moca, presidida por el doctor HugoPérez Caputo, para establecer un puente de comunicación con los representantes del gobierno y seguir presionando con firmeza la salida del capitán Lizardo Fernández del destacamento policial; al ser el único responsable de la criminal represión que cobró tres vidas inocentes y que generó de paso la rabia incontenible de la juventud que se adhiere a la ley del talión,el sábado 13 de junio, haciendo estallar una bomba de “niple” de alto poder en el cementerio municipal, donde resultaron dos jóvenes lesionados de gravedad.

Este abortado acto de terrorismo correspondió a un tipo de violencia con que se quiso contender la estructura de muerte establecida. Los heridos y autores materiales fueron los jóvenes mocanos Rumaldo Cabrera y Gustavo Antonio Rivas Capellán, quienes manipularonel referido artefacto mortal dentro del camposanto de Moca, con la intención de trasladarlo a la sección de Quijá Quieta, para ponerlo en el escenario donde el presidente Joaquín Balaguer iba a inaugurar dos días más tarde unas treinta viviendas que entregaría a los moradores del lugar.

La bomba les explotó encima, recibiendo fuertes quemaduras  en sus cuerpos, que fueron atendidas en el hospital doctor José María Cabral y Báez, de la ciudad de Santiago.

Otros jóvenes señalados en la autoría intelectual de ese hecho, fueron Lulú Comprés y Benito Perdomo; este último, hijo de un influyente empresario y colaborador del gobierno de Balaguer, llamado Manuel Vinicio Perdomo Michel, miembro de la Comisión Nacional de Desarrollo, que presidía el recordado abogado y gobernador fundador del Banco Central, don Luis Julián Pérez. Estos muchachos fueron asociados a un supuesto comando clandestino mocano, de nombre “El Trueno de Machepa”.

El atentado a Balaguer recordaba el magnicidio contra la vida del expresidente Ulises Heureaux (Lilís),  ejecutado el 26 de julio de 1899 por los jóvenes mocanos Mon Cáceres, Jacobito De Lara y Pablito Arnaud, y tuvo una amplia recepción en los medios nacionales de prensa, especialmente en El Nacional, donde se publicaron varios reportajes firmados por sus corresponsales en Moca y Santiago, los periodistas Bolívar Díaz Gómez y Rafael Molina Pérez, quienes confrontaron muchas dificultades en su labor periodística, hasta el extremo de ser apresados y sometidos a la justicia, acusados de haber violado la ley de expresión y difusión del pensamiento en sus respectivos enfoques noticiosos sobre el caso.

PERIODISTA MOLINA PEREZ DETENIDO

También fueron apresados los jóvenes Rafael AntonioJiménez, Francisco Antonio Vargas, Alejandro García, Antonio de la Maza y Leonel López Pichardo; estos dos últimos liberados tan pronto fueron interrogados.

Cabe destacar como acaecimiento notable dentro de aquel escenario de lucha social, la irrupción de una nueva figura de leyenda en la vida mocana, surgida de modo espontáneo en el barrio Puerto Rico, con el sobrenombre de “Popular”: un joven  de 23 años de edad, de color trigueño y de grandes ojos negros, cuyo nombre de pila era Pedro Muñoz, quien concentró la atención de la opinión pública al trascender sus hazañas durante aquel corto episodio, por la profusa divulgación de los reportajes y artículos escritos por los comunicadores de la prensa.

Antes de la jornada del martes 9 de junio, Pedro Muñoz era totalmente desconocido en Moca; fue gracias a su participación activa en el paro, que se convirtió de pronto en una especie de “héroe popular”; quedando atrás el chico ignorado que vivía con su madre Josefa Muñoz en el barrio Puerto Rico, ejerciendode modo irrelevante el oficio de mecánico automotriz, sin que se le conociera una obra social en sus 23 años de existencia;  tal vez,  por su timidez, por su escasa ilustración y su concentración en el hogar, subordinado a la generosidad maternal.

La vida social de Pedro Muñoz comenzó poco antes del paro del 9 de junio. Su interés en los asuntos de su comunidad y del país se manifestó por primera vez durante la campaña electoral de 1970, llegando de improviso a la vida política y enlazando su trabajo a la denuncia promovida por los grupos de izquierda contra la farsa electoral que servía de montura a la reelección del presidente Balaguer. En ese proceso se comportó como un activista vehemente de la línea abstencionista, viéndosele participar en la distribución de cientos de afiches que eran puestos en árboles, paredes y postes de luz, en todos los barrios y campos mocanos.

Coincidía en la ocasión con los jóvenes  que se sumaban a las posiciones políticas del Movimiento Popular Dominicano (MPD), acogiendo de buen grado  las simpáticas imágenes de los líderes de esa entidad, Maximiliano Gómez, Otto Morales, Amín Abel, y en especial, el legendario revolucionario Jorge Puello Soriano (El Men), con quien habría de establecer un lazo de afecto común, que serviría al proyecto de conformación de un grupo militar para combatir la represión prevaleciente.

En esa época gravitaba en Moca la línea antielectoral del PRD, estando esta organización adherida a la Tesis de la Dictadura con Respaldo Popular y contando con un líder juvenil de mucho arraigo público, vinculado a la comunidad; era Juan Winston Arnaud Guzmán, un joven de 26 años, nativo de esta tierra y perteneciente a una familia con tradición e historia. Se desempeñaba como secretario general de la Juventud Revolucionaria Dominicana (JRD) y había regresado a su pueblo a orientar la campaña abstencionista de su partido, constituyéndose de paso en el principal denunciante de la represión oficial y en el auspiciador número uno del paro del martes 9 junio, secundado por el secretario general del comité municipal de la JRD, el joven Rafael Balcácer.

(izq.) Capitán Porfirio Quezada Durán, Jefe PN de Moca. (der.) Costantino Cepeda por grapas, golpes.

El aguerrido Winston Arnaud encontró, sin embargo, el obstáculo de los organismos de seguridad del gobierno, que desataron una tenaz persecución policial en su contra, viéndose precisado a burlar dicho acoso, abandonando subrepticiamente la ciudad,contra todas las advertencias y peligros, en medio de un amplio despliegue policial de cascos negros. Ya en la clandestinidad, consiguió refugio seguro en Santiago, y en esa circunstancia, obtuvo el auxilio efectivo de su compañero Norge Botello, quien era el segundo al mando en la dirección de la organización juvenil. Éste hizo varios pronunciamientos públicos, advirtiendo que los perredeístas responderían con la fuerza y el vigor que les caracterizaba a cualquier agresión o atentado contra la vida de su líder juvenil.

Winston Arnaud se llenó de gloria en esta jornada y Pedro Muñoz se convirtió en el símbolo superior de la lucha callejera, con su participación destacada en todos los acontecimientos violentos en el barrio de Puerto Rico; hilvanando de ese modo la leyenda sobre su valentía incomparable y su prodigiosa capacidad de autodefensa; sobre todo, en torno a su excelente manejo de las armas y precisión de cazador, formado en la línea Noroeste donde habría trabajado junto a un tirador de la talla deAntonio de La Maza, en la comunidad fronteriza de Tilorí, en el municipio Restauración, cuando ésteadministraba allí la industria maderera regional.

En esta jornada del 9 de junio, Pedro Muñoz trasciende por su coraje, su firmeza y su determinación en la defensa de lo que él entendía que eran los intereses del pueblo mocano, y su nombre es asociado al  mentado comando “El Trueno de Machepa”,imputándosele desde entonces una cantidad enorme de hechos que iban desde ataques a la Policía hasta lanzamientos de bombas a cuarteles, pasando por explosiones de granadas e intentos de asesinatos.Pero los moradores del barrio Puerto Rico no creían esas versiones, ya que para ellos lo único que había hecho era defenderse de la persecución tenaz de la Policía.

Nadie podía creer que aquel dócil y sencillo muchacho que se dedicaba a la mecánica estuviese ahora en actitud beligerante, transformado de improviso en un combatiente de vanguardia. Muchas personalidades mocanas intentaron entrevistarse con él, pero rehusó en todo momento conceder entrevistas. Uno de ellos era el recién designado secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, mayor general Joaquín Abraham Méndez Lara, un auténtico mocano, que se interesó en conversar con el joven coterráneo llamado “Popular”, con la intención de lograr que se entregara a la Policía, con la garantía de que su integridad física y moral serían respetadas; pero éste se negó siempre a esa entrevista, creyendo que lo iban a matar.

Un ayudante civil del presidente Balaguer le prometió que se le daría empleo y una vivienda, pero la madre de Popular decía que la vivienda que le daría el gobierno sería “la casa del cementerio”.

“Popular” fue el símbolo de la resistencia contra la represión y su nombre se liga al del legendario y solitario guerrillero cibaeño Enrique Blanco, de quien decía ser familiar.

Finalmente se produjo el desplazamiento del capitán Lizardo Fernández; siendo éste sustituido en la comandancia policial por el mayor Juan Ortega Sosa, un oficial de carrera que tenia 26 años dentro del cuerpo policial y que al ser designado en el cargo inició un programa de acción cívica, ordenando a sus subalternos el cese de disparos y de los maltratos, porque su misión era sorprender a los infractores de la ley y llevarlos a la justicia.

La gente quería paz y trabajo y el nuevo comandante policial prometía paz, un efectivo programa de acción cívica en los barrios marginados y  una relación de respeto y colaboración con la prensa. Los jóvenes de Moca le tomaron la palabra y se hizo una larga tregua en su lucha reivindicativa, a fin de que el nuevo comandante policial pudiera demostrar en la práctica que no se iban a originar más persecuciones políticas ni muertes de los adversarios al régimen Balaguer.

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