Raquel demorizi /
Hacer el amor no es tener relación sexual ni sexo es mucho más. A la hora de esta plática íntima con tu pareja no te guíes de vieja receta. Aparta rutina, tabúes, mitos, encienda la chispa, disfruta a plenitud. No se preocupen si el orgasmo llegó rápido o no, continua con juegos apasionados y lentos. Suelta el estrés, no derroches tu momento. Recurre a cuanto enciende los sentidos: música, velas, aromas. Libres de preocupación conecten mente y corazón. Explora su cuerpo, siéntelo y déjate sentir. Bésense, acaríciense y acoplen libremente su ritmo. Que nada perturbe la satisfacción mutua.
Despierta el erotismo, trasmite emociones. Es tu momento desde principio a fin. Revive el romanticismo. Escucha tu cuerpo, complácelo. Las partes sexuales no las puso Dios de adorno sino para disfrutarlas pues son generadoras de placer. Puedes tocar el cielo con tus manos y aunque en la cama no hay límites si nos ponemos de acuerdo con lo que practicamos será mejor. La sexualidad nace con nosotros y persiste hasta la muerte. Finalmente hacer el amor es concentrarse primero en las sensaciones, caricias etc., no en los genitales, luego que todo siga su agitado curso hasta como dice la canción, apagues tú sed.
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