Autos clásicos en Cuba. La historia escondida bajo el capó

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Tusistas posan frente a un auto en La Habana.

¿Cómo logran mantenerse rodando todos esos autos de las décadas del cuarenta y cincuenta? ¿Dónde consiguen los repuestos? ¿Existen vehículos nuevos en el país, y desde cuándo? Estas son solo algunas de las preguntas que nos planteamos antes de nuestro reciente viaje. Diez días recorriendo desde el centro al occidente de la isla en busca de los secretos de los autos en Cuba, nos permitieron hallar fascinantes historias.

La fascinación de los cubanos con los autos es antigua. El primero en “La perla de las Antillas” como se le conoce, llego en 1898. Tres años después eran 11 en circulación, cifra que aumentó a casi 190,000 autos en 1959, año en que comenzó la “paralización” de la escena automovilística cubana. El rompimiento de las relaciones con Estados Unidos y el subsiguiente embargo, mantuvieron los autos norteamericanos y sus piezas de repuesto fuera de Cuba, desenlazando una historia de inventiva y perspicacia, única en el mundo, y creando uno de los más interesantes museos vivos del automóvil.

La Unión Soviética se convirtió en el principal aliado y sustentador de Cuba desde el principio. La invasión “bola”, como le llamaban a los rusos en el país, no se hiso esperar, plagando las carreteras con autos y camiones de escaso confort, alto consumo, sencillez mecánica y consabida resistencia al maltrato. Los cubanos aprendieron a soportar el mal olor de las axilas rusas, y a pronunciar extraños nombres como Zil, Moskovich, Zhyguli  Volga y Lada.

Jael Martinez en su taller en Cienfuegos.

La apertura obligada al turismo en la década de los ochenta, requirió de autos para rentar, y los primeros Nissan Sentra y escasos Cheverolet Lumina (importados desde Argentina) comenzaron a ser vistos. Luego Kia, Mitsubishi, Suzuki, y  Hyundai entre otros, tuvieron presencia.  En la actualidad, las flotas para renta posen Audi, Mercedes, algunos VW, Peugeots y Renault y una variedad grande de autos chinos, como el Geely que nosotros rentamos.

Sin embargo, son los autos norteamericanos de antes de 1959 los que más atracción causan a los visitantes, que pagan más de 25 dólares la hora, por un paseo en uno de ellos. La mayoría de estos visitantes ni imagina que, con el paso de los años, a estas reliquias rodantes solo les queda, “el casco y la mala idea”, pues según nuestra conversación con muchos dueños y los mecánicos que los reparan, solo entre 3 a 5 por ciento de estos autos conserva sus motores, y transmisiones originales.

El ingenio y la inventiva de tantos mecánicos y choferes cubanos, es lo único que permite a estos autos seguir rodando. En nuestro viaje, encontramos a verdaderos talentos como Jael Martinez, un mecánico en Cienfuegos reconocido, no por cambiar piezas, si no por dedicar su talento al arte de integrar partes ajenas a estos hermosos autos. No es extraño encontrar en Cuba a un viejo Oldsmobile, Chevrolet o Pontiac, con motores diésel de Komatsu o Toyota, muchas veces pertenecientes a monta cargas o tractores.

La renaciente pequeña empresa privada, ahora también inyecta esperanzas a estos autos de pasarela. En una ciudad pequeña y de escasa prosperidad como Placetas, en el mismo centro del país, Pablo Manso Brito es toda una celebridad, que, por tener un buen problema, no alcanza a satisfacer la creciente demanda de sus clientes. Pablo y un pequeño grupo de sus empleados, es capaza de fabricar de forma muy artesanal, casi todas las piezas de la carrocería o chapería de los Chevrolet del 1955,56 y 57.

Pablo Manso hace piezas para Cheverolets.

La posibilidad de mayor intercambio entre los dos países, y el resurgir de la inventiva privada, están insuflando nuevos bríos a muchos de los autos clásicos de Cuba. Ahora se pone de moda reinstalarles los motores originales de 8 cilindros, para devolverles en lo posible, más de su autenticidad.

Cuba es un país singular. Muchas de las cosas que allí suceden son irreproducibles en otras partes del mundo, pero como dicen los propios cubanos, “la necesidad, hace parir milagros”. La dedicación y talento de tantos y tantos en el país, para mantener esos autos en la carretera y mejorarlos día a día, es una faceta poco conocida.

Que a todos ellos lleguen nuestros mejores augurios. A tantas horas de frustración, inventiva, reveses, llantos y alegrías dedico este artículo. A gente como Jael, Pablo, y muchos otros debemos una reverencia, por permitirnos disfrutar este espectáculo único en el mundo…los autos clásicos de Cuba.

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