Crece la preocupación por salvar los Everglades de Florida

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Crecida de los océanos, contaminación de las costas, fantasma de las sequías y tormentas más frecuentes: aumentan los esfuerzos para conservar el frágil ecosistema de los Everglades en Florida, el mayor humedal de Estados Unidos.

Con un presupuesto de 10.500 millones de dólares, el proyecto más importante de rehabilitación de un ecosistema progresó poco desde su lanzamiento en el año 2000.

“Nuestro objetivo era cumplir con la casi totalidad en 20 años”, cuenta Steve Davis, especialista de la Fundación Everglades, mientras guía a un grupo de periodistas a bordo de un hidroplano que atraviesa la marisma, islotes y manglares en medio de una fauna bulliciosa.

“Ya estamos casi en los 20 años y estrictamente ningún proyecto ha sido terminado”, se lamenta.

Los Everglades casi que no se desbordan desde hace unos 60 años. Eso se debe a la actividad humana que poco a poco a bloqueado el paso del agua dulce que caía del gigantesco lago Okeechobee hacia el sur de Florida.

La construcción de un dique para proteger de la crecida de las aguas, cuando hay huracanes, a los millones de habitantes que se instalaron en esta región con mucho sol, sumado a la desecación de la marisma para la cosecha de caña de azúcar, agravaron la situación.

– Reparar el ecosistema –

Aproximadamente un tercio de la superficie inicial (1,2 millones de hectáreas) de los Everglades fue transformada en zonas agrícolas. Se creó un parque nacional de 600.000 hectáreas.

“Hemos alterado el ecosistema en los años de 1940 y 1950 cuando no conocíamos los riesgos”, dijo Bob Johnson, hidrólogo del Servicio de Parques Nacionales (NPS). “Hoy debemos repararlos”.

Las consecuencias del desvío de las aguas de Okeechobee – muy contaminadas por la explotación agrícola – son cada vez más preocupantes en particular al este y oeste del estado.

El año pasado, algas nauseabundas cubrieron una parte de las costas por lo que se aconsejó a los nadadores no bañarse debido a la presencia de bacterias peligrosas.

En la punta sur de Florida, los flujos de agua caliente y salada destruyeron los herbarios donde se reproducen peces, amenazando al turismo y la pesca, dos sectores cruciales de la economía local .

“Simplemente no hay suficiente agua que llegue del norte para que la red permanezca húmeda en su totalidad”, explica Davis. Y afirma que la escorrentía de agua dulce proveniente del norte debería ser restablecida para preservar en los próximos años la economía, la alimentación, el agua potable y las zonas naturales y urbanas.

Sin agua dulce los pantanos se secan y el paisaje se aplana, lo que facilita la entrada de agua salada, advirtió Bob Johnson en una conferencia a comienzos de febrero.

El agua salada ya ha alcanzado algunas reservas acuíferas – de donde proviene el agua potable – de Florida y podría afectar de manera irremediable el frágil ecosistema de los Everglades.

Preservar los Everglades permitiría también “evitar las consecuencias de la subida del nivel de los océanos”, explicó Johnson.

– Reserva de decantación –

Para los científicos, la solución pasa por la recuperación de tierras agrícolas en el sur del lago con el fin de crear reservas de decantación, y así evitar que el agua se vaya hacia el sur.

“Si no encontramos la manera de conservar más agua, no podremos superar los problemas que surjan. No podremos hacer frente a largos periodos de sequía, ni a las muy abundantes lluvias”, dijo Johnson.

Tras varios años de duelos políticos sin ganadores, los parlamentarios parecen ahora motivados por hacer frente a este problema.

Ya se han presentado proyectos de ley en el Senado y en la Cámara de Representantes de Florida para autorizar la compra de 240 km2 de tierras en el sur del lago Okeechobee por más de 1.000 millones de dólares, con el objetivo de construir una reserva de 454 millones de litros de agua.

“Esta legislación es una solución a la calamidad de los derrames contaminados y nocivos y a la invasión de algas tóxicas azules y verdes, respetando a la vez los intereses de la industria agrícola y los derechos de los propietarios rurales privados”, estimó el senador republicano Joe Negron, a favor de hacer una inversión pública que podría alcanzar los 2.400 millones de dólares para comprar las superficies necesarias.

Pero más de una decena de industriales advirtieron que no venderán sus terrenos. Ponen en duda los estudios científicos en los que se apoya el proyecto y aseguran que se perderían puestos de trabajo.

La administración de las aguas de Florida, cuyos miembros fueron elegidos por el gobernador Rick Scott, escéptico con relación al cambio climático, mantiene la misma postura.

La Academia Nacional de Ciencias (NAS) informó en diciembre que se necesitará más agua y una mayor inversión, pues cuando se creó el programa en el año 2000 no se tomaron en cuenta los efectos del cambio climático.

Se prevé que el nivel de los océanos en el mundo suba al menos un metro antes de fin de siglo.

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Por Kerry SHERIDAN

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