Breve análisis al discurso de H20

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Análisis del discurso pronunciado por el expresidente Mejía el 6 de marzo de 2017, dirigido a todo el pueblo dominicano.  Claro, por la exigencia de brevedad periodística, solo me voy a referir a los que considero lo más importante de esa oratoria. Veamos:

Por Miguel Espaillat Grullón.

Pueblo dominicano: (inició Mejía diciendo): Me dirijo al país para fijar con responsabilidad y claridad meridiana, mi posición sobre la impunidad y la corrupción en la República Dominicana, dos graves males que han sido resaltados por el escándalo de ODEBRECHT.  En el contexto de asombro e indignación social creado por este caso, se dice que los Presidentes de la República, desde 1999 a la fecha, tienen responsabilidad directa en la comisión de los hechos denunciados.  Con ello se pretende dejar en la conciencia pública la idea de que, en nuestro país, todos los gobernantes aprovechan su posición para beneficio propio. Digo, con firmeza, que en mi caso, eso no es verdad.

Contradicciones de Mejía entre práctica y discurso

Mejía entiende claramente lo funesto que significa para un país la corrupción y la impunidad. En su discurso lo deja ver con diafanidad.  Pero hay una contradicción evidente entre su práctica y su prédica. Para ver esas contradicciones, primero veamos su discurso en lo relativo a sus críticas a la corrupción y la impunidad, para después cotejarlo con su práctica.

Tengo la convicción (externa Mejía en su discurso), de que la corrupción y la impunidad son dos graves males sociales que están estrechamente relacionados entre sí. No hay combate real y efectivo a la corrupción sin tener un régimen de consecuencias que frene la impunidad.  En primer lugar, la corrupción no sólo hace daño a las instituciones y a las leyes, sino que también corrompe el alma de los pueblos.  En segundo lugar, la corrupción corrompe y daña los sistemas políticos de nuestras naciones.

La impunidad (postula Mejía), estimula la corrupción; distrae fondos públicos que deberían ser invertidos en mejorar la calidad de vida de la gente; distorsiona la competitividad de la economía; y de manera particular, contribuye a perpetuar la pobreza y la exclusión social.  Debemos destacar que la corrupción y la impunidad son un pésimo ejemplo para las generaciones jóvenes.

La lucha contra la corrupción siempre ha sido parte fundamental de mis posiciones políticas. Para muchos, la causa por la que no pude alcanzar la victoria en las elecciones del 2012 fue mi posición intransigente ante ese flagelo y mi actitud de no hacer concesiones a quienes perseguían un pacto de impunidad. (Concluye Mejía).

Cotejando las anteriores declaraciones con la práctica

¿Pero cómo es posible que este hombre declare que la lucha contra la corrupción siempre ha sido parte fundamental de sus posiciones políticas?  ¿Acaso no fue él, quien protegió y premió a un coronel de la vieja guardia balaguerista sentenciado a varios años de prisión por haber sustraído junto al haitiano Mazurka 90 millones de pesos de la Lotería Nacional?  En esos afectos, lo hizo jefe de su escolta presidencial y subjefe del batallón de la sexta brigada del ejército en La Romana y lo protegió de la estafa que le hizo al Baninter de 400 millones de pesos.  Como es consabido, a este excoronel la Embajada de los EEUU le retiró la visa, pero en julio de 2016 le fue restablecida, por diligencias del mismo Mejía, quien en esa fecha se hizo acompañar de él a Miami para asistir a la Feria #24 del mango.

En este contexto, no podemos soslayar la protección de Mejía al corrupto diputado por la Vega Radhamés Ramos García, quien se hizo de millones de dólares traficando con chinos.  El, dice sentirse hijo de Mejía.  En este mismo escenario, consta lo del vicecónsul en Haití Ornis Freddy Peña Méndez, quien fue apresado in fraganti con un cargamento de 42 kilos de cocaína; pero Mejía lo protegió y salió libre de pecado.

También consta en el mundo del narcotráfico, las estrechas relaciones políticas de Mejía con el famoso Ernesto Quirino, a quien le otorgó el rango de capitán y le hizo jefe de su campaña reeleccionista en Elias Piña, pese a que sabía que era un narcotraficante de grandes ligas.  A varios otros narcotraficantes los nombró ayudantes civiles, pese a estar en conocimiento de lo que eran.

El caso de Silvio Carrasco, director del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (Indrí), es una muestra más de la actitud que contradice la prédica de Mejía contra la corrupción y la impunidad.  Este exdirector gastaba sumas millonarias en viajes personales al exterior, en la compra de una flotilla de vehículos para regalarlos a sus amigos; gastaba en alquileres en más de 20 apartamentos lujosos para los funcionarios de esa institución, en compras de supermercados para las casas de sus protegidos y en otras “indelicadezas”, pagadas con el dinero de la institución que dirigía; es decir, con fondos públicos. Cuando a Mejía se le puso en conocimiento este saqueo, contestó: “ese funcionario tiene todo mi apoyo y respeto…ese funcionario que se queda ahí…se queda ahí ese funcionario…lo digo yo… aunque haya dispendio….¿tamo claro?”.

En este capítulo tampoco podemos soslayar la confabulación y después protección de Mejía a Hernani Salazar, jefe de la OISOE de entonces, quien incurrió en tantos peculados, como el mismo Felix Bautista.

Pero donde Mejía hizo gala de asumir la impunidad, fue con Leonel Fernández al protegerlo negándose a someterlo a la justicia; “Los expresidentes no se tocan; los expresidentes son sagrados”; sostuvo.   Igual actitud adoptó con su amigo el trujillista Euclides G Felix: “A ese no lo llevo a la justicia, porque ese es mi canchanchán”.  Para más, siempre ha sido amigo y hasta socio comercial de todos los corruptos que han saqueado al país.   Esa conducta, ahora la exhibe con más desparpajo que nunca con el corrupto presidente Danilo Medina, sus ministros, sus funcionarios, sus congresistas y demás corifeos, a tal punto, que es de convencimiento general, que trabaja en la oposición como una Quinta Columna, o un Caballo de Troya.

Visto el anterior historial negativo de Mejía frente a la corrupción, de nuevo vuelvo a preguntarme y a preguntarle al lector: ¿cómo es posible que este hombre declare que la lucha contra la corrupción siempre ha sido parte fundamental de sus posiciones políticas? 

Por qué Mejía perdió las elecciones del 2012

Para muchos (nos dice Mejía), la causa por la que no pude alcanzar la victoria en las elecciones del 2012 fue mi posición intransigente ante ese flagelo y mi actitud de no hacer concesiones a quienes perseguían un pacto de impunidad.

Señor Mejía…la verdadera causa por la que usted perdió las elecciones del 2012 (teniendo 30 puntos arriba en las encuestas), no fue porque no quiso entrar en negociaciones con los corruptos, sino por sus tantísimas declaraciones improcedentes, principalmente aquella con la que tachada de ladronas a las sirvientas y la amenaza a los molineros de no pagarles: “Cobren ahora, porque yo no voy a pagar esas deudas”, le dijo a ellos en su propia cara.  Señor Mejía, quien tiene 30 puntos arriba en unas elecciones no tiene nada que negociar con el oponente, a menos que no sea un gran tonto, o que hayan hechos vergonzosos ocultos, que sirvan como material para un chantaje.

Caso Baninter

A diferencia de la protección a la corrupción que han hecho otros presidentes (sigue exponiendo Mejía), me siento con la conciencia tranquila, y orgulloso de que en mi gobierno se enfrentó con responsabilidad y apego a la Ley uno de los casos de corrupción más graves de nuestra historia reciente.  Me refiero al caso BANINTER y otras instituciones bancarias.  En efecto, en el año 2003, cuando se reveló que en este banco se había violado la Ley en perjuicio de miles de ahorrantes, tuve la determinación de enfrentar la crisis que esto generó, y someter a la justicia a los responsables del fraude.  En este caso, a todos los ahorrantes se les pagó su dinero sin macuteo ni extorsión.

Para evitar la repetición de un fraude con esas características y que las arcas públicas tuvieran que cargar con las consecuencias (continua Mejía), fue aprobado, por iniciativa nuestra, un nuevo marco regulatorio que incluía, entre otras cosas, transferir la responsabilidad civil a los accionistas de los bancos.  Actué de esa manera, por mi convicción de que la lucha contra la corrupción exige de un régimen de consecuencias, sin impunidad, y con un justo castigo de los culpables.  De igual manera procedí en otros casos de corrupción que involucraron a funcionarios de mi gobierno.  (Fin de la cita)

Señor Mejía: En primer lugar, ¿qué régimen de consecuencias sin impunidad dispuso su justicia para el coronel que con una tarjeta de Baninter dilapidó 400 millones de pesos a ese Banco?  ¿Se le olvida que él (un corrupto de siete suelas), fue y sigue siendo su protegido? ¿Es esa su manera de ejercer firmeza contra la corrupción?

En segundo lugar, la solución que usted le dio a esa crisis en ningún momento la enfrentó con responsabilidad y apego a la Ley como usted asegura.   Para hacer lo correcto en esa debacle, no había necesidad de aprobar un nuevo marco de ley regulatorio que transfiriera la responsabilidad civil a los accionistas de los bancos; simple y llanamente, para evitar que el pueblo llano fuera afectado con esa carga, solo bastaba, que se aplicara la ley monetaria y financiera vigente en ese momento, que establecía, solo retribuir a los accionistas con medio millón de pesos y con el prorrateo del dinero que resultara de la ventas (de la liquidación), de todos los activos del banco.

Su decisión de entregar 55 mil millones de pesos de un cantazo a millonarios ahorristas (muchos de ellos, con dinero mal habido), generó una crisis en la economía del pueblo pobre a quien usted le cargó ese problema.  Los resultados de esa decisión son bien sabidos.   El dólar se disparó al 60×1, la inflación se disparó, principalmente, el precio de los alimentos y las medicinas se elevaron por las nubes, nuestro Banco de Reservas fue descapitalizado y endeudado, la gente pobre sufrió mucho y aún sufre los efectos de esa infeliz decisión; lo demás, es historia.

En cuanto al sometimiento a la justicia que usted refiere de los responsables del fraude, y por lo cual usted se siente tan orgulloso; permítame decirle, esto era lo menos que usted podía hacer, para cubrir las apariencias y porque en este caso, no le quedaba de otra.   Con su muy benigna justicia usted logró que Ramón Báez Figueroa cumpliera diez años de reclusión en una suite de lujo. Ya ese hombre salió de la “prisión”, y sigue tan millonario y feliz como antes.  En contraste, en EEUU Bernard Madoff (otro estafador bancario), el 29 de junio de 2009, fue condenado a 150 años de cárcel real y despojado de todos sus bienes.

Para que esa justicia fuera completa, sin impunidad, hasta usted mismo señor Mejía debió de meterse preso, porque usted fue parte culpable de esa quiebra.  ¿O es que en esa debacle no cuenta la famosa tarjeta con la que usted y su alter ego suyo (el coronel que la justicia no ha podido, ni querido alcanzar), dilapidaron 400 millones de pesos de ese banco?  También debieron caer presos todos los que descuidaron sus responsabilidades de velar por el cumplimiento de las leyes bancarias, que de cumplirse hubiesen evitado semejante quiebra.

En cuanto a su declaración, de que a todos los ahorrantes se les pagó su dinero sin macuteo ni extorsión, no debió de hacerla.  En un país como la República Dominicana donde usted ha expresado que el 99% de los políticos son corruptos, nadie le va creer que donde hubo una transacción de 55 mil millones pesos, no haya extorsión y macuteo. Además, está claro, que el primer extorsionado y macuteado fue el pueblo dominicano.

Profundice, lector, que con este manejo de la quiebra de Baninter favoreciendo a los más ricos en desmedro de las masas pobres, Mejía buscaba (y se le dio) un balance de compensación social que plantea lo siguiente: “Si Ramón Báez es mi enemigo, sin embargo, no así sus amigos y la clase rica, porque los he favorecido.  De esta manera lo tengo en contra a él, pero no a los de su entorno social que son los que me interesan.  El pueblo (reflexiona Mejía), a mi no me importa; solo me importa congraciarme con gente y clases de poder. Al pueblo con cualquier discurso y boronas que le deje caer, yo los embobo.  A ese pueblo con decirle, yo tuve “los cojones” para meter a un rico preso, basta. Ellos se lo creen”. (Como hasta ahora, muchos tontos se lo han creído, ME)

Frente a esta situación, sus explicaciones sobre el caso Baninter tienden a disfrazar una injusticia mayor contra nuestro pueblo, sus palabras en conjunto sobre este caso, constituyen un sofisma (un engaño) que nada tiene que ver con la verdad, ni con la postura de un hombre que busca reivindicarse ante un pueblo, para el cual pretende ser su presidente de nuevo, ya en el ocaso de su vida, agravado con un desfase descomunal de la realidad.

Otros casos de corrupción e impunidad

Por otra parte, en su discurso el señor Mejía externa:” Recuerdo con nostalgia, como muchos de ustedes, las famosas tres “C”, es decir el Consejo Estatal del Azúcar (CEA), la Corporación Dominicana de Electricidad (CDE), y la Corporación Dominicana de Empresas Estatales (CORDE)”.  Señor presidente, hay muchas informaciones de que decenas de su gente fue beneficiada en grande y graciosamente con las tierras del CEA; aclare estas entregas, para que su nostalgia, y su declarada guerra contra la corrupción y la impunidad tengan validez.

Pero también, cabe en este espacio, traer a colación el intento de reelección que Mejía se pagó con dinero del erario (con dinero del pueblo) lo cual fue, es, y será, corrupción acompañada de impunidad, puesto que por ese hecho, su protagonista (el señor Mejía), no fue destituido de la presidencia, ni llamado a la justicia para que dé cuenta por la comisión de ese grave crimen contra el pueblo que lo eligió para bien administrar. ¿Estamos?

Mejía un hombre en constante contradicciones

Ya es costumbre en el expresidente Mejía un quehacer político a base de contradicciones.  Entre los años 2001-2003, Mejía negó casi por trescientas veces que no se reelegiría, para después de buenas a primeras, entregarse con pasión desenfrenada a esa reelección que había negado enérgicamente.  En la campaña proselitista 2008-2012, en la cual, él era el candidato, expresó que eliminaría la tarjeta solidaridad, para al otro día retractarse diciendo: “Esa tarjeta no la voy a eliminar, mejor la voy aumentar y llamarle “La Morena”, en honor al Dr. José Francisco Peña Gómez.

En el periodo 2010- 2012, Mejía pactó con Luis Abinader, no disputarle la candidatura.  Le prometió que lo apoyaría.  Luego rompió ese pacto y pasó a buscar la nominación por el PRM. En Miami aseguró que no sería candidato, horas después llegó a Santo Domingo y declaró que sería candidato. Una tarde se expresó contra del sentir del pueblo respecto a Loma Miranda: “Hay que explotar esa Loma”, para al siguiente día retractarse.  Meses después, hablaba despectivamente de los homosexuales y el aborto: “Bueno, cuando se trata de pájaros y aborto, yo soy conservador”; para días después expresar: “Respecto a los homosexuales y al aborto yo estoy con la postura de los países avanzados”.  Si Danilo es el candidato me voy a sembrar yuca para Gurabo; Danilo fue el candidato y no se fue para Gurabo a sembrar yuca.   Mejía firmó un documento comprometiéndose abstenerse a promover candidaturas para entregarse a la estructuración y consolidación del partido; no pasó una semana cuando rompió ese acuerdo y su propio llamado y se lanzó a ir por la ñoña del 2020.

Respecto al “Movimiento Verde y las marchas verdes” contra la corrupción y la impunidad que ha despertado a todo el país, “el líder Mejía”, después de desaprobar este movimiento y estas marchas, argumentado que no iba a tirar piedras y que a un expresidente no se le veía bien ir a marchas, ahora resulta, que en su discurso si las apoya: “Pueblo dominicano:   Quiero decir, con claridad, que doy todo mi apoyo a la movilización constante y pacífica de la ciudadanía, como ocurre en todo el país.  Es así como construiremos una mejor República Dominicana. (¡Dominicanos, ayúdenme a desenredar esta tripa, que no la entiendo! ME)

El reto de Mejía

Reto a cualquier persona (emplaza Mejía en su discurso) que si puede demostrar de manera cierta y veraz, que en el ejercicio de mis funciones públicas o en mis actividades privadas, tanto mi esposa, mi hermana y mis hijos, como yo, cometimos algún acto de corrupción, estaría en disposición de retirarme de la vida política y entregar mi patrimonio al Estado (y someterme a la justicia, para que no siga la impunidad, agrego yo, ME).

Sobre este punto del discurso, a Mejía le expongo y sugiero lo siguiente: Ya sabemos, por la experiencia que tenemos los dominicanos con el caso de Felix Bautista y otros, que en la justicia dominicana es imposible probarle a una persona con poder sus actos de corrupción; además, nadie se va a poner a eso de reunir pruebas, ello sería como que nos pongan a contar los pelos que tiene un oso o un león enfurecido.  Para que de una vez y por todas usted resuelva esta situación de dudas sobre el origen de su patrimonio (mansiones, villas, fincas, negocio millonario, millones en banco etc.) yo le sugiero, que en vez de usted retar a alguien a que le demuestre el origen de la misma, invierta esta fórmula, para que sea usted quien demuestre el origen de su patrimonio.  En consecuencia, de a conocer públicamente (explique, dé detalles), el origen de cada uno de sus bienes.  Así de sencillo; con lo que de paso daría cumplimiento a la Constitución de la República en su artículo 146 numeral 3, que establece la proscripción de la corrupción, y que obliga a invertir el “fardo de la prueba” para que sean las personas las que tengan que demostrar el origen de sus riquezas.

Declaro, y entiéndase que no estoy dudando de la honradez de Mejía, sino que le estoy brindando la fórmula más idónea para que de una vez y para siempre le mate el gallo en la funda a los que cuestionan el origen de su riqueza.  Que demuestre, que la misma  es cónsona con su declaración jurada de bienes ascendente a 19 millones de pesos, hecha en fecha 12 de septiembre de 2000, publicada en el periódico Hoy, pagina 18 B. Notario actuante, Héctor Dotel Matos.

Mejía y los de su ciclo generacional tienen un gran problema frente al “Movimiento Verde”

En este tiempo las nuevas generaciones “jartas” de la corrupción y la impunidad y consiguientemente de los corruptos, han despertado, para nunca jamás volver al letargo y a la indiferencia; y lo hacen, atrincherados en un “Movimiento Verde” que copa todo el territorio nacional.

Esta “Generación Verde” por boca de una sus mujeres jóvenes y capacitadas (la puertoplateña María Virginia Dorrego), después de haber jurado junto a una multitud no volver a callar ni a consentir el estado de corrupción, impunidad e injusticia que ha agrietado las bases del Estado y la nación dominicana, ha declarado lo siguiente.

“Estamos Armados de dignidad para enfrentar sin desmayo el ejercicio abusivo y concentrado del poder político que coarta y degrada el sistema democrático nacional.  Organizar “Núcleos Verdes” provinciales de vigilancia, movilización y presión ciudadana para requerirles a los actores políticos, la concertación de un “pacto social”, que establezca las bases de una reforma política del Estado, el fortalecimiento de los mecanismos de control y rendición de cuentas del Estado; la instalación de un ordenamiento jurídico institucional mas autónomo, funcional y eficiente en contra de los actos de corrupción administrativa, la definición de reformas política necesarias, para transitar de una democracia representativa a una democracia participativa.  Desmontar la complicidad corrupta y corruptora entre gobierno, partidos políticos y empresarios de la República Dominicana. (Fin de la cita).

Por otro lado,  el periodista Danilo Cruz Pichardo, escribe : “Mejía, quien fue presidente de la República durante el período 2000-2004 y su partido de entonces, el PRD, tenía control de todos los resortes del Estado, tal como lo tiene el PLD ahora, pero desaprovechó la oportunidad de hacer cambios y transformaciones económicas, sociales y políticas.  Hizo un gobierno constituido por agrónomos, compadres, galleros y militares trepadores. Para colmo se pasó los cuatro años relajando y, finalmente, tuvo la osadía de reformar la Constitución para optar por reelegirse”. (Para más, agrego yo, ME) Mejía ha llevado a los suyos a tres derrotas consecutivas, y ahora se constituye otra vez, en el “gran escollo”, que puede impedir que el PRM junto a la oposición llegue al poder en el 2020.

Conclusión

Lo narrado pone en duda la firmeza y la veracidad de Mejía en el combate contra la corrupción y la impunidad; no obstante, puedo aceptar que es verdad que en su administración no hubo tratos oscuros (sobornos y sobrevaluaciones), en el caso especifico de Odebrecht, pero esto no borra (no exime) lo demás.

Todos estos cuestionamientos objetando a Mejía, son producto de que él pueblo ya no le cree (no confía en él). Es así porque él, como los demás políticos del patio (Leonel, Danilo, Euclides G Felix, Francisco Javier García, Reynaldo Pared Pérez, y otros) con tanto mentir descaradamente se ha encargado de llevarnos a ese terreno de la incredulidad y la duda; además, él no es lo que nuestro pueblo ha querido y necesitado. El es otro enfermo del poder. El es otro Horacio Vásquez, otro Balaguer, otro Leonel, otro Danilo, y, por lo que vemos, no ha sido un Trujillo porque el tiempo y las circunstancias se lo han impedido.

Mejía nunca ha sido, muchos menos ahora, el personaje que demanda la sociedad dominicana para resolver sus grandísimos problemas sociales.  El como tantas veces hemos afirmando, no es un revolucionario, sino un comerciante de la política, un empresario neoliberal, ese modelo político que hace cada vez más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Visto así, su negativo historial político lo descalifican para liderar un “Proyecto de Nación”, en que la gente sea lo primero y la lucha contra la corrupción y la impunidad sean un norte innegociable.

El, ni los demás actores políticos de su ciclo generacional (salvo raras excepciones), nunca han estado ni están, ni estarán a la altura del “Movimiento Verde”. En consecuencia, a Mejía que comprenda esta verdad de perogrullo, que por esta vez sea juicioso, que deje paso a las nuevas generaciones políticas, a la gente joven con nuevas ideas y nuevas formas de ver la vida y resolver los problemas sociales.  De lo contrario, será aplastado de manera humillante, pero con la agravante para el PRM y la oposición en general, que si él insiste en el laborantismo político que exhibe, de nuevo no conquistaremos el poder en el 2020. Y entonces, nuestra gente seguirá en la oposición malpasando y nuestro pueblo en general, sufriendo las funestas consecuencias que significan que el PLD se mantenga en el poder.

A Mejía y a sus leales seguidores, les toca la réplica.

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