Donald Trump, el político invencible que siempre aterriza de pie

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Con apenas cinco meses en el poder, el presidente Donald Trump se ha convertido en un político invencible, inmune a sus propios arrebatos en Twitter y que, sin importar lo grave y lo sexista de la ofensa, siempre consigue aterrizar de pie.

Expertos consultados por Efe coinciden en que Trump ha convertido el ruido, la adrenalina y el suspense en componentes claves de su Presidencia, en la que faltan propuestas de calado y sobran los exabruptos del mandatario, destinados a deleitar a su base electoral más fiel.

“Siempre aterriza de pie, políticamente es invencible”, dijo a Efe Steven Taylor, profesor de Política y Gobierno en la American University de Washington.

No parece haber consecuencias políticas para Trump, incluso si, como esta semana, toma Twitter para insultar a la famosa presentadora del canal MSNBC, Mika Brzezinski, a la que llamó “loca” y de cuyo aspecto se burló al decir que la vio “sangrar profusamente por un estiramiento facial”.

Trump atacó a Brzezinski y su compañero de plató y prometido, Joe Scarborough, después de que los presentadores se hicieran eco de un artículo crítico, publicado por The Washington Post.

“Parece incapaz de controlarse a sí mismo y nadie puede quitarle el teléfono. Pero honestamente, en este punto, ¿alguien está realmente conmocionado por lo que tuiteó o sorprendido de que atacó a una pareja de celebridades en términos personales?”, dijo a Efe el profesor de la Universidad de George Washington, Michael Cornfield.

“Esta sigue siendo una Presidencia un poco extraña, emocionante y repulsiva al mismo tiempo”, consideró.

Cornfield, sin embargo, llamó la atención sobre el hecho de que Trump no ha conseguido “casi nada importante en términos políticos”, algo “extraño” porque los primeros meses en poder de un presidente son aquellos en los que suele aglutinar un mayor número de logros en política interna.

Pendiente está, por ejemplo, la promesa de desmantelar la reforma sanitaria del expresidente Barack Obama, conocida como Obamacare.

Trump quería que el Senado votara esta semana sobre un proyecto de ley destinado a sustituir esa ley de salud, pero el liderazgo republicano tuvo que suspender el voto ante los fuertes desacuerdos que surgieron en el seno del partido, dividido entre moderados y ultracoservadores.

Steffen Schmidt, profesor de Política de la Universidad de Iowa, cree que el revés en el Senado fue “terrible” para Trump, que ahora ha aflojado la cuerda y ha dado a los legisladores más tiempo para alcanzar un acuerdo.

Esta misma semana, Trump celebró como una “victoria” la decisión que el Tribunal Supremo tomó para permitir la entrada en vigor de algunas partes de su veto migratorio, destinado a prohibir la entrada a Estados Unidos de refugiados y nacionales de seis países de mayoría musulmana.

Aunque la decisión del Supremo no es definitiva, Trump siguió fiel a su principio de “declarar victoria en cualquier caso y seguir adelante”, según consideró Schmidt.

Trump quiere ser percibido como un presidente “campeón” y, por eso mismo, comenzó a recaudar fondos para su reelección para 2020 esta misma semana, algo muy inusual pues solo lleva 5 meses en el poder.

“A no ser que los demócratas resurjan, el poder de Trump no está amenazado”, consideró Schmidt, quien pronostica que la “división” y el “caos” del Partido Demócrata les impedirá en las elecciones legislativas de 2018 recuperar la mayoría en el Congreso, en manos republicanas.

Los demócratas, que no controlan ninguna de las ramas del Estado (ni el Ejecutivo, ni el Legislativo, ni el Judicial) siguen en busca de la mejor estrategia política para hacer frente a Trump y su ala progresista echa en falta una voz contundente que movilice a la base electoral más joven.

Y esta falta de contundencia en la oposición es el mejor regalo para Trump y sus intentos de “desorientar a los estadounidenses hasta el punto de que acepten lo inaceptable, cedan a lo grotesco y acepten la arbitrariedad total como principio de Gobierno”, según afirmó esta semana Roger Cohen, columnista de The New York Times.

En el juego del “trumpismo”, entendido como arbitrariedad y confusión, Trump es el campeón.

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